¿Sufría Beethoven alucinaciones musicales?

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Dicen que Beethoven sufrió alucinaciones musicales y se especula con que las trasladara a sus composiciones. El genio fue perdiendo capacidad auditiva. Se paseaba por la calle enfurecido y colérico, pero también extasiado. Se cree que se obsesionó con una melodía que parecía una canción infantil: la iba tarareando, una y otra vez, buscando algo en ella como un iluminado. Se convertiría en el estribillo más famoso de la historia.

También se habla de que figuras como Schumann o Mijaíl Glinka sufrieron accesos de música imposibles. Pero el fenómeno no sólo afecta a genios de la partitura. Es una sintomatología extraña, aunque se han reportado muchos casos. Una mujer rusa, de 72 años, tras un ataque de estornudos que derivó en una cefalea, empezó a oír un zumbido como el de un motor. Fue el comienzo de un viaje en el tiempo.

Tres días después el ruido mutó. Poco a poco unos sonidos melódicos sustituyeron al barullo: eran fragmentos de piezas sinfónicas, ópera italiana o canciones de su país como Kalinka o Katiusha. Percibía las notas con tal claridad que pudo interpretarlas al piano. En principio, le parecían melodías totalmente nuevas, pero con el tiempo se le fueron haciendo reconocibles. Eran canciones de su infancia. Hasta logró recuperar sus letras, que habían permanecido extraviadas por su cerebro durante décadas. De tanto en tanto, el grito de unas sirenas de bomberos o ambulancias se solapaba con las armonías. Al final, la mujer comprendió que no eran recuerdos de su infancia, sino más bien un trozo de su infancia, una escena concreta, que se volvía a reproducir como si fuera un archivo MP3.

Cuando era niña, durante la Segunda Guerra Mundial, había sufrido el famoso sitio de Leningrado por el ejército nazi. Durante aquellos días de batalla, bombardeos y muertos por la calzada, las autoridades instalaron altavoces con música patriótica para reforzar el espíritu de resistencia y atemorizar al enemigo.

El neurólogo Ramón Jesús Zabalza, del Hospital Universitario de Donosti, recogió este caso en Alucinaciones musicales: la música perpetua. Aclara que no se trata de alzheimer ni demencia, estos pacientes se muestran psiquiátricamente sanos. «No es una enfermedad psíquica, puede haber enfermedades que traigan estos síntomas, pero es como la tos: hay pacientes de cáncer con tos, pero no toda tos significa cáncer. De ahí la importancia de diagnosticarlos, muchos se creen que son enfermos mentales y acaban depresivos, pero no lo son», aclara Zabalza.

Se trata de una patología de baja prevalencia. A diferencia de los pacientes con esquizofrenia, las personas que sufren estas alucinaciones llegan a distinguir claramente que se trata de algo que se aloja en su mente. Aunque, por desconocimiento, en los primeros momentos en que se enfrentan a estas imágenes sonoras, creen que el sonido es real. Se asoman a la ventana, revisan si han dejado la radio o la televisión encendida, le echan la culpa al vecino. Sin embargo, en cuanto reciben una explicación, la aceptan sin complicaciones.

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Oliver Sacks cuenta una historia en Musicofilia que refleja la nitidez que alcanzan estas audiciones fantasma: «(…) sus audiciones eran claras, vívidas y no sufrían distorsión (en cierta ocasión puso a prueba canturreándole la canción a una grabadora y luego comparando la cinta con la grabación original: las dos coincidían en el tono y en el tiempo)».

«Lo que oyen no suele ser una sinfonía completa, pero sí una canción o un fragmento largo. Lo más habitual es la música religiosa o folclórica, son fragmentos que se repiten. Pueden durar minutos, días, meses», explica Zabalza. El investigador de la University of Western Ontario Luciano A. Sposato documentó un caso en que una sola canción podía repetirse durante tres semanas hasta ser sustituida por otra.

Esta extraña dolencia afecta habitualmente a personas de la tercera edad y, con más frecuencia, a las mujeres. Las causas no se conocen bien todavía. «Hay una hipótesis que sale de que la mayor parte de las personas que la sufren tienen pérdida de audición, a veces profunda. Entonces se piensa que la dificultad de captar estímulos externos hace que el cerebro, al no recibir señales del exterior, entre en situación de hiperactividad y acuda al banco de la memoria para recoger sonidos. Por eso son generalmente sonidos antiguos», cuenta Zabalza. La necesidad de que exista una sordera previa hace más seductora la hipótesis de que Beethoven tuviera este problema.

Los estudios destacan la importancia del factor emocional a la hora de que el cerebro escoja qué sonidos activar. Uno de los investigadores más interesados en este fenómeno, G. E. Berrios, documentó que frecuentemente el espíritu navideño pasaba factura y aparecían canciones como Away in the Manger.

Estos sonidos insistentes apenas resultan agradables a ningún paciente, aunque hay excepciones. G. E. Berrios en Musical hallucinatios. A historical and clinal study contaba el caso de una señora de 86 años que disfrutaba tremendamente del continuo concierto íntimo. «Divertida y entretenida por la música, sólo se quejó cuando sus alucinaciones se partieron en frases más cortas (como un disco rayado). Para aliviar la incomodidad trataba de cantar junto con sus alucinaciones». A la mujer le maravillaba regresar a su juventud.

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No existe cura para estos síntomas: «Algunos mejoran con audífonos, aumentando la capacidad de oír el exterior, otros poniéndose música o escuchando la radio… Lo importante es explicarles que no están locos. Eso es lo más tranquilizador para ellos y para las familias. A las personas de alrededor les cuesta mucho asimilar que no hablamos de un trastorno psiquiátrico o una demencia», indica el investigador del Hospital Universitario de Donostia.

A Ludwig van Beethoven también se le atribuyó la locura. Hay voces que aseguran que sufría un trastorno bipolar. Pero quizás no se trata más que de una interpretación de su comportamiento, y quizás su comportamiento era el resultado demencial de quien creía estar recibiendo una música bellísima por influjo divino.

Más allá de especulaciones, en realidad, esta teoría que ha servido para hilar el artículo puede refutarse fácilmente. Puede argumentarse que, de tener su origen en una alucinación musical, el Himno de la Alegría no sería una creación propia, sino el plagio inconsciente de un recuerdo. Sin embargo, no deja de ser curioso que el estribillo coral de la Novena sea exactamente igual que un fragmento de Wolfang Amadeus Mozart: Misericordias Domini K. 222, a partir del minuto uno. Beethoven, según dicen los que entienden, nunca reconoció la influencia. Quedará la duda.

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Patrick Thomas

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