Mientras la humanidad entera se dedica a mirar los mapas de satélite siguiendo los caminos hacia algún sitio, el informático y diseñador alemán Benedikt Groß y el geólogo estadounidense Joey Lee se hacen su viaje a vista de pájaro observando todo menos los nombres de las calles. En realidad buscan letras. «Se trata de leer la tipografía de la Tierra», dice el germano como si tal cosa.
El proyecto de esta pareja profesional afincada en Los Ángeles es observar el globo terráqueo, palmo a palmo, para descubrir «cada edificio, piscina, aparcamiento, carretera, río, árbol o lago que conforme una letra». Cuando terminen, quieren dejar como legado al mundo la primera tipografía satélite, y quizás, la más nutrida de todos los tiempos. Aerial Bold es el nombre de su fuente planetaria.
«No solo se trata de desarrollar nuevos métodos y funciones de mapeo de la superficie de la Tierra, sino de generar el primer mapa de tipos de letras del planeta», explica Groß. «Nuestra intención es ofrecer a profesionales no expertos en estas técnicas como los artistas, diseñadores, científicos o ciudadanos un conjunto de herramientas para obtener sus propios datos, e inspirar a gente de todos los orígenes para explorar estos datos geográficos».
Ya tienen muchos ejemplos de muestra, pero es ahora cuando el proyecto va a tomar dimensiones intercontinentales. Hace pocos días han conseguido completar la financiación que pedían por KickStarter para poder desarrollar un programa que les facilitase su investigación aérea. El método en el que trabajan es un algoritmo de procesamiento de imágenes capaz de identificar las formas del alfabeto en las imágenes del satélite a lo largo y ancho de todo el planeta.
«A pequeña escala, en una comunidad o ciudad pequeña, por ejemplo, las tareas de procesamiento de imágenes no representan un gran reto», razona el creador la necesidad del desarrollo, «sin embargo, a la escala que queremos, toda la Tierra, los requisitos de cálculo pueden ser paralizantes».
Las letras que consigan identificar servirán sueltas o recopiladas para el uso de quien quiera. Pero la parte que más les interesa del proyecto es dejar todos esos alfabetos terrestres geolocalizados en los mapas donde se encuentran.
En su sobrevuelo de oficina se van encontrando con pequeños imprevistos digitales o burocráticos, como la baja resolución en la que están captadas algunas zonas del mundo o las dudas aún sin resolver que existen acerca de los «derechos de imagen» de los edificios de algunas instituciones y empresas.
Mientras terminan los preparativos para perfeccionar su algoritmo, siguen buscando en la pantalla algo que tenga forma signo legible. Son optimistas en la tarea: «Vamos a encontrar todos los alfabetos que contenga la Tierra».
Aerial Bold, la tipografía que captan los satélites
