‘Dicese’: el diccionario de las palabras que no existen pero podrían ser

Dicese

Una lengua, un idioma, es para muchos un instrumento de comunicación. También una identidad, lo que nos define como ciudadanos de aquí y de allá y que no pocas veces nos empeñamos en convertir en fuente de conflicto, en arma arrojadiza. Pero hay quienes prefieren quitarle gravedad al asunto y ven en ella un juguete, un ente lúdico que permite a sus participantes entrar en otra dimensión paralela donde las palabras hablan y nombran realidades diferentes.

Dicese podría considerarse un fruto de esos juegos lingüísticos. Se define así mismo como «Diccionario eltimológico y semilógico del español» y en él encontramos entradas como Amoribunda (Dícese de aquella relación de pareja que se encuentra en estado crítico) o Propaganga (Difundir o dar a conocer algún producto o servicio señalando su bajo coste en comparación con sus muchas virtudes, valor o efectos positivos).

Dicese

Su creador es José Carlos Baeza, un vallisoletano afincado en Barcelona, doctor en Psicología y antropólogo, que más que interés por la Lingüística, siente interés por la comunicación. El lenguaje, dice, forma también parte esencial de su trabajo como psicólogo clínico y es su herramienta fundamental a la hora de escribir sus libros tanto técnicos como de poesía.

«La idea surge como advertencia, reacción y antídoto, a través del humor y de cierto sentido crítico, ante los intentos de comunicación tóxica y de abuso del lenguaje manipulativo que a todos, de algún modo y desde luego a mí particularmente, nos causa cierto desasosiego, malestar e indignación», explica el origen del proyecto.

Frente a ese lenguaje tramposo y manipulador, que suele aparecer como veraz. pero que esconde algún tipo de falacia, «las palabras de Dicese, manifiestamente truculentas o sesgadas, muestran algún significado revelador o doblez sugerente». Más de 180 términos (por el momento) que ponen el acento en la crítica social y el entorno político actual.

Él empezó definiendo las primeras palabras para marcar las líneas por las que debe ir este extraño corpus y las reglas básicas del juego. «Pero desde su origen está concebida como una obra de participación y desarrollo colectivo, que le da su pleno sentido y funcionalidad, a la que ya se están sumando otras personas».

Para este psicólogo metido a lexicógrafo hay varias formas de acercarse a este diccionario. La primera, ya se ha dicho, como un ejercicio lúdico, por el mero placer de jugar con las palabras y sus sentidos con otras personas. Pero también puede verse como «una oportunidad de contribuir al desarrollo de cierta conciencia crítica sobre la comunicación y el lenguaje, de una manera ingeniosa. O como un entrenamiento de la sagacidad para advertir giros, desviaciones del acento, omisiones, asociaciones conceptuales, supuestos ocultos, sesgos, trucos e ilusionismos, desarrollando así el propio sentido crítico o humorístico».

LA PROPAGANDA COMO AMENAZA

Al poner el acento en la actualidad, sobre todo política, y tratarse de un proyecto abierto a la participación de todo el mundo, se corre el riesgo de que la balanza se incline hacia esa temática y que acabe siendo una herramienta de propaganda utilizada por ciertas ideologías. «El ámbito de la política, el poder y los grupos de influencia son particularmente propensos y propicios para el uso manipulativo del lenguaje con determinados fines», opina el psicólogo.

Dicese

«En este sentido, Dicese es susceptible como cualquier otra cosa, de ser usado con algún interés partidista o particular en un asunto o momento dado, pero el valor crítico-humorístico o lúdico que pueda tener no es patrimonizable por ningún grupo o ideología, como tampoco podrían quedar fuera, ni libres, del cuestionamiento que se propone», aclara Baeza.

Por eso hay también unas reglas para la aportación de entradas. Los criterios de aceptación responden básicamente al objetivo de evitar un uso indebido del diccionario. Se acepta la mordacidad, la provocación y el humor, así como la creatividad, la crítica y la libre expresión. Pero quedan fuera aquellas que sean ofensivas y denigrantes con personas o colectivos, y aquellas que suenen a publicidad y promoción barata.

¿EXPERIMENTO ANTROPOLÓGICO O SIMPLE JUEGO?

Además de un interés lingüístico, Dicese puede mirarse como experimento antropológico para obtener una radiografía del sentir de los ciudadanos ante una crisis política y social como la que atravesamos. Desde su perspectiva de psicólogo y antropólgo, Baeza hace también su propia lectura.

«Creo que hay un descontento, una irritación generalizada por parte de las personas respecto de los intentos de ser influidos, manipulados o burlados torticeramente por políticos, compañías u organizaciones», opina. «Pero, a la par, creemos que a nosotros no nos engañan, lo que nos lleva a estar muy recelosos y desconfiados con los que no son de nuestra cuerda y crédulos con lo que viene de los que sí lo son, o con lo que es coherente con nuestros sentimientos –que, a su vez, han podido inducirse–, residiendo aquí la mayor posibilidad de resultar instrumentalizados. No hay verdadera actitud crítica sin autocrítica y capacidad de reírse de uno mismo».

Y concluye: «Afortunadamente, es sorprendente la sagacidad, el ingenio y la capacidad de las personas a través del humor, particularmente el que puede encontrarse en el lenguaje, para desdramatizar, desintoxicar, reflexionar y curarse en salud».

Juguemos, pues.

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Patrick Thomas

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