Cuánto influyen hoy en día los trailers en la asistencia de público a las salas? ¿Y esos magníficos carteles que la semana previa al estreno proliferan por marquesinas y andamios? La publicidad es un asunto serio en la industria del cine y, por tanto, la estética, la estructura y el discurso de sus herramientas y medios se cuida mucho. Pero olvidémonos del burdo y pirotécnico trailer y centrémonos en los carteles. ¿No os habéis fijado que la mayoría de ellos comparten parametros estéticos parecidos? Unos parámetros cuya prioridad es que te quedes con la copla. Sin embargo hubo un tiempo y un lugar llamado Checoslovaquia (en Polonia, también) donde se dio libertad a los artistas gráficos para confeccionar los carteles cinematográficos más extraordinarios. Estas son algunas de aquellas joyas:
El cartel de cine checoslovaco es un interesante fenómeno artístico que tuvo lugar en dicho país a lo largo de 30 años, desde 1959 hasta 1989, cuando Checoslovaquia abandonó se desligó de la influencia de la Unión Soviética. Durante ese periodo la industria de cine nacional y las instituciones que gestionaban la distribución de las películas extranjeras contrataron los servicios de numerosos artistas plásticos y gráficos para diseñar los carteles de las películas que se estrenaban en salas. Estos, aprovechando la total libertad de la que disponían, no dudaron en experimentar y dar rienda suelta a toda su creatividad.
Mientras que en el resto de Europa los carteles de cine se elaboraban con las herramientas de expresión tradicionales –fotografías de los protagonistas, grandes títulos y dibujos ilustrativos o descriptivos-, los artistas checoslovacos plasmaban en sus diseños un lenguaje creativo propio inspirado en técnicas modernas como el pop art, el letrismo, el collage, el fotocollage o la abstracción geométrica, entre otras.
En este período, ante la imposibilidad de exponer por la censura y por ende, ante la inexistencia de un mercado del arte, el cartelismo aglutinó a los mejores artistas gráficos y plásticos del país quienes encontraron en el campo de las arte aplicadas la única manera de vivir de su talento.
Actualmente, la mayor colección de carteles de toda la República Checa pertenece a Pavel Rajčan, el dueño de la tienda y galería Terry Posters de Praga. La tienda debe su nombre al director y miembro de los Monthy Python Terry Gillian por sus frecuentes visitas a los cines locales Aero y Světozor. La colección de la tienda cuenta con más de 10.000 carteles originales previos a 1989 y ha viajado a más de 100 exposiciones por todo el mundo en los últimos 8 años. Una de las últimas, en San Lorenzo de El Escorial donde se mostraron 30 carteles de películas españolas de la época.
Si os pica la curiosidad, en su página web podéis acceder a un extenso catálogo organizado por categorías de directores, actores, países, épocas…
Representación española:
La locura artística de los carteles de cine checoslovacos
