Perro Sanxe ataca con un vuelo en Falcon. M. Rajoy lanza un plasma. Carles Puchimont embiste con un maletero y Espe Aguirra se da a la fuga en coche por Gran Vía. En Moncloa’s Fighter, elegir personaje supone también elegir un repertorio de referencias de la política española de los últimos años. Aquí se activan con una combinación de botones.
El juego de Gastón Bruno recupera la estética y las mecánicas de los salones recreativos de los noventa para poner a combatir a caricaturas de políticos. Los nombres están cambiados; los parecidos forman parte de la diversión. También los escenarios: el Congreso, la Moncloa, las calles Ferraz y Génova o un plató de debate electoral son algunos de los lugares donde encadenar puñetazos, patadas y ataques especiales.
Antes de empezar hay que elegir líder y aliado. Se puede pactar con cualquiera, incluido el bloque contrario. El compañero entra a echar una mano en pleno combate y, como en Marvel vs. Capcom, puede tomar el relevo y seguir peleando. Aquí los acuerdos tienen una utilidad inmediata.

Al ganar el combate decisivo llega otra elección: aplicar el castigo propio del personaje, la INCONSTITUCIONALITY, o conceder una INDULTALITY. En esta última cae el BOE, se estampa el sello y el indultado celebra su suerte. Entonces el folio le hace un corte de papel.
Todo empezó con Carmena
Mucho antes del Falcon y los indultos, Bruno había pensado en reunir a unos cuantos personajes de Madrid. Era 2016 o 2017 y el proyecto se llamaba MAD-fighters. En aquel reparto cabían Manuela Carmena, los heavys de Gran Vía y el Spiderman de la Plaza Mayor.
Empezó por el Ayuntamiento como escenario y por Carmena como primera luchadora. Después se hizo autónomo y el juego se quedó en un cajón.
Lo recuperó durante la pandemia, después de comprar un curso de videojuegos online. Para entonces ya conocía Unity y su comunidad, lo que le facilitaba avanzar. Fue también cuando decidió dar todo el protagonismo a los políticos: pelearse era, a su juicio, lo que no paraban de hacer cada vez que se juntaban en el Congreso.
La vuelta a la actividad tras la pandemia volvió a dejar el proyecto en pausa. El desarrollo se alargó tanto que algunos políticos desaparecieron de primera línea antes de que el juego estuviera listo. También fue cambiando el estilo visual: unos personajes quedaron más estilizados; otros, más cabezones.
El siguiente impulso llegó con la inteligencia artificial. Bruno encontró una forma de delegar parte de la programación y concentrarse en desarrollar la idea. Primero recurrió a Kimi, que le recomendó llevar el juego a JavaScript y hacerlo accesible desde el navegador y el móvil. Después trabajó con Claude para afinar movimientos y ataques. El motor de lucha está escrito desde cero en JavaScript, con ayuda de Claude Code, y las reglas, los combos y los pactos se han ido ajustando partida a partida.
Que se reconozca incluso dando una patada
Antes de programar un ataque hay que decidir cómo lo ejecutaría ese personaje. Cómo se planta, cómo cierra el puño, qué gesto conserva al moverse. En Moncloa’s Fighter, ese trabajo empieza a lápiz, con bocetos de proporciones, poses y caras. El tupé, la mandíbula o el traje tienen que seguir diciendo quién es quién cuando empieza el combate.
Después llegan las hojas de sprites, las imágenes que componen las animaciones. Según explica Bruno en la presentación del proyecto, todos los personajes se han retrabajado a mano en Photoshop, pose a pose: corregir una cara que pierde el parecido, ajustar proporciones, redibujar manos y contornos o unificar el color. El repaso continúa en Procreate, píxel a píxel.

Cada luchador tiene alrededor de cien fotogramas para ponerse en guardia, caminar, saltar, golpear, ejecutar sus especiales y celebrar. Y cada pose tiene también una versión magullada: a medida que avanza la pelea aparecen moratones, chichones y tiritas.
Los escenarios siguen esa misma atención al movimiento. Son 23 lugares de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Santander, con público, banderas y agua animados mediante fotogramas redibujados. La música de cada escenario se ha creado con Lyria y la locución, a partir de un guion propio, con ElevenLabs.
El resultado se juega gratis desde el navegador, con teclado, controles táctiles o un mando compatible. Quien completa el modo arcade ve a su candidato entrar en la Moncloa y anunciar su primera medida.
Las peleas, aquí
Bruno tiene una petición para los protagonistas del juego: «Peleaos aquí, sed conscientes del ridículo que hacéis, pero ahí dentro tomáoslo en serio y currad; llegad a acuerdos, que la política es diálogo».
Cuenta que el mensaje terminó de tomar forma al ver cómo se rechazaban unos decretos sobre vivienda. «Puedo entender que haya ideologías diferentes, pero la educación, la salud o la vivienda deberían ser intocables». Le frustraba lo que describe como un «reality show del “y tú más”».

Durante el desarrollo apareció otro propósito: que personas de distintas ideologías pudieran compartir la diversión y rebajar un poco la tensión. «Sé que esto no soluciona nada, pero si en lugar de pelearte con un amigo por política, sueltas la frustración en un juego contra los propios políticos, mucho mejor».
Los jugadores, eso sí, también han llevado sus preferencias a la partida. Según cuenta Bruno, al principio una confusión con los controles del móvil hacía que muchos eligieran a Perro Sanxe, disparando sus estadísticas de uso. Algunos seguidores de Obiscal se picaron y empezaron a subir las de su personaje. El episodio terminó, asegura, con los datos globales borrados y la web caída durante unos minutos. Tuvo que restaurarla y reforzar la seguridad.
El gusto de terminarlo
Tras tantos años de desarrollo, el tramo final fue rápido. Bruno explica que pensaba disponer de tiempo hasta 2027, pero que el anuncio electoral le llevó a acelerar el lanzamiento. Pasó una semana trabajando más de diez horas al día, mientras compartía avances en redes y recibía ánimos de amigos y familiares.
Una vez publicado, llegaron felicitaciones de compañeros de agencias, creadores de marcas y desconocidos que encontraban su teléfono en la web y le escribían por WhatsApp. «Fue algo raro porque no me gusta ser el foco de atención, solo intentaba terminar un proyecto personal y rascar alguna visita a mi web».
Buena parte de la recompensa había llegado antes, mientras probaba cómo mejorar un movimiento o resolver un ataque. Bruno compara ese proceso con el placer de estar en una terraza con amigos: «Soy un afortunado por poder crear mi propio espacio y disfrutar en él».

Ahora ese espacio está abierto a cualquiera que quiera elegir personaje. Incluso a quien lleve años diciendo que ninguno le representa.






