Esta vida moderna es un estrés. Tienes que actualizar tu Twitter, responder tus e-mails, hacer check-in en la cafetería, controlar tu Klout, actualizar tu LinkedIn, ver si esa chica tan mona ha puesto nuevas fotos en Facebook y, de paso, prestar alguna atención a Google +, que dicen que sirve para posicionar.
Dirás que para qué te meterás en tantas redes sociales. Pero no es solo eso: actualiza tu blog, lee tus suscripciones RSS, instala las actualizaciones de tus aplicaciones en tu iPad… No sigo, que me estreso yo también.
La tecnología nos ha abierto un montón de puertas y posibilidades, pero a la vez ha vuelto nuestra vida más compleja. Nos relacionamos con mucha más gente, hacemos muchas más cosas, pero también tenemos que estar pendientes de una cascada de tareas y notificaciones, avisos y alarmas que escapan a nuestro control y, por qué no reconocerlo, causan cierta desazón.
Por eso el futuro inminente de la tecnología pasa por la sinergia (ojo palabra). Básicamente se trata de ‘establecer relaciones’. Y no, no es eso de conectar con nuevos amigos en Facebook o followers en Twitter. Se trata de que las aplicaciones y dispositivos que rodean tu vida se conecten entre ellos y simplifiquen tu existencia.
De hecho eso de la sinergia es una palabra muy ‘2.0’, término que se lleva usando unos años como sinónimo de ‘moderno’, ‘online’, o ‘digital’. En teoría todos esos adelantos en forma de redes sociales, móviles, tablets, televisiones inteligentes y demás iban a servir para ayudarnos a eso de las sinergias. Lo de ligar en un chat hace unos años era sinergia, como sinergia debe ser encontrar trabajo a través de LinkedIn.
Pero la cosa se ha complicado un poco. Hay un aparato, aplicación o red social para cada cosa. Y luego están las modas, capaces de hacer que existan aparatos, aplicaciones o redes sociales para cada cosa… hasta que llega otro aparato, aplicación o red social que mola más. Ahora dicen que WhatsApp va a dejar de molar como molaba, que si Line, que si Viber… Un no parar.
Existe una disciplina de la sociología que tiene mucho que ver con la forma en la que todo este mundo digital ha invadido nuestra vida. O mejor dicho, con cómo hemos dejado que invada nuestra vida. Bastan experimentos sencillos: vas en el metro y la mitad de la gente va con la cabeza metida en su móvil, e-reader o tablet, algunos de ellos incluso con auriculares, aislados del resto en una burbuja. Esa rama de la sociología vendría a investigar el uso de nuestro tiempo y, en concreto desde este enfoque, cuánto de nuestro tiempo y qué tipo de tiempo concedemos a las nuevas tecnologías.
Se trata de la llamada sociología del tiempo, que investigaría por ejemplo el cambio del espacio y el tiempo, por repetir el ejemplo anterior, del metro. Antes la gente se miraba, o se evitaba. Se olía -por desgracia muchas veces- o se empujaba. Se escrutaba con la mirada para saber si alguien iba a asaltar ese asiento vacío. Ahora no. Ahora esas interacciones duran segundos, porque inmediatamente nuestros ojos y atención regresan a donde estaban: las pantallas que nos encadenan.
Piénsalo bien: ¿cuánto tiempo te quita tu relación con este nuevo mundo digital? ¿Qué haces durante tus viajes en transporte público? ¿Y en el trabajo? E incluso, ¿cuánto tiempo que antes dedicabas a tu familia y amigos dedicas ahora a este ecosistema digital? Es más, ¿qué porcentaje de tu relación con tus seres queridos ha pasado a estar mediatizado por aplicaciones, programas y dispositivos tecnológicos? Mucho, incluso en lo más íntimo: dar el pecho mientras se usa el smartphone, revelar sentimientos secretos a través de un programa de mensajería o gestionar tus cuentas bancarias desde una aplicación de tu tablet.
Esa misma sinergia que nos ha esclavizado es la que puede servirnos para liberarnos, al menos en parte. Porque volviendo a la idea de que las sinergias consisten en poner cosas en contacto y encauzarlas a un fin mismo… ¿qué mejor forma que reducir ese tiempo de cautiverio que coordinar esfuerzos?
Por ejemplo, conectar tu dispositivo móvil de Apple (iPhone, iPad, MacBook) con tu televisión. La pasarela podría ser Apple TV (si eres de Android entonces quizá prefieras Chromecast), que hace las veces de puente para ver en streaming lo que tú quieras. De hecho, como si quieres jugar a un juego del móvil con una pantalla de 42 pulgadas.
Igual que Hootsuite: una pasarela que te permite actualizar todas tus redes sociales a la vez. O esas aplicaciones como Contact+ que crean tu agenda de contactos a partir de fusionar todas tus redes sociales. O esos programas que te permiten acceder en remoto a cualquiera de tus ordenadores, por ejemplo desde tu móvil. O esas impresoras que se conectan a tu WiFi y hacen posible que cualquier dispositivo en su área de alcance pueda enviar cosas a imprimir sin instalar un solo driver.
Hay muchos ejemplos que nos rodean, pero la idea de base es la misma: unir posibilidades tecnológicas a nuestro alrededor para conseguir algo mejor y que, de paso, nos haga ahorrar tiempo. ¿Check-ins automáticos para Foursquare? ¿Asociar acciones como hace IFTTT? ¿Programar actualizaciones de Google+? ¿Poder loguearme en cualquier página con mis datos de Facebook? Todo eso ya se hace y es la punta del iceberg. Los humanos necesitamos recuperar parte del tiempo que las máquinas nos han hecho perder… aunque sea a cambio de seguir buscando soluciones a través de esas mismas máquinas, aunque combinadas.