Me acaban de diagnosticar de Economicitis bacteriana severa. La sintomatología es inequívoca: en contra de mi voluntad, utilizo un vocabulario que me es extraño. En contra de mi voluntad, hablo constantemente con fingido conocimiento y autoridad sobre prima de riesgo, déficit, rescate bancario, FMI, agencias de calificación, recesión, coste de la deuda, pacto fiscal y financiamiento del crédito.

Me he informado al respecto y esta afección tiene origen bacteriano atribuible a distintas causas. Para que un germen produzca una economicitis, primero debe colonizar el conocimiento involuntario y posteriormente producir una respuesta inflamatoria en la mucosa conversadora. Constato que afecta a personas de todas las edades, aunque sobre todo a trabajadores en edad fértil de ambos sexos, produciendo ardor informativo y fingido interés al oír noticias económicas. También puede ser transmitida por contacto con la prensa o por relaciones promiscuas con otros medios de comunicación.

No es la primera ocasión que sufro de este tipo de dolencias. Padecí hace algunos años otra economicitis más leve que me aseguraron que no era más que un virus y, en consecuencia, menos invasiva. La diferencia entre ambas se reconoce en que la infección vírica, como tal, es de menor alcance y remite sin tratamiento. Este virus infecta a los organismos con hipoteca, principalmente en su primeras relaciones financiero-bancarias, más aún si estas se realizan sin protección.

Se manifiesta al introducir en las conversaciones, con similar autoridad y el mismo desconocimiento, expresiones como: TAE, tipo de interés, aval personal, tipo fijo o variable y Euribor. En este último caso es el propio organismo quien, constatando la expresión de aburrimiento de los no contagiados, acaba activando las correspondientes defensas que lo llevará a ser autoinmune.

Es de todos conocida la aparición de dos formas de anticuerpos recurrentes con los que finaliza el debate todo vertebrado con hipoteca. Primero: “yo me fio de mi banco y me han dicho que es lo que más me conviene”. Segunda: “he comparado y es la que más me interesa”. Ambas expresiones liberadoras dan por finiquitada la infección, permitiendo entrar en formas de conversación más naturales como deportes, cine, teatro, la crisis de valores, una nueva app o el último post de Yorokobu, todo ello de forma natural.

En cuanto a la economicitis severa bacteriana, es claramente distinta y no queda más remedio que recurrir a tratamientos antibióticos. El propio organismo se revuelca patológicamente en recursivas referencias económicas, siendo necesario que otro vertebrado actúe con determinación. Desgraciadamente la cepa de la economicitis se está volviendo resistente a los clásicos más usados. Ya no es suficiente con preguntar; “dóndevasdepuente”, “quésabesdeLuis” o “cómocambiaeltiempo”.

En los primeros brotes bacterianos era suficiente inocular alguno de ellos para arrastrar a una nueva conversación al enfermo que abandonaba la infectada charla económica. Últimamente, ya es necesario usar fármacos de mucha mayor potencia si queremos liberar al paciente de su penosa dolencia: “voyacambiarmeamac”, “sigueshahuffingtonpost”, e incluso “nomegustamicuerpo”. Todos ellos, en altas dosis y frecuencia. Para tener éxito, en el citado tratamiento, este debe ir irremisiblemente acompañado de abstinencia de titulares periodísticos, iniciando la lectura de la prensa por la página 12. Jamás antes. Esperemos que las investigaciones en curso den con remedios más efectivos. Salud y sol.

Francesc Beltri Gebrat es socio de Mediterráneo Consultores

Otras enfermedades perfectamente curables: Quejólicos AnónimosLiderexia. Este artículo fue publicado en el número de julio de Yorokobu.

Foto: National Archives Wikimedia Commons

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