La portada que cambia según cómo la mires

Detrás de cada portada de la edición impresa de Yorokobu suele haber horas de café, bocetos descartados y algún que otro dolor de cabeza. Pero la de este mes tiene una energía distinta. Nace de un concurso que montamos junto al Creative Campus de la Universidad Europea para contagiarnos de esa mirada de quien tiene todo el futuro por inventar. Hubo mucha participación, el nivel estuvo reñidísimo y nos encontramos con mentes hambrientas que funcionan como esponjas. De entre todas, hubo una pieza que nos obligó a lo que más nos gusta: frenar en seco y mirar dos veces.

El culpable es Guillermo Turiel. Su propuesta es un lienzo fluido de verdes y azules que juega al despiste. Si miras hacia arriba, estás en el fondo de un bosque espeso contemplando las copas de los árboles, pero si cambias la perspectiva, te encuentras sobrevolando un mapa orgánico surcado por ríos y senderos. «Esta ambigüedad conecta con la esencia de Yorokobu —dice Guillermo—. La composición crea un recorrido visual continuo que invita a parar, observar y descubrir nuevas lecturas dentro de una misma imagen, reforzando la idea de que siempre hay diferentes maneras de ver una misma realidad».

 

Lo bonito es que esa doble lectura de la portada también se parece mucho a la historia de su autor. Guillermo se licenció en Derecho y trabaja en un bufete de abogados, pero el runrún de la creatividad ha terminado ganando la partida. Al darse cuenta de que su verdadera vocación no eran las leyes, sino el diseño editorial y la ilustración, decidió dar un golpe de timón y se matriculó en la UE para formarse en lo que de verdad le mueve. De momento, hace malabares compaginando el juzgado con las aulas, mientras prepara el salto definitivo. Una lección de madurez que demuestra que nunca es tarde para cambiar de perspectiva y reescribir tu futuro.

El subidón final llegó en la gala de la mano de Óscar Llorens —ilustrador consagrado y miembro del jurado—, que, tras soltar unos cuantos consejos realistas sobre los entresijos del oficio, le entregó el premio. «Este reconocimiento quizás signifique que la idea de apostar por la creatividad igual no era tan descabellada», asegura Turiel. Al final, de eso va esto, de celebrar el talento fresco y recordar que las mejores historias empiezan cuando te atreves a cambiar de formato.

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Sobre nosotros

Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

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