Bonnie & Clyde existen: están en Instagram y hacen tatuajes

«Si mi vida es como el polvo que esconde el brillo de una rosa, podemos sentarnos aquí y fingir que somos normales, pero no soy más que una pobre enferma masoquista que te usa para reemplazar las drogas, y tú no dejas de ser un masoquista».

La última actualización de Johnny Gloom en su Instagram es una especie de sincretismo oscuro entre ‘This Bitter Earth’, la canción que popularizó Dina Washington en 1960, y una cita extraída del libro de dark erotica Mercy, Bound, Release, escrito por Natalie Bennett. La sentencia acompaña uno de sus diseños de tatuaje más habituales: el rostro de una mujer con mirada flamígera y un par de rosas.

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«Levántate entre las cenizas de un billón de almas muertas y pregunta a sus fantasmas si el honor importó de verdad: el silencio será tu respuesta». La cita, extraída de la saga Mass Effect, acompaña una de las últimas publicaciones de Louis Loveless: tres rosas dispuestas en forma de evolución del ciclo de la vida (plenitud, deterioro y muerte) junto a un alambre de espino adornan con tinta la garganta de un anónimo.

Las rosas no son lo único que unen a Louis Loveless y a Johnny Gloom: el hashtag #thisbitterearth anuncia a quien quiera mirar que lo que hoy son cenizas entre ambos un día fue un lazo que resiste al tiempo. Ellos eran Bonnie & Clyde. Hasta hace muy poco.

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Johnny Gloom y Louis Loveless son probablemente los dos tatuadores más enigmáticos del momento en Instagram. Ambos, centralizados entre París y el resto del planeta, con pasión por lo oscuro, la muerte y cierto romanticismo clásico, comparten también un celo riguroso al respecto de su verdadera identidad en internet.

Llama poderosamente la atención que tanto ella —con 170.000 seguidores— como él —con cerca de 90.000— fundamenten su misteriosa identidad online en una alergia bastante evidente hacia la tecnología. De media, una publicación de ambos se sitúa entre los 3.000 y los 5.000 likes, pero ninguno de ellos sabe quiénes son en realidad.

En lo profesional, Loveless y Gloom comparten también la independencia a la hora de trabajar —ellos disponen, tú eliges— y algo fundamental en sus meteóricas trayectorias: la facilidad natural para crear tendencia. Sus tatuajes inspiran a compañeros del gremio, en el mejor de los casos; en el peor, directamente los plagian: más de un tatuador avezado se dedica a ofrecer sus mismos modelos, tal y como se pudo comprobar hace no demasiado en los IG Stories de Johnny Gloom.

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Sus diseños, que en la piel se traducen en trabajos austeros y de alto contraste, sin apenas detalles, con trazos simples y mucha tinta negra, son trabajos extraordinarios en lo visual y poderosos en el mensaje; su origen es un lugar peculiar entre la imaginería de la cultura del cómic y su propia interpretación del universo.

De Louis Loveless todo lo que sabemos es que solo su nombre es real, que tiene evidentes problemas con la autoridad y que, antes de establecerse como uno de los referentes mundiales del blackwork, tuvo una vida en Londres. Todo eso lo podemos deducir de la foto de su ficha policial tras su paso por Wormwood Scrubs, una prisión preventiva de categoría B en Londres. De su escurridiza presencia en medios —apenas se deja ver, y lo hace con pseudónimo— inferimos también que su etapa de aprendiz duró mucho menos de lo habitual: tatuadores experimentados dejaron de guiar su trabajo pocos meses después de iniciar su tutela por razones desconocidas.

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El eje de sus actualizaciones en Instagram está protagonizado, obviamente, por su trabajo como tatuador. Sin embargo, y al contrario de Johnny Gloom, perla de vez en cuando su cuenta con fotos personales. Algunas de ellas incluso han sido motivo para que, al parecer, más de un usuario active el servicio de ayuda de Instagram ante publicaciones relacionadas con el suicidio y la autolesión.

La respuesta de Louis Loveless fue una fotografía junto al mensaje de Instagram: «Alguien que vio algo que publicaste piensa que a lo mejor estás atravesando una época difícil. Si necesitas apoyo, nos gustaría ayudarte».

De Johnny Gloom conocemos más y menos, todo a la vez. Parece mentira, pero lo que muchos no saben todavía es que el seudónimo esconde, en realidad, a una tatuadora francesa de 25 años. Ofrece su imagen muy de vez en cuando en su Instagram, mucho menos que Louis Loveless, pero, cuando lo hace, lo hace. Radicada en París, su formación poco tiene que ver con la industria del tatuaje: antes de convertirse en un referente de la tinta y el diseño estudiaba publicidad y comunicación. Su experiencia en ese campo se traduce, sin embargo, en hitos fundamentales en su carrera como la unión estratégica con la marca Ball & Chain Co. Ese punto en común la llevó a las páginas de Vogue en abril de 2016.

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Si no fueras tatuadora, ¿qué serías? «Gangster: buscaría un tío y robaría bancos como Bonnie y Clyde. O quizá, si no encontrara el amor, criminal o asesina en serie». Y, durante un tiempo, lo cierto es que los dos fueron Faye Dunaway y Warren Beatty. O Juliette Lewis y Woody Harrelson. De aquella época no resisten ni los likes ni las etiquetas. Hoy apenas queda algún testimonio fotográfico de aquella etapa en el perfil de Johnny Gloom en Facebook. Y los cuerpos tatuados que comparten.

Ella sigue tatuando mujeres condenadas y rosas; él, calaveras y bustos clásicos distorsionados. Ella continúa ilustrando la decadencia romántica de la vida, el fuerte vínculo entre las dos caras de la misma moneda y la fina frontera entre el dolor y el placer; él, a lo ilustrador moderno de mayo del 68 francés, sigue desafiando al sistema a través de sus intervenciones artísticas (en la piel). Sin embargo, como Gaspar Noé y ellos mismos preconizan: le temps détruit tout.

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Patrick Thomas

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