Tiene algo más de 40 años y vive en el estado de Rondonia, en Brasil. Nadie sabe cómo se llama pero la gente lo conoce como ‘o homem do buraco’ (el hombre del agujero). Es el último superviviente de una tribu desconocida y su primer avistamiento data de 1996. Once años después, el Gobierno brasileño decretó que nadie se acercara a menos de 31 kilómetros de él. Pero antes de ser ermitaño por ley, el hombre del agujero fue ermitaño por elección propia.
A mediados de los noventa varias expediciones intentaron establecer contacto con el indígena, pero reaccionaba con miedo y hostilidad. El último intento se saldó con un herido de flecha en el pecho. Después de este incidente el Gobierno brasileño decidió dejarlo en paz. Y estableció un ‘perímetro de seguridad’ para asegurarse de que todos lo hicieran. De una de las últimas expediciones se conservan las únicas imágenes del hombre del agujero. Las grabó el cineasta Vincent Carelli y las incluyó en su documental Corumbiara.
El hombre del agujero va desnudo. Sus pertenencias son un arco, unas flechas y una docena de refugios desperdigados por la selva amazónica, todos ellos con un agujero de un metro y medio de profundidad. Se sabe también que cultiva mandioca. Y ahí acaban las certezas.
No se sabe el nombre de su tribu y se desconoce su idioma y cultura. Las autoridades brasileñas localizaron los restos de lo que podía haber sido su poblado. Basándose en estos, aventuran que su tribu se extinguió entre los 70 y los 80 y que los últimos supervivientes murieron a manos de asesinos a sueldo. Asesinos de indígenas.
La industria maderera y los agricultores de la zona tienen mucho que perder si el Gobierno brasileño establece zonas de protección, como ha hecho con el hombre del agujero. Por eso los ataques a los indígenas son corrientes en el estado de Rodonia. A pesar de que el hombre del agujero pretende vivir al margen de nuestra sociedad no es inmune a los conflictos que se suceden en ella. En 2009 fue atacado según denunció la organización Survival. Todo parece indicar que sobrevivió, pero no hay certezas. Este ha sido el último contacto que el indígena ha tenido con el mundo.
Tirando de hemeroteca la historia nos ofrece -pocos- casos similares, como el de la mujer solitaria de San Nicolas, una indígena que fue ‘rescatada’ en 1853. Sobrevivió 18 años en una isla desierta y apenas unas semanas en nuestra sociedad. Pero el caso del hombre del agujero no es único por su protagonista, sino por la reacción de las autoridades.
La Constitución de Brasil es especialmente proteccionista con los derechos de los indígenas. Su título VII consagra el derecho a sus tierras y la inalienabilidad de las mismas. Basándose en estos preceptos, las autoridades brasileñas han tomado una decisión pionera. Lejos de ‘rescatar’ al hombre más solitario del mundo han decidido que sea él quien elija. Y parece haber elegido la soledad.