El origen de la expresión ‘no hay tutía’ (sí, está bien escrito)

no hay tutia

Cuando algo no tiene remedio ni hay dios que lo arregle, solemos decir que «no hay tu tía». El problema viene cuando queremos escribirlo, porque, aunque no habrá nadie que te lo corrija, la versión original y más fiel al vocablo real es «no hay tutía». Y a poco curioso que se sea, es lógico preguntarse de dónde viene esta expresión y qué diantres es una tutía.

Aquí es cuando tenemos que recurrir a la etimología, y un primer paso en nuestra pequeña investigación nos lleva al Diccionario. Allí descubriremos que tutía viene, en realidad, de atutía, que es una palabra de origen árabe que hace referencia a los restos de óxido de zinc que se quedaban pegados en los hornos donde se fabricaba latón.

Esos restos, mezclados con otros minerales, daban lugar a la atutía, y con ella se hacía un ungüento muy apreciado que los médicos de antaño (de muy antaño) usaban para curar gran número de enfermedades, y muy en especial, las que afectaban a los ojos, tipo orzuelos. Si el mal no podía curarse, no había tutía que lo remediara.

Lo de «no hay tu tía» actual es, por tanto, es una deformación que el Diccionario Panhispánico de Dudas explica por el desuso de la (a)tutía original (para qué recurrir a la alquimia teniendo colirios estupendos en la farmacia). Los hablantes —mejor dicho, los escribientes— ya no reconocían la forma primigenia de la palabra ni su uso medicinal, así que supusieron que debía escribirse separado: «tu tía», y así ha quedado, ya plenamente aceptado por la RAE.

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Patrick Thomas

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