Hace más de una década, cuando TeamLabs/ decidió sacar la universidad a la calle, sonó a locura. Quitar el campus, poner a los estudiantes a crear empresas reales desde el minuto uno y cruzarlo todo con una metodología finlandesa basada en confiar —de verdad— en la gente joven. Hoy, esa locura tiene un nombre que ya suena en corporaciones, start-ups y listas Forbes: LEINN.
Un grado oficial universitario en Liderazgo Emprendedor e Innovación de Mondragon Unibertsitatea —una universidad de excelencia académica de la mayor cooperativa del mundo— que se realiza en los laboratorios urbanos de TeamLabs/ en Madrid, Barcelona y Málaga, donde la educación no se encierra en aulas, sino que se mezcla con empresas, ciudadanía, retos reales y tecnología. Aquí no se hacen simulaciones, se trabaja con dinero, clientes, socios y proyectos reales, y se aprende con esta práctica constante en la vida real.
Cuando TeamLabs/ nació en 2011, no quería hacer ‘otra universidad’. Quería construir un laboratorio de aprendizaje radical, un entorno híbrido donde se vive más como equipo que como clase. Desde entonces, su impacto no solo está en los proyectos creados por los estudiantes, sino en cómo esa metodología se ha filtrado en nuevas escuelas, programas educativos y modelos de innovación empresarial.
Quince años después del famoso «Una carrera sin exámenes», LEINN ya no necesita provocar para llamar la atención. Le basta con sus números: 97% de empleabilidad, 34% creando empresas, 63% incorporándose a corporaciones y start-ups. Y una comunidad global creciente de jóvenes que ya no hablan de qué estudiar, sino de qué construir, lanzar, validar o escalar.

Los leinners facturan
Los leinners no hacen trabajos ficticios, sino que facturan. Y a veces mucho. De aquí han salido marcas de moda muy conocidas entre la generación Z, como Yuxus, One Dilemma, Cold Culture, Goatedlink, Coast BCN y Mas1; productos comestibles y sostenibles como Gloop; proyectos de economía circular como Gravity Wave; tecnología útil como Lup; papel que se planta (Sheedo); consultoras de IA (SAPINN); agencias que conectan corporaciones con la generación Z (Mazzin) o empresas que fabrican soluciones energéticas autónomas (Staria Technologies). Hasta Casa Napoli, una marca de pizzas napolitanas listas para disfrutar en casa. Sí, también pizza.
Mientras otros grados simulan empresas, aquí se abren tiendas, se lanzan apps, se organizan eventos, se gestionan campañas y se negocian presupuestos. Hay equipos que han facturado más de un millón de euros antes de graduarse.
Corea del Sur, India, Costa Rica, Finlandia… Viajan porque el aprendizaje no entiende de fronteras. Cambian de cultura, de contextos y de mentalidad. «Cada destino me ha enseñado algo distinto: adaptabilidad, empatía, visión global y una curiosidad constante por entender cómo se construyen los proyectos en diferentes culturas», dice Daniel Canales, que cerró su grado con un TFG sobre inbound marketing y una visión global que no se aprende en PDF.
Guillermo Padilla lo explica de otro modo. «Para mí, emprender siempre fue la forma más rápida de aprender». Por eso creó una agencia desde cero, se metió después en una multinacional para entender el mundo corporate desde dentro y volvió a emprender cuando entendió qué tipo de proyectos quería construir. «LEINN no te enseña a elegir bando, te enseña a moverte por ambos».
Hay quienes nacen emprendedores sin saberlo. Como María Bou, que empezó vendiendo pulseras a los ocho años, montó una marca a los 19 y descubrió que no quería «hacer números para otros», sino para sí misma. En LEINN encontró tiempo, equipo y estructura para convertir ese instinto en método. «Emprender es difícil. Me lo imaginaba como libertad, pero también hay noches sin dormir y excels imposibles». Aun así, repite: «No lo cambio por nada».
Raquel Canosa, CEO y madre de un leinner, reconoce que lo más sorprendente del grado es lo simple y poderoso del modelo y sus valores. «Aprenden creando empresas reales, con un equipo, viajando por el mundo, enfrentándose a retos auténticos desde el día uno. También me gusta que defiende los valores: de un equipo, de respetar a las personas, de honestidad».

LEINN en el mundo real
De las aulas a Iberia, Cabify, Sacyr, Wayra, LaLiga, IBM, Google, BBVA, EY, Camper o Too Good To Go. Más de 1.200 leinners trabajan ya en corporaciones del IBEX 35, grandes tecnológicas o start-ups de alto impacto. Otros se dedican al crecimiento digital, la automatización, la IA o el no-code. Y once de ellos están en la lista de Forbes 30 Under 30. No es casualidad. LEINN es una fábrica de talento que entiende las reglas del futuro porque vive en él desde el día uno.
¿Qué pasa por dentro? «Pasa que la incertidumbre, el error, el dinero, el diálogo, los conflictos de equipo y las decisiones difíciles también forman parte del currículo académico», explica Ibai Martinez, cofundador de TeamLabs/. O, como resume el leinner Diego Zudaire, «esto no es una carrera más. Es un impulso. Los leinners no sueñan, los leinners hacen los sueños realidad».
A veces, para cambiar la educación basta con dejar de esconder la vida real fuera de la universidad. TeamLabs/ lo hizo hace más de una década y hoy su apuesta tiene forma de grado, de comunidad y de empresas vivas. LEINN no es solo un título. Es un entrenamiento intensivo para moverse en un mundo que ya no perdona la pasividad.
Los que pasan por aquí aprenden rápido una sola regla: la mejor manera de prepararte para el futuro es empezar a construirlo.






