Vamos a tumbar mitos. O quizá a agrandarlos; quién sabe. Pongámonos en situación: estamos en la tienda de cómics de una gran ciudad. Una cualquiera. En nuestras manos, el último número de Injustice. El título pertenece a DC Comics, el mayor gigante editorial de cómics de Estados Unidos junto a Marvel. Esta serie se propone dar una vuelta de tuerca a las historias de superhéroes: ¿Qué pasaría si Los Vengadores se convirtieran de repente en nuestra mayor amenaza? En sus páginas, Superman está a punto de recibir el empujoncito que necesita para convertirse en un tirano y un dictador. Y la banda liderada por Batman se dispone a impedírselo con todos los superhéroes de DC Comics al completo. Casi nada.
Hojeamos las 20 páginas plagadas de espectaculares luchas entre superhéroes e imaginamos que han salido de las manos de un ilustrador encerrado en la 14ª planta de la oficina de una ruidosa Nueva York. Error. Superman, Batman y la Mujer Maravilla tienen alma española. En concreto son manchegos. Todos ellos nacen en la ‘brunocueva’, el pequeño estudio de Bruno Redondo en Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Este dibujante de 32 años ha llegado a ser un mago con el lápiz digital gracias a su frikismo: «Yo, de pequeño, era el chico raro que no salía tanto a jugar a la calle porque me pasaba la tarde copiando superhéroes en cuadernos». Pasaron los años y su tesón tuvo premio: un editor de DC Comics quedó fascinado al revisar su porfolio en el Salón del Cómic de Barcelona. Dos semanas después recibió un mail. Y desde entonces lleva seis años trabajando para ellos.
Lo más sorprendente de todo es que Bruno es autodidacta: tanto en el inglés -idioma con el que trabaja a diario para leer los guiones- como en la ilustración. Ni la universidad ni los talleres forjaron su estilo. Dejó el ciclo superior de ilustración en el primer año porque no le cuadraba. Cree que la mejor fórmula para mejorar su técnica es la vida:
«Los dibujantes nos metemos mucha caña entre nosotros y aprender a observar el trabajo de otros te da otros criterios». Las películas, la tele, los libros y los muchos cómics que ha devorado, terminaron por darle ese gancho de izquierda con el que ganarse al mercado americano. Y conoce sus puntos fuertes: «De mi estilo gusta la interpretación de los personajes; me empeño en que actúen de forma teatral».
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El caso de Bruno no es aislado. El talento español en la ilustración es muy valorado fuera. Marvel y DC Comics, las dos grandes familias del cómic estadounidense de superhéroes, se nutren en gran medida del talento nacional para alimentar sus producciones.
«Después de norteamericanos e ingleses, el mayor número de colaboradores de estas grandes editoriales son españoles; se podría hacer un mapa con todos los puntos de España desde los que se hacen cómics para ellos y sería sorprendente», explica el dibujante manchego. El vallisoletano David Aja sería uno de los ejemplos nacionales en Marvel, la competencia.
Internet y la era del teletrabajo han abierto muchas oportunidades. Bruno afirma que con conexión y un buen escáner podría trabajar para DC Comics desde el pico de una montaña. Ya no hay ilustradores en las oficinas de Broadway, como ocurría en 1934. Desde las tres plantas repletas de cómics y carteles de películas ahora se coordina todo. Es la espina dorsal de un negocio que genera a la semana tanto material ‘de uso y consumo’ que, para producir rápidamente, precisa de una cadena de montaje de colaboradores. Engranada por correos electrónicos.
El ritmo de producción es similar al de las series de televisión. Cada semana tienen que estar listas 10 nuevas páginas de Injustice para subirlas a la web. La versión impresa recoge dos capítulos digitales: 20 páginas en total que se publican cada 15 días. Es un material constante y serializado que nunca se detiene. Injustice nació como videojuego y luego se adaptó a cómic. Y el fenómeno fan fue tal, que se ha convertido en una bestia difícil de alimentar.
Bruno, que comparte trabajo con otro dibujante para poder cubrir los tiempos de producción, resume una semana normal de trabajo: «Primero está el guionista, después el trabajo pasa al ilustrador, al entintador, el ‘finisher’… Yo recibo el guion y de ahí voy tirando. Se podría decir que dejo los dibujos inacabados para que el entintador les dé texturas y sombras. Cada día laboral se corresponde a una página». Y todo este trabajo lo realiza cuando llega la noche. Porque es más fácil estar comunicado con Estados Unidos y porque sintoniza con su ritmo vital. «Hay días que mi editor se va a dormir en California y yo sigo trabajando aquí. Los dibujantes somos muy búhos», bromea.
Cierto es que se trata de un trabajo particular. Ser autodidacta y trabajar desde La Mancha para una editorial norteamericana mítica que cumple ahora 80 años, y saber que tus dibujos son vistos en medio mundo no es muy habitual. Como tampoco lo es que en todo este tiempo Bruno solo haya visto en persona a su jefe dos veces. Las oficinas de Nueva York las ha pisado otro par –el año pasado y hace una semana-. Para más inri, da fe de que ‘teletrabajar’ para DC Comics «da para vivir bien». ¿Quién no firmaría?
Nunca imaginó que un error del Ratoncito Pérez pudiera traerle tantas alegrías. Se le cayó un diente de forma inesperada y, en lugar de los tebeos de siempre -Mortadelo, Zipi y Zape…-, en su mesilla apareció su primer cómic de superhéroes: La boda de Wonder Girl, de la serie Los Nuevos Titanes. Casualmente también de DC Comics. Un guiño del destino.
Ahora ve su nombre en los títulos de crédito de los cómics que le quitaban las horas de sueño de pequeño. Le apasiona hablar de su profesión: «No dejo de dar gracias por este trabajo». Podría pasar horas y horas explicando técnicas y argumentos de cómics, pero tiene que parar para comer. Son las siete de la tarde y la ‘brunocueva’ abre sus puertas cuando caiga el sol.
El autodidacta de La Mancha que dibuja a Batman y Superman
