Areté d’Empordà, la artista que hace bailar al barro

La artista ha presentado en CAN Art Fair Madrid sus piezas cerámicas en colaboración con Kave Gallery

En griego antiguo, el concepto areté no describe una cualidad concreta, sino una búsqueda: la de la excelencia, la belleza y las cosas bien hechas. Ese ideal filosófico se ha convertido en el núcleo del trabajo de Areté d’Empordà.

«Areté significa virtud y representa el camino hacia la excelencia en todo lo que hacemos, ya sea en el pensamiento, en nuestras relaciones o incluso en las actividades más nimias de la vida diaria».

La artista descubrió el término mientras realizaba su proyecto final de carrera sobre Isadora Duncan. «Leyendo sobre ella apareció en mi vida. Mi proyecto acababa concluyendo que Isadora buscaba el areté».

Desde entonces, el concepto la acompaña en su vida personal y en su trabajo. También le sirvió para construir su identidad artística y dejar su nombre real «fuera de escena». Y, sobre todo, encontró en él una idea capaz de atravesar cualquier disciplina o material. En su trabajo con el barro, explica, es una constante: «Cada pieza nace de ese concepto: combinar el rigor de una técnica exigente con la libertad creativa».

La llamada del barro

Antes de llegar a la cerámica hubo otros lenguajes. La artista empezó en el mundo de la danza y más tarde se formó en diseño de moda, trabajando incluso para grandes multinacionales.

Pero algo seguía faltando.

«Siempre he tenido la necesidad de expresar el intelecto a través de lo que hago con las manos», explica. «En mi obra la ética es más importante que la estética. Intento que cada pieza tenga un contenido, un simbolismo que vaya más allá de su apariencia».

La cerámica apareció casi por casualidad, durante un curso en la Escuela de Cerámica de La Bisbal.

«Siempre digo que fue una llamada. Cuando lo probé pensé: “¿Dónde te has metido?”. Pero al mismo tiempo sentí algo que solo había sentido antes con la danza: una especie de enfermedad creativa».

Desde entonces —y con el apoyo de su pareja— el barro se convirtió en su medio. «Es un material vivo. Combina fragilidad y dureza y exige mucha atención. Pero precisamente por eso te conecta profundamente con el proceso».

Su pasado en el mundo del diseño sigue muy presente en su trabajo actual.

«Últimamente lo que hago con mi cerámica es vestirla. Trabajo con cuerpos básicos a los que les hago el estilismo. Mis obras son muy clásicas, porque yo vengo de ahí. Para mí es la madre del conceptualismo y del contemporaneísmo».

En una época marcada por lo inmediato y lo replicable, su trabajo reivindica lo contrario: la singularidad de lo hecho a mano.

«Creo que hoy es especialmente importante dejar una huella tangible».

Cómo capturar el movimiento en algo inmóvil

Aunque sus piezas son objetos estáticos, parecen contener movimiento. No es casualidad. La danza sigue muy presente en su manera de entender la cerámica.

«Cuando me senté por primera vez frente al torno sentí algo muy parecido a lo que vive una bailarina en el escenario: una tensión entre el cielo y la tierra», explica. «Es una especie de espiral».

Esa idea atraviesa especialmente su primera colección, Derviche, de la que se siente especialmente orgullosa. Nació tras un periodo de intensa lectura de poesía sufí y un viaje a Estambul.

«Allí, cuando vi por primera vez a los derviches, me fascinó. Es algo muy sencillo —dar vueltas—, pero llega a un estado de éxtasis muy potente».

Las piezas traducen ese gesto a la forma: curvas, giros y volúmenes que sugieren rotación.

«En danza hay un ejercicio curioso: poner a muchas personas quietas con los ojos cerrados. Aunque estén quietas, hay movimiento porque hay vida. Eso es lo que intento petrificar en mis piezas».

Algo parecido ocurrió con su colección Barroco, que nació a partir de una crítica doméstica.

«Todo empezó cuando mi pareja me dijo que no sabía poner asas».

Lo que al principio fue enfado se convirtió pronto en desafío creativo. «Decidí probar cosas imposibles». Empezó a jugar con el barro y con el barroco como lenguaje estético.

«Reconozco que para mí las asas son un elemento que me sobra, pero el público las pide».

Arte, diseño y artesanía: volver a unir lo que se separó

La obra de Areté d’Empordà habita una frontera que durante mucho tiempo se ha considerado problemática: la que separa arte, diseño y artesanía.

«Cuando estudiaba diseño me decían que era demasiado artista. Cuando trabajaba como artesana me criticaban porque era demasiado diseñadora».

Le gusta resumir esa tensión de una forma muy clara: «El arte es una patología. El diseño es rentabilidad. Y la artesanía es el medio que lo hace todo posible».

Su trabajo se mueve entre esos tres territorios. «Transito entre ellos con respeto y conciencia. Y es precisamente en esa frontera donde se sitúa mi obra».

Por eso reclama recuperar algo que durante siglos fue natural: la unión entre pensamiento y oficio.

«Creo que tenemos que recuperar el espíritu de las antiguas escuelas de artes y oficios. Si volviéramos a unir arte y artesanía, los artesanos ganarían confianza porque se les valoraría más y los artistas quizá perderían un poco el ego».

Entender antes de valorar

Esa reivindicación del oficio implica también aprender a mirar de otra manera.

«Siempre digo que para valorar algo primero hay que entenderlo».

A veces, explica, esa diferencia cultural aparece en preguntas muy simples.

«Un español suele preguntar primero cuánto cuesta. Un extranjero suele preguntar cómo está hecho. Y esa pregunta lo cambia todo».

Porque el valor de una pieza no está solo en el resultado final, sino en el proceso que hay detrás.

«Tengo clientes que empezaron comprando piezas pequeñas. Poco a poco les explicas el proceso, el tiempo, la técnica… y empiezan a entenderlo. Entonces dejan de ver el precio y empiezan a ver el valor».

La belleza como forma de verdad

En el fondo, el trabajo de Areté d’Empordà busca algo que hoy puede parecer casi radical: reconciliar la belleza con el significado.

«Hoy los artistas y diseñadores tenemos el reto de contar la verdad», dice. «Y de conmover».

Pero no desde el ruido.

«Conmover a través de la belleza. O, dicho de otra manera, a través de la areté».

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Patrick Thomas

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