Para viajar al pasado no hace falta ninguna extravagante máquina del tiempo que nos teletransporte a la dorada década de los 50 y los 60 en EEUU. Basta con contemplar alguna de las obras de Josh Agle, o lo que es lo mismo, Shag, para que en tu mente resuenen ritmos de jazz y melodías sacadas de la banda sonora de El guateque o Desayuno con diamantes.

Shag vive y trabaja en uno de sus lugares favoritos del mundo: Palm Springs, en California. Es uno de los representantes del movimiento artístico lowbrow, también conocido como surrealismo pop. Su seudónimo está formado por las dos últimas letras de su nombre y las dos primeras de su apellido y sus obras muestran el lado lúdico de la vida pero con dosis de ironía y crítica social que pueden percibirse si se contemplan sus cuadros con más atención.
Su estilo está basado en la ilustración comercial de los 50 y los 60, aunque la composición y los temas, como él mismo explica, son contemporáneos. «El estilo retro es sólo una fachada que esconde lo que realmente quiero comunicar con el arte».


En las obras de Agle, la presencia de la mujer es dominante. Ellas acaparan la atención, son las protagonistas. Ellos se limitan a ser meras comparsas, acompañantes necesarios y llevados a un segundo plano en un mundo femenino. Shag no piensa en clave feminista para elevar a una posición dominante a la mujer. «Las mujeres son más estéticas que los hombres», opina el artista californiano. «Las mujeres tienen curvas y formas artísticas, mientras que los hombres son rectos y angulares. Por eso prefiero darles protagonismo».
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Shag iba para contable y arquitecto, pero acabó licenciándose en Bellas Artes. Empezó su carrera en la ilustración comercial y sus diseños aparecieron en revistas tan importantes como TIMES o Forbes. Pero no decidió dedicarse exclusivamente a su faceta artística hasta el año 1998, cuando expuso su obra en la galería La luz de Jesús, una de las más influyentes de California. Para entonces, ya se mostraba interesado en el jazz, el arte lowbrow y la cultura tiki.
«Empezó gustándome la música de los 50 y los 60 y coleccionando discos de esa época. El estilo y los gráficos de algunas de las cubiertas de esos álbumes fueron muy inspiradores e influyentes en mi estilo. También admiraba el optimismo y el diseño de ese periodo».

Un periodo marcado, al menos estéticamente, por el hedonismo y el consumismo. Ambos aparecen reflejados en las pinturas de Agle, si bien de una manera superficial. Sin embargo, el trasfondo esconde aspectos más oscuros y críticos con este estilo de vida. Esa crítica puede esconderse en un objeto o un personaje siniestro o quizá la forma en que los protagonistas de sus obras se relacionan entre sí. «Lo que sentía sobre mi propia vida es lo que reflejo en mis pinturas. Me encantaba estar rodeado de cosas agradables y de gente muy sociable, pero nunca parecía suficiente. Tuve que dejar de beber alcohol y acudir a fiestas porque mi arte sufría».

Aunque define su estilo como modernista de mitad de siglo influenciado por el surrealismo pop, los referentes estéticos de Shag se encuentran en las décadas de los 40 y los 50. «Mis primeras influencias estaban en los artistas Gene Deitch y Jim Flora, creadores de las ilustraciones que aparecieron en gran número de portadas de discos de jazz y de revistas de aquella época. Su estilo deconstruido e influenciado por el cubismo me flipa y me gustaría reflejar ese mismo sentimiento en mi obra», afirma Agle.
Pero no son los únicos cuya influencia puede verse en los cuadros del californiano: Saul Bass, Rolly Crump y Charles Harper también se encuentran en la lista que detalla el artista.


De todos ellos aparecen siempre algunas pinceladas de estilo en las pinturas de Shag, «pequeños detalles como la manera en la que pinto los pies o que no haya transiciones de sombra o color en mi estilo».
El color también es un elemento que llama la atención en la obra de Josh Agle. «Me gusta la combinación de colores complementarios», explica el artista. «Naranja y púrpura, verde lima y violeta, verde y magenta. Por alguna razón un tono o matiz púrpura aparece en casi toda mi obra. Mis colores favoritos, el color mandarina y el verde lima, evocan uno de mis lugares favoritos: Palm Springs».

Shag apenas usa herramientas digitales en su obra. «Uso el acrílico sobre madera o lienzo. Cuando hago una edición de grabados, normalmente son casi siempre serigrafías tiradas a mano». Empieza dibujando a lápiz y luego va poco a poco redefiniendo el dibujo hasta dar con el que le convence. «Combino varias ideas y dibujos para hacer una composición y normalmente decido antes qué combinación de colores quiero elegir. Normalmente trabajo sobre un dibujo ya muy ajustado a lo que va a ser el resultado final», explica su método creativo.
La jornada de trabajo de Agle es larga. «Me levanto muy temprano, normalmente entre las 6:00 y las 6:30 de la mañana porque es la hora en la que soy más creativo. Pinto y dibujo dos horas y luego atiendo a la parte comercial de ser artista durante el resto del día. A veces me tengo que pelear con la creatividad y me siento bloqueado. En ese caso, hago surf».

Sólo cuando quiere realizar alguna serigrafía y necesita pasar sus diseños a un fotolito que usará para estampar en la pantalla de seda usa el ordenador. «Básicamente, una vez que he terminado de pintar a mano, lo escaneo y lo redibujo completamente (en realidad, es como si fuera un calco), por lo que está en formato vectorial. Ocasionalmente dibujo alguna pieza en el ordenador, pero prefiero hacerlo a mano».
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La obra de Shag se expondrá en La Fiambrera del 9 de septiembre al 5 de noviembre con el título Drinking Spree. Estará formada por 6 obras nuevas creadas para esta ocasión y una representación de serigrafías y obras recientes de su colección privada.

