A más de un hijo del Nacional Socialismo le habrá sentado como una bota militar en la boca la ocurrencia que tuvo la plataforma antifascista alemana EXIT Deutchland. La cuestión era lograr que se dejase de molestar a los vecinos de la ciudad bávara de Wunsiedel, que por la triste suerte de ser el lugar donde fue a morir el general Rudolph Hess tras 41 años de prisión en la cárcel de Spandau, hace 25 años que se ven obligados a recibir anualmente a centenares de ultras que invaden el pueblo en conmemoración de su muerte.
Sin embargo la semana pasada fue distinto. Cuando se sucedió la marcha como cada 15 de noviembre, los cabezas rapadas no sabían que este año, gracias a una astuta idea de sus huéspedes, estaban marchando contra ellos mismos, según informa la revista Heeb.
La historia se repetía y como en cada conmemoración cientos de integrantes del ejército de la nostalgia aria desembarcaban en este pequeño pueblo germano. Desde el principio notaron algo raro. En vez de el silencio sepulcral y las calles vacías en las que normalmente se traducía la localidad cuando ellos llegaban, lo que encontraron fueron coloridos carteles que, de uno u otro modo, agradecían su visita.
Ellos marcharon, que era a lo que venían. Enarbolaron sus banderas, cantaron sus cánticos y siguieron la ruta marcada con la que, evidentemente, el fantasma de Hess quedaría gratamente honrado. Según informa The Guardian lo cierto es que la marcha fue tranquila, pero los marchantes no entendían muy bien que en ciertos puntos del camino hubiera marcas en la carretera que indicasen cifras como los 5.000 euros. Tampoco que a mitad del trayecto se encontrasen con un avituallamiento gratuito compuesto de una mesa de plátanos con la etiqueta Mein Mampf (mi comilona), que en sajón suena algo parecido al Mein Kampf que escribió el autor Adolf Hitler.
Astutamente, algunos de los homínidos de pelo al ras empezaron a balbucear que posiblemente estuvieran siendo víctimas de una trampa. En el clavo. Para cuando llegaron a su fin, los centenares de neonazis habían logrado recaudar más de 10.000 euros que serían destinados a la lucha contra el nazismo. 250 residentes y negocios locales, antes de la tormenta del 15 de noviembre, habían decidido patrocinar en secreto la marcha a la que denominaron «la mayor caminata involuntaria de Alemania».
Por cada metro caminado, 10 euros estaban siendo destinados a EXIT Deutschland, esta organización que ayuda a personas a escapar de grupos extremistas. Solo que ellos llegasen al final garantizaba la entrega de todo el arca.
Tras la muerte del general nazi Rudolph Hess, su cadáver fue incinerado y sus cenizas esparcidas en alta mar para evitar que su tumba se convirtiera en un lugar de peregrinación. Al parecer no funcionó la idea. Lo que no sabían los actuales ortodoxos del mito es que, gracias a la imaginación de los habitantes de Wunsiedel, su tormentosa caminata de botas militares iba a quedar sometida al ridículo. «Si el Führer se enterase de esto…», decía una de la pancartas con las que se cruzaron los cabezas rapadas.
Uno de los organizadores de esta marcha patrocinada localmente contaba a la agencia de noticias alemana DPA que la intención era «mostrar que se puede hacer más, que hay más modos de luchar contra esto que bloquear la calle o cerrar las persianas». En el vídeo en el que EXIT Deutchland explica su experiencia, agradece a los neonazis haber hecho la caminata. Ya se lo dijeron en un gran cartel colgado en la meta de su carrera: valoran de todo corazón que hubieran venido, un año más, hasta Wunsiedel, «un pequeño pueblo con una gran idea».
* (Visto en heebmagazine)
¿Cómo hacer que muchos nazis marchen contra el nazismo?
