Usted tiene un día libre, o unas vacaciones. Se aleja de su ciudad todos los kilómetros que le permite su cartera. Lejos de sus conocidos, de su trabajo, de su jefe y de la omnipresente vecina del tercero. Mucho más allá de donde les alcanza la vista a ninguno de ellos. Pero siempre puede pasar aquello de que se encuentre con fulanito de tal, y éste decida retratar el lúdico y quizás no decoroso momento en el que usted celebra su ansiada escapada. Es entonces cuando debe llamar a su oficina. Quizás su jefe haya encontrado motivos para despedirle.
El pasado mes la Comisión Federal de Comercio estadounidense dio el aprobado a la actividad que desarrolla la empresa californiana Social Intelligence desde el año pasado. Esta compañía, a petición de las empresas que solicitan sus servicios, se dedica a buscar el rastro de fotos, vídeos y comentarios personales que los trabajadores de sus contratantes vierten en redes sociales como Facebook o Twitter, blogs, Youtube, y otros espacios de interacción en la red.
Social Intelligence, a través de investigadores digitales y un software creado específicamente para esta labor, recopila toda la información que consideran “relevante” acerca de los trabajadores a los que inspeccionan y crea un archivo sobre éstos que pasa a sus clientes. Es decir, le entregan a tu jefe una carpeta con esa foto que un día alguien colgó en tu muro y ese mensaje fuera de tono que aquella vez enviaste a tu mejor amigo.
Desde su creación en 2010 surgieron las dudas acerca de la legalidad de su actividad en relación a los derechos de privacidad de los afectados. Sin embargo, la Comisión de Comercio ha considerado que el trabajo que realiza Social Intelligence no vulnera la intimidad de nadie y cumple con la ley de Informe Imparcial de Crédito (Fair Credit Reporting act). Esta empresa de espías contemporáneos mantiene que su labor es legal porque sólo recopila aquellos datos que estén colgados en un sitio de dominio público en la red.
Sus responsables defienden que su actividad no busca perjudicar a nadie, sino “prevenir a los contratantes” de posibles personas inconvenientes. Según la estadística que ofrecieron a la revista Forbes el pasado mes sobre los resultados de sus investigaciones, en las empresas que han inspeccionado existe un 20% de trabajadores que no usa las redes sociales, un 60% cuya valoración es “neutral y positiva”, y entre un 5% (en el caso de los trabajadores más mayores) y un 20% (en el caso de los jóvenes), con resultados negativos. Lo que no queda claro es cuál es el criterio que utilizan para valorar la positividad o negatividad de cada caso.
Entre los ejemplos negativos que utilizan han destacado en varias ocasiones la foto que descubrieron en el perfil de un hombre en la que aparecía rodeado de armas, otro que defendía en sus comentarios el consumo de drogas, o un tercero que colgó varios post de contenido racista. Aunque otra de la información que también consideran relevante, según reconoció uno de los representantes de Social Intelligence en una entrevista para CNN, son los casos de trabajadoras en cuyas páginas existen fotos, comentarios o links relacionados con bebés, embarazos u otros temas conexos a la posibilidad de tener un hijo; y también la capacidad gramatical del empleado en base a sus mensajes en la red.
Si ya era difícil eliminar definitivamente el rastro de lo que uno había subido a Internet, imagine que quien lo busca es una empresa especializada en encontrarlo. Parece que ha llegado la era en la que más vale cuidar el perfil de Facebook que el propio currículum.
Social Intelligente declinó responder las preguntas de YOROKOBU, así que nos quedamos sin saber datos como por qué almacenan la información que recopilan durante siete años, o si existe algún criterio para diferenciar entre fotos, vídeos o comentarios que hayan sido colgados a modo de broma o ironía de los que no, o si tendrían alguna barrera legal si les contratase un empresa de fuera de los Estados Unidos.
Quién sabe, quizás piensen que determinada información acerca suya sólo es cosa de ellos.
Ilustración: ocularinvasion reproducida bajo lic CC