Nueve objetos contra nueve políticos

Hay formas más sutiles que otras de protestar contra un determinado político. La más sutil sería la de no votarle, la que la mayoría hace. Una de las menos sutiles, agredirle. Eso no lo hace mucha gente, pero algunos sí. La pasada semana dos políticos de diferentes países y diferentes ideologías saltaron a los titulares de los medios por una misma noticia: algún ciudadano crítico les había lanzado algo. Dos más para un club bastante extenso de políticos agredidos por ciudadanos, club que repasamos en vídeos.

El más reciente ha sido Françoise Hollande, líder socialista francés y candidato a disputar a Sarkozy el arrendamiento del Elíseo. La semana pasada alguien le embadurnó en harina y, mientras los escoltas le zurraban, él miraba con cara de pocos amigos sus papeles.

Unas horas antes que a él habían embadurnado a Mitt Romney, precandidato republicano estadounidense, de otro polvo un poco más sutil: purpurina. Romney, ni corto ni perezoso, se permitió el lujo de sacudirse el brillante objeto de su agresión, saltar al escenario y dedicarle unas cuantas chanzas a su agresor.

Uno de los más sonados de los últimos años fue George Bush, a quien un periodista musulmán intentó agredir lanzándole sus dos zapatos en plena rueda de prensa. El gesto no es casual, ya que en la cultura musulmana es el peor desprecio que se puede hacer a nadie. Sin embargo el expresidente estadounidense hizo gala de unos extraordinarios reflejos y esquivó ambos zapatos.

No tuvo tanta suerte Tayyip Recep Erdogan, primer ministro turco, que fue agredido por un estudiante palestino en Sevilla con una técnica similar, la del lanzamiento de zapato. Su agresor eligió, a diferencia del caso de Bush, atacar en plena calle.

Siendo todavía candidato, el actual primer ministro británico también fue agredido. David Cameron acababa de dar una charla aparentemente desenfadada a un grupo de gente cuando, al marcharse, un adolescente le lanzó un huevo por la espalda.

Una de las agresiones más violentas que se recuerdan fue la que sufrió hace un par de años Silvio Berlusconi, a quien alguien un tanto perturbado golpeó en plena cara con un souvenir metálico en plena calle. Il Cavaliere tuvo que pasar por el quirófano para recuperarse del brutal golpe, en el que perdió algún diente.

Bill Gates, uno de los hombres más ricos del planeta, tampoco se ha salvado de su parte de ‘gloria’. Un estudiante le estampó una enorme tarta de nata en toda la cara mientras acudía a una recepción. El susto del padre de Microsoft fue mayúsculo por lo repentino del ataque.

Los políticos españoles también saben algo de recibir tartazos. Y si no que se lo digan a la presidenta de Navarra, Yolanda Barcina, a quien los activistas contrarios al tren de alta velocidad sorprendieron en un acto público en Francia para estamparle un tartazo en toda la cara… sin que nadie pusiera demasiada oposición, la verdad.

El tartazo es, seguramente, la práctica más extendida en cuanto a agresiones a políticos se refiere. Nicolas Sarkozy, actual presidente de la república, también experimentó la sensación de que le estamparan una tarta en la cara cuando, siendo todavía candidato, paseaba por una estación de tren. Ojo a la cara que se le queda cuando recibe el golpe. Eso sí, sin dejar de caminar, que lo primero es lo primero.

En Francia empezábamos la enumeración y en Francia terminamos. Es lo que tiene ser los reyes de la pastelería.

Foto: Wikimedia Commons

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Patrick Thomas

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