Un misterioso hombre de negocios se instala en la Sudáfrica del apartheid en los años 80. Su habilidad para moverse entre jefes de Estado, diplomáticos, militares de alto rango y espías le ayuda a establecer fructíferas conexiones políticas y con ellas un efecto dominó que lleva paz a la zona. También la liberación de quien iba a ser uno de los iconos políticos más importantes del siglo XX como es Nelson Mandela. ¿Desde cuándo las conspiraciones internacionales buscan acabar con los conflictos en el mundo? ¿Y por qué esta sinopsis no pertenece a una novela de John LeCarré y sí a una parte de la historia que no se nos ha contado?
Por una vez los fanáticos de las teorías de la conspiración podrán disfrutar de su placer culpable y a la vez dormir tranquilos cuando descubran la historia del empresario Jean-Yves Ollivier. Se podría decir que es un auténtico hombre de misterio, teniendo en cuenta que vive en un avión. Aunque más que misterioso es discreto, algo muy necesario para obtener la confianza de tanta gente influyente, argumentan los responsables de Plot For Peace, el documental que cuenta su verdad con financiación de la African Oral History Archive.
La película cuenta los tejemanejes de este francés, alias Monsieur Jaques, que desembocaron en la liberación de Nelson Mandela. Era una época en la que la violencia había estallado en los guetos sudafricanos, aunque no era el único conflicto armado en el continente. Primero se ganó la confianza de los altos cargos como discreto comerciante de materias primas para luego organizar con éxito un enorme intercambio de prisioneros entre seis estados. Este hecho, relacionado con el Protocolo de Brazzaville, supuso el fin de la guerra en el Cono Sur africano.
Una vez demostrada su extrema discreción, Monsieur Jaques se convirtió en el conducto comunicativo en operaciones de alto secreto, cuyo contenido a día de hoy solo conoce él en su totalidad. Él era el único de los conspiradores que sabía todo lo que estaba ocurriendo, los demás conocían solo la parte de la trama que les afectaba, dice el director de la cinta el español Carlos Agulló. Su secretismo era tal que para unos era un espía y para otros, como Winnie Mandela, era una persona digna de confianza.
No es una película «hecha solo para sudafricanos, sino una historia lo suficientemente amena para una audiencia más amplia», cuentan sus responsables. Por eso era necesario narrarla de un modo híbrido, en tono de docudrama. De hecho Agulló asegura que llegó al proyecto precisamente por ser un agente externo a la historia, «capaz de poder contarle lo que ocurrió a gente de otros países y otras edades».
Una de las razones para contar esta verdad en la sombra es hacer de ella un ejemplo de esperanza: «En aquella época se pensaba que el apartheid era un problema irresoluble del mismo modo que ahora se piensa de los conflictos en Oriente Medio», dice la otra directora de la película, la sudafricana Mandy Jacobson. Ha sido gracias a que Jean-Yves Ollivier accedió a contar su historia en primera persona como consiguieron que los demás involucrados en la trama también lo hicieran. Y son unos cuantos testimonios los que aparecen corroborando esta conjura a favor de la paz gracias a una misión que ya no es secreta.
«No es un relato indirecto, contado a través de historiadores o periodistas. Lo narran ellos. Es también un recurso de primer orden para la sociedad africana. Es el primero de muchos documentales que compensan la censura en la que se ha vivido durante tanto tiempo», destacan los responsables de este proyecto.
Monsieur Jaques es un personaje que se construyó este empresario francés para adaptarse a todas las situaciones necesarias y moverse así entre las altas esferas. Era obligatorio mantener una discreción que aún a día de hoy necesita, porque sigue en activo. Aparecer en la película era el único modo de que el proyecto saliera adelante. La habilidad de este comerciante durante esos días era tal que recibió condecoraciones de los últimos líderes del apartheid y poco después de Nelson Mandela, una vez convertido en líder de Sudáfrica.
Además de ofrecer una idea de diplomacia paralela muy alejada a la que Corinna Sayn-Wittgenstein nos tiene acostumbrados, lo que vemos es la reconstrucción de una partida de ajedrez de este exasesor de Jaques Chirac, que conocía los movimientos de todas las fichas con el fin de «motivarlos más que de manipularlos» para poner fin al régimen de segregación racial.
