Ole Kassow perdió a su abuelo hace más de treinta años. Reconoce que aquel adiós no solo le supuso un dolor sentimental, sino la desaparición de la única fuente directa que le quedaba con las cosas que ocurrían a principios del siglo pasado. «Siempre he estado fascinado con la narración y la historia, me intriga lo que cuentan las personas mayores», explica a Yorokobu.
Tratando de paliar la laguna, un día este danés se puso a ojear fotos de Copenhague en los años 30. «Las bicis eran el transporte mayoritario en la ciudad» y en la imágenes en blanco y negro, se veían cientos de personas sobre ruedas. Su abuelo podría ser uno de ellos. Igual que lo fue Thorkild Thim, un anciano de 97 años y realidad sentada al que Kassow visitaba en un asilo tan solo por el gusto de escucharle. Thim contaba a Kassow cómo eran las cosas en aquella época. Las calles, los pasos, el ring de los timbres, la ciudad sonando a pedales…
«Cosas que había antes de que los coches atemorizasen a los demás que circulaban por las vías». Un día, el más joven de los dos hombres pensó: «¿Y si pudiera hacerle disfrutar de nuevo esa experiencia y devolver la movilidad a este viejo hombre en el banquillo?»
A los pocos días Kassow se presentó en la puerta del geriátrico con una bicicleta modificada con una carro de pasajeros delantero. «Soy un vecino y vengo a ofrecer un paseo en bici a los residentes», dijo. «Creí que iban a patearme, pero resulta que a los señores mayores les gustaba la idea. Y los que eran algo más escépticos, acababan convenciéndose cuando veían a otros regresar de sus paseos».
De pronto, se encontró dando paseos en velocípedo a jubilados como Thorkild que querían sentir «de nuevo el viento en el pelo». De pronto, una donante dio otros cinco vehículos iguales y 15 voluntarios más estaban dando vueltas en bici y conversación a aquellos señores del asilo. De pronto, estaban organizando una marcha de 300 kilómetros desde Copenhague hasta Hamburgo acompañados de cientos de amigos y familiares entusiasmados con el concepto.
Un año y medio después de iniciar aquella experiencia, la plataforma a la que dio vida y llamó Cycling Without Age se compone de «más de 500 voluntarios en 30 ciudades de Dinamarca, 150 en Noruega y solicitudes para saber cómo montar la iniciativa en 40 países».
«Gente que no había hablado durante años, de pronto, está hablando gracias a esos paseos, gente con demencia… También hay personas ciegas que les gusta la sensación de ir ahí subidos…», se ilusiona con la experiencia.
Dice que eligió las bicicletas para crear estas relaciones «porque son mucho más que un medio de transporte». «Son una herramienta para las conversaciones, unen a la gente y son compañeras de vida». Él opina que «una conversación fluye mucho mejor si no estás sentado cara a cara. Ambos, enfrentados a una dirección en común».
«El problema de hoy en día es que hemos olvidado a los ancianos. Es como si su valor y contribución a la sociedad estén completamente olvidadas. En épocas anteriores eran vistos como oráculos y expertos, porque están llenos de consejos y sabiduría, pero ya pocos les hacen caso».
La idea de su plataforma es crear una alternativa a las carreras «que se suelen hacer para recaudar dinero para la caridad». «Aquí los beneficiados se benefician de asistir al evento, no de lo ingresado». Para ampliar la oferta de bondades, Kassow también está creando la iniciativa Food Without Age, en la que un anciano se encarga de traer una receta antigua escrita a mano y junto a una persona más joven hablan sobre ella, la preparan y «disfrutan de una charla y una comida juntos».
«La clave es esa», dice, «invitar a las personas mayores a la sociedad. Hacer que sientan que son necesarios y útiles». Por el momento su plataforma sociociclista ya tiene planeados para 2015 unos cuantos viajes internacionales y paseos domésticos por cinco ciudades extranjeras.
De vez en cuando Kassow aún pasa a visitar al viejo Thorkild, que acaba de cumplir 97. «El sábado les di una vuelta a él y a otro caballero del asilo hasta un mercado local navideño. Hacía cero grados, pero Thorkild se negó a ponerse el gorro y los guantes. Quería sentir el viento».
* (Aquí puedes buscar información sobre cómo iniciar esta campaña solidaria en tu ciudad)
Ciclistas que sacan a los ancianos del asilo
