Llevamos años mensajeando, texteando y wasapeando pero, al principio, no todos se atrevían a pronunciarlo así. Daba un poco de vértigo. Estábamos acostumbrados a decir «voy a enviar un mensaje» y eso del mensajeo sonaba un poco bárbaro, vago, como un intruso que quiere entrar en el vocabulario pero al que todavía, desconfiados, miramos de reojo.
A los jóvenes y adolescentes los neologismos no les dan miedo. En cambio, a muchos adultos, presos de las normas y el bien hablar, les rasca la lengua cuando sueltan algún palabro que aún no ha sido consagrado desde los sillones de la RAE.
La primera vez que balbuceas una palabra nueva puedes sentir la lengua resbaladiza. Dudas, vacilas. La inseguridad se deja ver en la entonación. Pero después, la costumbre hace ley. Eso ha ocurrido con mensajear, textear, wasapear. La economía del lenguaje, y su principio de condensar las letras para hacer el mínimo esfuerzo, ha impuesto en el vocabulario estos neologismos y la Fundación del Español Urgente (Fundéu) las ha admitido como «adaptaciones adecuadas en español».
Hace años que estas voces no solo corren por las conversaciones. También encabezan titulares en la prensa:
«Choca por mensajear por celular» (La Tarde, 10 de junio de 2016)
«Colombianos prefieren textear y no llamar para comunicarse con sus contactos» (Elpais.com.co, 17 de junio de 2017)
«Mi abuela wasapea» (Diario de Navarra, 5 de octubre de 2016)
Así que, la próxima vez que lo necesites, pronúncialas sin miedo. «Genio y figura tienen las palabras. Algunas de ellas… sobre todo los verbos, que son muy orgullosos», dijo el huevo Humpty Dumpty a la niña, en Alicia a través del Espejo. «Con los adjetivos puede uno hacer lo que le dé la gana, pero no con los verbos».
Reivindico INTERNETEAR! Navegar es demasiado antiguo, bucólico y bonito… Mucho más que teclear y clicar con los ojos fijos en una pantalla de bits infinitos!!