Hay preguntas tan enormes —qué es la Historia, qué es el amor, qué es la poesía…— que, cuando te retan a responderlas en un ensayo, más que un desafío que encaras con valentía y la seguridad que te dan tus años de carrera profesional, se convierten en un berenjenal.
Una sensación parecida es la que tuvo Roberto Villar Blanco cuando José Luis Ibáñez, director de la colección “Qué es” de la editorial Sílex, le propuso escribir un breve ensayo alrededor de una pregunta muy muy concisa: Qué es el humor.
«Por un lado, me parecía imposible llenar 70 páginas, y conforme lo vas haciendo ves que ni en 7.000. Partimos con esa premisa de que puede haber puntas, caminitos, ramas para ver por dónde tirar. Pero, por otro lado, fue un desafío chulo. Yo tenía mi idea de lo que era el humor, y, sobre todo, del sentido del humor, que es por donde llevé más el ensayo. Pero plantarme en plan profesor de “esto es así, esto es asá”, ya le dije que no lo iba a hacer, que prefería hacer una cosa más personal. Yo no sé ni escribir ese tipo de cosas, algo tan formal, tan riguroso, tan de profe… Y me dejaron».
Para tratar de responder a tamaña pregunta, Villar fue tirando de esos hilitos y saltando de rama en rama. Empezó por cambiar el sentido de la pregunta. Más que intentar dar una definición, este guionista y escritor argentino afincado en Madrid, que ha escrito para diversos programas de televisión y ha sido colaborador de espacios radiofónicos como Hoy por Hoy (SER) con la sección “Biografías no autorizadas”, optó por explicar para qué sirve el humor.
«Acá hay pistas de lo que yo creo que puede llegar a ser el humor o, por lo menos, cómo encarar el humor. Y lo más cercano a eso para mí es el sentido del humor, la parte del humor que nos toca a cada uno. Todos tenemos algún sentido del humor».

La piel de plátano
Diferenciar ambos conceptos no es fácil, aunque Roberto Villar tiene claro que son dos cosas diferentes. «El sentido del humor es una manera o una parte de cómo estás en la vida. Es una faceta tuya, de tu personalidad, que es más amplia, o menos amplia, o está más dirigida en un sentido o en otro… Todos tenemos un sentido del humor, a mi entender, pero es una parte de la personalidad de uno», aclara.
«En cambio, lo que llamamos humor yo lo asocio más a la comedia, a un tipo de humor, por decirlo así, que recibimos: una película, un libro, una canción… Un formato del humor. Y todo eso es tan inabarcable, creo yo, porque la comedia y el drama son casi la misma cosa, es casi un oxímoron. Son muy cercanas, la misma cosa».
Para el guionista y escritor, el mecanismo del humor —lo que te hace reír— es el mismo que el que te hace llorar. En ambos casos, se trata de «una interrupción de lo normal», «la presencia de algo nuevo repentino» que cambia el transcurso de la acción y su resultado.
Villar repite varias veces el ejemplo de un clásico en las comedias: pisar una piel de plátano. «Es una sorpresa, una incongruencia en el camino normal que esperas recorrer. Aparece, resbalas, te caes y eso genera humor. Pero si aparece, resbalas, te caes y te rompes la cadera, ya es un drama. El mecanismo es el mismo: la sorpresa, lo inesperado, la ruptura de lo habitual».
De esta manera, busca justificar que comedia y drama van juntos y se entremezclan. «Por eso, aunque hay muchas definiciones del humor por ahí, para mí el humor es una parte de la comedia y del drama, y, por lo tanto, una parte de tu vida. Y una parte muy notable de tu grado de inteligencia. Considero que todos somos inteligentes, todos tenemos un grado de inteligencia. Y eso puede ser el humor, un grado de inteligencia, una muestra de inteligencia».
De hecho, esa es la primera definición que da sobre el tema en su ensayo: «El humor es la más alta expresión de inteligencia». «Inteligencia en el sentido de adaptación, de adaptarte a situaciones, y a situaciones nuevas», matiza para borrar todo atisbo de soberbia en semejante afirmación. «Toda la formación que recibes de lo que vas aprendiendo en la vida te va formando o transformando también el humor y el sentido del humor».

Universal y aglutinador
Siguiendo los hilos que van surgiendo de la madeja, Roberto Villar se atreve a dar otro atributo del humor, que, a su vez, también podría verse como una cosa y su contraria: estaríamos ante algo que podríamos definir como universal, pero que cada sociedad, cada cultura lo entiende de una manera particular. Y, al mismo tiempo, algo que funciona como un elemento aglutinador, socializador.
«Es universal, porque el mecanismo que genera el humor, que te puede llevar a la risa, a la sonrisa o a la carcajada, es el mismo. Pero después también es muy local. Necesitamos compartir códigos», matiza.
«A mí me paso a nivel profesional. Yo había hecho algo de humor en Argentina: humor gráfico, chistes y tal. Pero no tiene nada que ver —o poco que ver— el humor que puede funcionar en Argentina con el que funciona acá. Hay cosas que sí, que son fácilmente adaptables, pero a mí me costó. Mi gran trabajo aquí, cuando empecé a escribir humor, era hacerlo en español, no en argentino. Porque yo he disfrutado de Gila, que hacía allí los mismos monólogos que aquí y se entendía perfectamente. Hay humores que abarcan más, como Les Luthiers. Pero yo puedo contar un chiste acá, incluso ahora, siendo humor absurdo, y lo cuento después en China y nadie me entiende allá», explica recurriendo a su propia vivencia personal.
«Es aglutinador en el sentido de que, para que funcione, debe ser compartido, debe tener un código en común. Y eso une a la gente. Así que creo que tiene una faceta universal, el mecanismo que lo provoca, y una muy local. Incluso tiene una faceta íntima, porque hay cosas de las que uno se ríe y que se las guarda para sí. O lo hace en muy petit comité».

