Las olimpiadas de la memoria

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“1, 7, 6, 2, 9, 3“, y así sucesivamente hasta llegar a 400 números. Una voz grave lee estos dígitos en orden aleatorio mientras los participantes en la sala escuchan concentrados. Una vez terminado el tiempo, tienen 20 minutos para escribirlos en un papel en el orden exacto que ha sido dictado, sin ningún tipo de ayuda externa. Los concursantes recurren a distintos procedimientos para aumentar su concentración. Algunos usan gafas oscuras que reducen a la mínima expresión cualquier tipo distracción en su horizonte visual. Los protectores de oídos también proliferan en la sala para bloquear el sonido ambiental. Son herramientas utilizadas para facilitar el reto mental titánico que supone almacena r semejante cantidad de información en sus cabezas.
Cada año esta escena se reproduce en algún lugar del mundo. En diciembre de 2012, la élite de la memorización se reunió en un gimnasio de un colegio en el barrio de Kennington (Londres) para celebrar la World Memory Championship. Fundado en 1991, el evento pone a prueba la capacidad cognitiva de sus concursantes y ha ido incorporando nuevas disciplinas con el paso del tiempo. Pruebas como memorizar el orden exacto de varias cartas de la baraja o recordar el orden de páginas y páginas de códigos binarios. Retos creados por los fundadores de la disciplina, Tony Buzan y Raymond Keene. El primero es un escritor y presentador de TV que popularizó los mapas mentales en los 90; el segundo es maestro de ajedrez, conocido por haber organizado partidas épicas entre Garry Kasparov y Anatoli Karpov en los años 80.
Hoy más que nunca, la facilidad con la que delegamos nuestras decisiones elementales a la tecnología hace más importante que en algún otro momento ejercitar la memoria, en opinión de Buzan. ”Es un arte perdido. Actualmente dependemos de nuestros móviles, iPads y ordenadores para memorizar por nosotros; como consecuencia, no estamos ejercitando nuestro músculo mental más importante: el cerebro”.
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En este reducido pero entusiasta mundo acotado que reunió a participantes de más de 16 países, el fotógrafo David Vintiner encontró el lugar perfecto para dejarse llevar por estos personajes intensos y “orgullosos geeks” de la memorización.
“Llevo tiempo interesado en las formas estrafalarias que la gente tiene de pasar su tiempo libre”, añade el británico. Su trabajo lo ha llevado a retratar aficionados del modelismo ferroviario o hacer retratos de gente que participa en carreras de barro como hobby en el pasado.
Entre foto y foto, Vintiner contaba con muy poco tiempo para trabajar. “Era todo muy rápido e intenso. Estaba terminantemente prohibido hacer ruido y moverse durante las sesiones de memorización así que tenía que aprovechar los puntos muertos”, añade.
Según el fotógrafo, detrás de cada ganador hay años de trabajo mental. “Cuando hablé con muchos de ellos decían tener una buena memoria de base pero que su preparación había sido dura”. Campeones recientes como Boris Nikolai Konrad van más allá y sostienen que el talento es lo de menos para triunfar en estas pruebas mentales. Lo verdaderamente importante, según él, es dominar técnicas como el método loci, también denominado ‘palacio de los recuerdos’. “Consiste en crear un itinerario compuesto de hasta cien lugares en un entorno familiar. Imaginativamente se forman secuencias de objetos, sitios y particularmente estancias de un palacio mental. Estos objetos se irán asociando con aquello que se desea recordar”, explica la entrada de Wikipedia sobre el tema.
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Por ejemplo, si eres profesor, puedes usar tu casa para memorizar los nombres de tus alumnos. En el salón está Pedro y María, en la cocina Sandra y Mike, y así sucesivamente. Cuanto más familiar sea el lugar más fácil resulta recordarlo. El alemán Clemens Mayer ha utilizado esta técnica para memorizar 1040 dígitos ordenados al azar.
Habrá quien piense que estos ejercicios son una inutilidad en una era en el que contamos con medios para no tener que hacer este tipo de ejercicios. Para los escépticos Buzan tiene una respuesta preparada. “¿Qué sentido tiene memorizar 2.000 dígitos o 20 barajas mezcladas? Pero, por esa regla de tres, ¿qué sentido tiene correr lo más rápido posible por un recinto de 400 metros cuando lo único que estás haciendo es moverte en círculos? Ya que estamos, ¿cuál es el sentido de tener a 11 hombres dando patadas a una pelota de fútbol de una parte del campo a otra (…) El sentido es, sea fútbol, correr, tenis, hockey sobre hielo, dardos, memorizar o cualquier juego que puedas imaginarte, que sea el proceso que conlleve llegar hasta allí. Lograrlo requiere un aprendizaje a muchos niveles”.
Todo esto es un debate estéril para los concursantes que llevan meses preparándose para la gran prueba. Enfundados con su parafernalia, se encierran en los perímetros de sus mentes y encuentran portales en los que van dejando fragmentos de información. Terminado el periodo de memorización, respiran profundo y afilan sus lápices. Las compuertas están abiertas. Ahora solo queda recordar dónde se encuentran.
Este artículo fue extraído del número de febrero de Yorokobu. Puedes comprarlo aquí.
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Fotos de David Vintiner.

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Patrick Thomas

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