Mae, tuanis y otras palabras que el español inventó en Costa Rica

costa rica san josé

Compartir idioma no significa necesariamente hablar igual. Basta viajar unos cuantos miles de kilómetros —y a veces muchos menos— para descubrir que una palabra perfectamente cotidiana en un lugar puede provocar desconcierto en otro.

Las fronteras del español no coinciden necesariamente con las de los países. Dentro de España, México, Argentina, Colombia o Costa Rica existen palabras y expresiones que pueden resultar completamente familiares en una región y prácticamente desconocidas en otra. El vocabulario cambia entre países, pero también entre comunidades, provincias, ciudades e incluso generaciones.

Esa es precisamente una de las gracias de un idioma hablado por más de 500 millones de personas: su extraordinaria capacidad para cambiar sin dejar de ser el mismo. Así que hemos decidido viajar por el español a través de esas palabras y expresiones que revelan dónde estamos y, de paso, cuentan algo sobre quienes las utilizan. Empezamos en Costa Rica. Otro día tocará detenerse en otro rincón de este enorme mapa lingüístico.

Porque conocer un lugar no significa solo recorrerlo, probar su comida o visitar sus monumentos. También conviene aprender a escucharlo.

Pura vida para casi todo

Si hay dos palabras que se repiten a lo largo del día en todos los rincones de Costa Rica esas son pura vida. Sirven como saludo y, más allá de su significado literal, se han convertido en una forma de expresar esa manera optimista y acogedora de enfrentarse a la vida que los propios costarricenses han convertido en seña de identidad. Pero quizás lo más curioso es que la expresión tica por antonomasia tiene sus raices… ¡en México! Si quieres conocer por qué, te lo contamos al final de este artículo. 

 

Pero el español costarricense tiene bastante más repertorio. Por ejemplo, mae una de esas palabras que empiezan a aparecer por todas partes en cuanto uno afina un poco el oído. Sirve para dirigirse informalmente a otra persona y funciona de manera parecida a nuestro «tío» o «colega»: «¿Todo bien, mae?».

Su historia es además un pequeño ejemplo de cómo cambia un idioma. Según explican desde la Universidad de Costa Rica, mae procede de maje, que originalmente se utilizaba con el sentido de tonto o idiota. Según un estudio de los lingüistas Jorge Antonio Leoni de León y Sergio Cordero Monge, la palabra fue perdiendo esa connotación y, además, la j intervocálica terminó desapareciendo: maje se convirtió en mae. Hoy puede utilizarse incluso indistintamente para hombres y mujeres.

Por otro lado, si algo está bien, gusta o resulta agradable, probablemente sea tuanis. Y aquí aparece otra historia lingüística curiosa. Aunque circula la tentadora teoría de que procede del inglés too nice, su origen se relaciona con el malespín, un antiguo código centroamericano basado en sustituir unas letras por otras. Aplicando sus equivalencias a buenos se obtiene precisamente tuanis. Mucho más retorcido que too nice, pero también bastante más interesante.

Y si algo es bonito, impresionante o atractivo también puede ser chiva. Para los objetos cuyo nombre se ha olvidado —o que sencillamente no merece la pena precisar— existe una solución maravillosa: chunche. «Pásame ese chunche» y asunto resuelto.

También está diay, una de esas palabras difíciles de trasladar porque puede expresar sorpresa, duda, resignación o molestia dependiendo del momento. Y si las cosas van estupendamente, van a cachete, la expresión puede significar que algo es muy bueno o excelente y también que hay algo en abundancia. En el extremo contrario aparece guácala, perfecta para manifestar asco o desagrado sin necesidad de extenderse demasiado.

¿Y por qué ticos?

Hasta el propio nombre coloquial de los costarricenses tiene una historia lingüística detrás. Tico está relacionado con una peculiaridad tradicional del español costarricense: su afición por el diminutivo -ico.

La explicación más extendida sitúa el origen del apodo a mediados del siglo XIX, cuando los costarricenses utilizaban con especial frecuencia formas como hermanitico o chiquitico. Aquella terminación terminó dando nombre a quienes la pronunciaban y hoy tico es probablemente una de las palabras más reconocibles asociadas al país.

Chinear también es querer

Los localismos cuentan cosas sobre los lugares donde nacen y sobre la manera en la que se relacionan quienes los utilizan. En Costa Rica, por ejemplo, chinear  puede significar mimar o tratar a alguien con cariño. Una palabra bastante más eficiente que toda la explicación anterior.

La cortesía también tiene sus particularidades. A un «gracias» se responde habitualmente con con gusto, mientras que ¿me regala…? (WordReference) es una fórmula coloquial utilizada en Costa Rica para pedir algo, especialmente en comercios, sin que nadie espere recibirlo gratis. «¿Me regala un café?» no significa que el café corra por cuenta de la casa.

El lenguaje funciona así: las mismas palabras pueden viajar de un territorio a otro y adquirir significados distintos según donde recaigan. Lo que para alguien es la manera más normal del mundo de nombrar una cosa puede sonar exótico apenas unos kilómetros más allá.

Una soda en la que no se bebe soda

Aquí empiezan las trampas para el visitante. Entrar en una soda en Costa Rica no significa necesariamente ir a comprar un refresco. La palabra designa allí un establecimiento popular, generalmente más pequeño que un restaurante, donde se sirven comidas y bebidas.

Y allí es bastante probable encontrarse con un casado, uno de los platos más representativos de la cocina costarricense: arroz, frijoles, plátano y otros acompañamientos que pueden variar. Sobre el origen de su nombre existen distintas historias —desde la comida completa que esperaría encontrar un hombre casado en casa hasta los ingredientes «casados» en un mismo plato—, pero ninguna está suficientemente demostrada. Mejor, por tanto, no casarse con ninguna, 🙂

Para el desayuno aparece el omnipresente gallo pinto, la mezcla de arroz y frijoles convertida en uno de los grandes emblemas gastronómicos del país. Su historia es más compleja de lo que parece: la investigadora Patricia Vega, de la Universidad de Costa Rica, relaciona el plato costarricense con el rice and beans de la cultura afrocaribeña y su llegada al Valle Central a través de quienes habían trabajado en las zonas bananeras del Caribe. Sobre el nombre, de nuevo, hay varias hipótesis. Una lo relaciona con el aspecto moteado de la mezcla, semejante al plumaje de un gallo pinto, pero no existe una explicación única aceptada.

Y, atentos a los amantes del café porque este puede llegar chorreado, una técnica tradicional en la que el agua caliente atraviesa el café molido contenido en una bolsita de tela sostenida por un chorreador, habitualmente de madera.

También conviene aprender qué es una pulpería. Nada que ver con los pulpos: en Costa Rica y otros países americanos designa una pequeña tienda en la que se venden víveres y otros productos cotidianos. Algo parecido a los colmados o ultramarinos españoles.

Ahí está precisamente buena parte de la gracia. Chunche, mae, tuanis, soda o pulpería no son simples curiosidades para coleccionar en una libreta de viaje. Cada una lleva adherida información sobre cómo se vive, se come, se trata a los demás o se mira el mundo.

Y Costa Rica es solo una parada. Porque basta recorrer el mapa del español para comprobar que compartimos palabras, pero también malentendidos; expresiones que atraviesan continentes y otras que apenas sobreviven fuera de una comarca; vocablos antiquísimos y otros recién inventados.

Compartimos un idioma, sí. Por suerte, no lo hablamos todos igual.

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Patrick Thomas

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