Espada y escudo
Saltando de rama en rama en un árbol tan inmenso como es el del humor, nos topamos con otra de sus funciones: es una herramienta, una especie de navaja suiza que puede servirnos para muchas cosas.
«Es una herramienta y, a veces, también un arma —profundiza un poco más en la definición—. Por un lado, para defenderte, y para cohesionar tu mundo. Es un escudo y una espada, a la vez. Ves un telediario y es desquiciante. Y el humor sirve para eso, te ayuda a vivir en sociedad sin matar a tu vecino».
Además, explica, esta peculiar herramienta nos ayuda a meternos en la realidad, y no solo a nivel profesional, «por eso es también una espada».
Lo que sí tiene claro que NO es el humor es evasión. «Yo no creo que sea así. Incluso para hacer un humor que te sirva de evasión, tienes que meterte en la realidad de una manera más o menos profunda. “Me veo una película de Leo Harlem para desconectar”; vale, pero Leo Harlem te habla de la familia, de separaciones, de injusticias…», comenta.
«Y a otro nivel, eso mismo puede ser tratado de otra manera más dramática. Yo no creo que te evadas a través del humor, yo creo que te metes en la realidad a través del humor. Es un arma, y también te ayuda a defenderte».
El miedo
¿Por eso le tiene tanto miedo el poder al humor?, surge inmediatamente la pregunta.
«Claro. Pasó en Argentina con la dictadura. Lo primero que hicieron fue cerrar revistas, que había muchas y muy buenas, y cerrar la facultad de Psicología y de Filosofía. Hay miedo a eso, y se nota un montón. Y aquí todavía pasa. Es de locos pensar que cualquiera puede denunciar a alguien por decir algo. Me parece demencial, por mucho que te ofenda. Eres un personaje público y va en tu sueldo, por tu exposición pública, soportar que a alguien no le caigas bien y que lo haga pasar por el tamiz del humor y lo publique o lo diga. Como ha pasado con Mongolia y con muchos humoristas. Y eso es miedo».
Villar cree que no se puede ni se debe poner límites a la libertad de hacer humor, y en eso es rotundo. «El poder te deja como un lugarcito —incluso el poder democrático, que también le molesta que se metan con él—, como un carnavalito: venga, tienes tres días para desparramar, pero luego vuelves acá. Hay como un límite. Y yo no entiendo que haya límites para hablar o para escribir, más que el propio talento o el ingenio. Entiendo que la gente se ofenda, porque el humor puede ofender, pero que eso pueda tener una respuesta penal me parece de locos. Y eso es miedo. Y espérate a los tiempos que se vienen…».

Humor y modas
A lo largo de la conversación con Roberto Villar Blanco, van surgiendo grandes figuras del humor, como Tip y Coll, Gila, Les Luthiers e incluso Pedro Reyes, para quien el guionista argentino escribió algunos chistes e incluso algún monólogo. También salen a escena distintos tipos de humor: humor negro, humor absurdo, sátira política… Entonces surge otra pregunta: ¿el humor está sometido a la dictadura de las modas?
Para Villar, más que modas, hay humores que soportan mejor el paso del tiempo que otros, aunque no se cultiven actualmente, como la sátira política que se hacía en revistas como La Codorniz.
«Yo creo que tiene más que ver, por un lado, con la imposibilidad de hacer, en determinados momentos históricos, humor satírico; es decir, meterse con el poder de manera muy directa. Por eso el humor satírico aguanta menos, o hay más resistencia, porque no te dejan hacerlo».
Para el autor de Qué es el humor, el que mejor aguanta y que atraviesa todas las épocas «es el que tiene que ver con las relaciones humanas: el amor, la amistad, la familia, los niños, la pareja, la adolescencia… Siempre se va a hablar de eso y siempre se habló de eso. El humor más pegado a la actualidad aguanta menos. Para mí, el humor absurdo me permite escribir cosas que no están tan pegadas a la actualidad y sigo disfrutando de eso. Gente como Tip y Coll, Gila… sigues disfrutando de eso que hacían. Pero la actualidad tiene una fecha de caducidad más próxima siempre».
En conclusión
Así pues, qué demonios es el humor, regresa la pregunta que inició el ensayo.
«El humor está conectado con todo, es inabarcable —concluye Villar Blanco—. No sé qué es el humor».






