Todo tiene un comienzo, y la desigualdad entre hombres y mujeres no es una excepción. ¿Cuándo y cómo nació eso que hoy nos están convenciendo de que es feo decir y que se llama patriarcado? ¿Dónde tiene su raíz? Para encontrar la respuesta, es necesario repasar la historia de la humanidad hasta sus orígenes. Y eso es lo que ha hecho la periodista Ana Bernal-Triviño en su ensayo La raíz del poder. Una historia de la desigualdad, publicado por Espasa.
Lo del poder, explica, debe entenderse en su máxima expresión, no solo como un reflejo de posición y jerarquía, «sino el poder hacer y el poder ser, que esa es la invisibilidad». La misma que sigue vigente hoy y que comprobamos, por ejemplo, cuando se inaugura el inicio del curso judicial; o que no haya habido aún ninguna mujer dirigiendo el Concierto de Año Nuevo de Viena.






