Para el dicho de esta semana hay más teorías que hijos secretos de El Cordobés y Julio Iglesias juntos. Lo único en lo que hay unanimidad es en su significado: andar de una parte a otra, de aquí para allá.
Vamos por partes. ¿Qué es ceca y de dónde viene? Pues del árabe, claro está. Según la RAE, del término árabe hispánico sákka, y este, a su vez, del árabe clásico sikkah. La ceca, explica el diccionario, es la casa donde se labran las monedas y en Marruecos, la moneda en sí.
Parece ser que la expresión no siempre se ha usado con el artículo «la» delante y de ahí viene el lío. En El Quijote Cervantes escribió, en boca de Sancho: «…dejándonos andar de ceca en meca y de zoca en colodra, como dicen».
Y esa ausencia de artículo, así como que los dos nombres (ceca y meca) están escritos en minúscula, es a lo que se agarran algunos estudiosos (José María Iribarren entre ellos) para interpretar que no se refiere con ellos a lugares concretos (la Ceca y la Meca), sino que son «dos palabras empleadas como pronombres indefinidos o adverbios de lugar, y que el ceca y meca se dijo por sonsonete, como se dicen hoy muchas frases que pudiéramos llamar de repetición fonética».
Es decir, expresiones como «troche y moche», «tejemaneje» o «el oro y el moro». Meca, por tanto, carecería de significado y sería simplemente un juego de consonantes frente a ceca, que sí podría tener ese sentido de casa de moneda.
Pero hay más explicaciones. Ceca es como se llamó erróneamente en Córdoba a la mezquita, probablemente por similitud fonética entre ambas palabras: ceca y Meca. De hecho, Covarrubias aseguró en su Tesoro de la lengua castellana que Ceca era «cierta casa de devoción en Córdoba, a do los moros venían en romería; de allí se dijo “andar de Ceca en Meca”». También es de la misma opinión Diego Clemencín, conocido cervantista. Por tanto, para los seguidores de esta corriente, ir de la Ceca a la Meca haría alusión a la peregrinación a estos dos sitios igualmente sagrados, pero muy alejados entre sí.
Al hilo de ceca como casa donde se acuña la moneda, hay otras versiones que creen ver una intención de contraponer lo espiritual (la Meca) frente a lo material (la ceca). Y explican que para peregrinar a la Meca, deber sagrado de todo musulmán al menos una vez en la vida, debe antes ahorrarse mucho dinero por el importante desembolso económico que supone la peregrinación al santo lugar. Por tanto, la ceca aludiría a ese dinero, al capital necesario para emprender el viaje hacia lo sagrado: la Meca.
Hay todavía una versión más, la que dio el profesor P. Piulach, cirujano barcelonés, en 1970. Piulach cree que fueron los venecianos quienes introdujeron ceca como ‘casa de moneda’. La expresión denotaba la envidia que provocaban los antiguos y ricos mercaderes cuando se retiraban, después de haber viajado por medio mundo. Así, cuando los otros comerciantes en activo les veían, solían decir que lo habían recorrido todo, desde la Ceca a la Meca (dalla Zecca alla Meca).
En opinión de Piulach, la frase pasó a otros países hasta llegar a España a través de las cruzadas, por la relación de nuestro país con Nápoles y Sicilia, «y en la coalición con Génova y Venecia contra los turcos, que culminó en la batalla de Lepanto».
Expuestas quedan, pues, todas las cartas. Ahora, como diría Quevedo, «entre el clavel y la rosa, su majestad escoja». Pues eso, ¿de quién es el hijo: de Julio Iglesias o de El Cordobés?
El origen de los dichos: de la Ceca a la Meca
