El Lope de Vega de El Ministerio del Tiempo es putero, pendenciero, tabernario y vanidoso. (Por supuesto, también maestro del habla en verso sin esfuerzo). Retrato atípico de un personaje histórico en una televisión pública española.
Lope en su primera escena, con la cara limpia, bigote estrecho, camisa negra y espada al cinto, toma a una moza de taberna por la cintura.
—Esa dama estaba conmigo, así que ya os podéis ir con viento fresco —dice un joven desgreñado y borracho.
—Eh, quieto —dice Lope, sereno y altivo—. Beber turba el sentido, y por lo que veo, vos debiste venir al mundo… en una garrafa de vino.
Lope ha mirado alrededor antes de rematar la frase. Con la pausa ha captado la atención de los parroquianos. Pequeña prueba de talento de quién será considerado Fénix de los ingenios.
UN LOPE HUMANO
De aquí en adelante, los guionistas remarcan la naturaleza humana de Lope, alejándose de los libros de texto. En una escena, Lope seduce a una mujer a la que toma por casada; en otra, con los pantalones colgando, huye del furioso padre de una joven.
Este Lope es un personaje de vodevil: el español de pelo en pecho, amigo del vino y las mujeres. Un pichabrava, en palabras de uno de los viajeros del tiempo. Un acierto de los hermanos Javier y Pablo Olivares, los creadores de la serie.
Lo habitual en las televisiones públicas (nacional y autonómicas) son las biografías sin aristas. Ficciones con intenciones didácticas o políticas (acercar el padre de la patria a los ciudadanos). Producciones centradas en los logros en lugar de las vidas íntimas de los personajes. Por esto, con frecuencia el biopic (el subgénero biográfico) interesa tanto como los vídeos (ajenos) de viajes familiares.
Por otro lado están los programas de humor (como los José Mota) que construyen momentos utilizando a personajes como Cervantes o Juana la loca. En estos casos, uno espera la irreverencia (y exagerada), pero no espera un retrato fuera de tono como el de Lope en una serie de RTVE de tono realista. (El tono de El Ministerio del Tiempo es realista aunque el género de la serie es el fantástico).
Y sin embargo, esta estampa de Lope es cercana al verdadero Lope, un tipo que tuvo tres amantes —conocidas— y dos esposas. Un Lope que aún ordenado sacerdote no dejó de tener aventuras con mujeres. Es una construcción del personaje a la manera de la ficción norteamericana. Conocemos la Historia de los Estados Unidos porque Hollywood la enseña entre tiros, carreras y besos.
EL LAZARILLO DE TORMES ¡VIVE!
Igualmente atrevido es retratar a Lázaro de Tormes como si realmente hubiera existido. Con frecuencia, el audiovisual español se ha acercado a la literatura con excesivo respeto (como se ha acercado a la Historia). Por contra, la ficción de lengua inglesa versiona su literatura para las nuevas generaciones.
Tomemos como ejemplo un personaje de ficción: Sherlock Holmes. Un espectador recordará a Holmes con al menos cinco o seis rostros del casi centenar de actores que ha encarnado al personaje. Entre estas reinterpretaciones las hay canónicas, paródicas e incluso irreverentes. (En Sin pistas, Watson resuelve los crímenes; Holmes es un actor alcohólico, una cara para los periódicos).
Por contra, el mismo espectador apenas recordará películas y series sobre don Quijote. Quizá porque las adaptaciones han sido respetuosas con el texto de Cervantes, incluso las obras para niños. Estas producciones no han conectado con los gustos de la mayoría de los espectadores actuales.
Por esto, uno cree que parte del éxito de El Ministero del Tiempo se debe al atrevido acercamiento sin pudor a figuras históricas y literarias. Junto con Lope y las fugaces apariciones de personajes históricos, la feliz idea de un Velázquez delicado, ególatra, pasional, y admirador de Picasso, con quien tendrá una tertulia de café.
La aparición de Picasso se convierte en una metáfora. El pintor malagueño crea un movimiento pictórico reinterpretando Las Meninas de Velázquez (entre otras obras de otros artistas). La enseñanza para el guionista, el escritor, el artista es evidente: no se trata tanto de crear algo nuevo como de mirar con nuevos ojos. Una mirada sin reparos como la de El Ministerio del Tiempo.