Tinder Wars: El Ataque de los Clones

Ojito con Tinder, ¿eh? Pocas aplicaciones han logrado lo que la reina de los ligues superficiales: no solo ha revolucionado un sector tan difícil y saturado como el dating, apelando a la sencillez más absoluta, sino que ha puesto además patas arriba el desarrollo de software para móviles con su interfaz minimalista y su experiencia de usuario basada en swipes. ¡Qué palabra! Está por todas partes. Swipe left, swipe right… Por deslizar que no quede.
Si no ligas en Tinder, dicen, es porque no quieres. Hasta el individuo más repugnante puede aspirar a un match si elige bien sus fotos y escribe una descripción ingeniosa. Gran ejemplo es el mismísimo Adolf Hitler, un hombre «egoísta, impaciente y algo inseguro a causa de tener un solo testículo». Ley de Godwin en estado puro.
adolf
Disquisiciones sobre el sex appeal del Führer aparte, el fenómeno Tinder no conoce fronteras. Esto es literal: su influencia ha llegado a todas partes. Sin ir más lejos, el compañero Jaled Abdelrahim escribía la semana pasada en Yorokobu sobre MatchBlood, el Tinder de los donantes de sangre. Servidor, leyéndolo, se preguntaba: ¿hay algo que no tenga ya su propio Tinder? NO.
Empecemos por los clones étnicos. Si eres judío, JSwipe encontrará tu media naranja sustituyendo el match por Mazel Tov, el corazón verde por la estrella de David… Y poco más. ¿Eres mormón? También estás de suerte. Deja de recibir portazos y adéntrate en LDS MatchUp. ¿Negro? Si tienes un buen trabajo, de esos que obligan a llevar traje, tu app es Meld. Coge Tinder y le añade información procedente de LinkedIn para que te fijes en las dos cosas más importantes: el físico y la cartera.
jswipe
Combinación que lleva aún más lejos Luxy, una aplicación de ligue «como Tinder, pero sin la gente pobre». Solo para el 1% de multimillonarios que dominan el mundo. En jerga podemista, el Tinder de la casta. O más bien uno de ellos, porque luego está The League, un clon por y para estudiantes de las universidades más caras y prestigiosas del mundo. Clasista a más no poder.
Suma y sigue. Vamos ahora a por las apps que procuran definir muy claramente el objetivo de sus usuarios. En Tinder hay un poco de todo: gente que busca un amigovio (el eufemismo que ha admitido la RAE para no manchar el diccionario con la palabra «follamigo»), multitud de varones – y no pocas mujeres – que quieren solo un polvo rápido y un reducto de románticos que esperan encontrar a su príncipe o princesa azul. ¿Quién es quién? No lo sabes. Y eso da lugar a malentendidos.
Por eso hacen falta aplicaciones como Mixxxer, un Tinder solo para copular que fomenta las fotos en paños menores y sustituye el tick verde por el pictograma de una pareja fornicando. En el momento de escribir estas líneas, el contador de su web va por 167.895 usuarios más calientes que el palo de un churrero. ¿Para los más promiscuos? No. Un paso más allá va 3nderapp, el Tinder para montar tríos que asegura contar con 200.000 «humanos asombrosos» dispuestos a compartir tus fantasías más ardientes.
trios
Si tanto amor libre te ha escandalizado, tranquilo, también hay un Tinder para ti. Se llama Cuddlr y es muy light, pensado para los que solo quieren un abrazo. Si al ponerte tierno acabas haciendo la cuchara con tu alma gemela, ellos no se hacen responsables. Otras alternativas moderadas son Down to Chill, un Tinder solo para hacer amigos; Glimpse, un Tinder fusionado con Instagram; y Stitch, el Tinder para la Tercera Edad («porque todo el mundo necesita compañía»). Y luego están los Tinder para hacer negocios (Weave, Caliber, Coffee, Networkr, butN…) y los que te ayudan a buscar empleo o empleados (Blonk, Jobr, Emjoyment, The Ladders…)
¿Cuántos clones van? Seguro que has perdido ya la cuenta y esto no ha hecho más que empezar. Todavía no hemos salido de los émulos que, como el original, sirven para conocer personas. Nos faltan los más extravagantes. Por ejemplo Votr, el Tinder de la política que permite a los estadounidenses encontrar su senador más afín en base a sus posturas sobre asuntos como el aborto o el cambio climático, pero también en base a su mascota (¿de perros o de gatos?) o si va a misa los domingos.
Por otra senda discurren los Tinder útiles, herramientas que adoptan el sistema de swipes para simplificar una tarea. Es el caso de Flic, para la ardua labor de hacer limpieza en la galería de fotos de tu iPhone; de Karma Swipe, una app para navegar por Reddit a base de swipes; o de Daily, la aplicación que te desliza por la actualidad aceptando y rechazando noticias (su competencia directa es iQ News).
Amantes de las compras, ha llegado vuestro turno. Los Tinder del shopping brotan como setas en las tiendas de apps: Blynk, Mallzee, Seamso… Aplicaciones para comprar trapitos que tienen competidores especializados en calzado (Stylect, Shoe Swipe, Sosho, Slang…) y uno que te avisa cuando algo que te gusta está rebajado (Kwoller). También existe, por supuesto, el Tinder de las listas de boda. Se llama Zola.
compras
¿Y esto no se acaba nunca? Pues no. Ya te lo advertimos: hay un Tinder (o varios) para cada cosa. Para buscar casa (Skylight, Doorsteps Swipe, Zoomsquare…), para elegir hotel (HelloTel), para encontrar restaurantes a partir de fotos de sus platos (Mangia, Weotta…), para explorar nuevos lugares (Yeti) e incluso para localizar un after cuando cierran la discoteca y aún tienes ganas de fiesta (Kick On). También están los Tinder para descubrir música (Next y Songhop), el Tinder para adoptar perros (BarkBuddy) y, por supuesto, el Tinder de las fotos de gatitos (Tag a Cat). ¿El más recóndito? Pitcher, el Tinder de las agencias de marketing de Ámsterdam. Cuánta gloria.
Si todavía crees que falta algo, no hay problema. Tú mismo puedes crear el Tinder for X sin grandes conocimientos de programación gracias a Ionic, un framework que simplifica el desarrollo de aplicaciones móviles en HTML5 y que incluye el swipe y las tarjetas entre sus plantillas. ¿Te suena a chino? No sufras: si tu idea es buena, pronto se le ocurrirá a alguien que sepa picar código y quiera sumarse al ejército de clones.
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Foto principal: Nick Royer en Flickr

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Patrick Thomas

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