Un filandón de cerámica cosida, esparto contra el olvido y bordados que gritan ¡guapa!
No hace mucho tiempo, en las noches invernales, familias y vecinos se reunían en torno al calor del fuego de las chimeneas para contarse historias. Ellas hilaban y cosían y ellos hacían otros trabajos manuales. A esas reuniones en las que también corrían los chismes, se les llamaba —y se siguen llamando aún— filandones. El vocablo propio de León (según


