Normalmente, cuando cierra una sala de conciertos, queda algo más que la clausura de un local nocturno. La memoria de miles de recuerdos esculpidos a base de guitarrazos y golpes de caja y bombo permanece en esos lugares, como ausente de un final anunciado. Se produce un silencio que no es silencio porque lleva aparejado una tremenda carga emocional que, en ocasiones, ha contribuido a construir el sonido de una generación.
La última víctima de este goteo constante e imparable, producto del propio devenir económico de cada momento, es la sala Nasti, que cerró puertas tras trece años como referencia underground malasañera. Otros nombres míticos son la Rock-ola, punto neurálgico de la Movida madrileña; el Ágapo, que vio salir a leyendas del rock como Los Enemigos, o la Canciller, que entre los 80 y 90 llenó sus camerinos con las mejores bandas del heavy y el metal.
Todas, a pesar de sus distintas idiosincrasias, tienen un elemento en común: encontrarás a cientos de madrileños que cuenten cómo han pasado algunas de sus mejores noches en ellas. La historia de la noche madrileña pasa por sus puertas y por sus escenarios y, por eso, Converse ha querido rendir homenaje a estos templos en una exposición comisariada por Darío Manrique. La muestra exhibirá material de algunos testigos de cada época como Miguel Trillo, Mariví Ibarrola, Domingo J. Casas, Alfredo Arias o Ramiro E. Fotos, y una serie de carteles, flyers y textos reconstruirán unos años de música, relaciones sociales y hemorragia lúdica. Si te perdiste esos momentos, la ocasión para rememorarlos con respeto y nostalgia pinta inmejorable.
Esta exposición es una parte de Get Loud, el excepcional menú que Converse ha preparado para este otoño. La marca ha abierto El Garito de Converse, un espacio pop up en Barceló 9, en pleno corazón de Malasaña, que funciona como tienda efímera y, a la vez, como lugar de exposiciones y actividades vinculadas a la música. La exposición de tributo a las salas más míticas podrá visitarse del 18 de octubre al 31 de octubre. Cultura underground, actos imprevisibles y música que se podrá ver, escuchar, tocar y oler.

