Tana Toraja, el lugar donde viví de cerca la muerte

¿Tienes miedo a la muerte? En la región de Tana Toraja no solo no se la teme, sino que incluso se convive con ella.

Tana Toraja es un territorio de la isla de Sulawasi, conocida también como Célebes, en Indonesia. Está formado por un conglomerado de pueblos que mantienen los ritos funerarios de sus antepasados. Aquí la muerte realmente se vive. Es una de las áreas más visitadas de toda Indonesia. La atípica manera con la que se enfrentan a la muerte atrae a gran cantidad de turistas. Aunque no es el único atractivo: una vasta naturaleza adornada con los Tongkonan, casas tradicionales con forma de barco, hacen de este rincón de Sulawesi uno de los más deseados de todo el país.

Son varias las teorías que circulan acerca del porqué de este llamativo aspecto. Algunos cuentan que el estilo está inspirado en las primeras embarcaciones colonizadoras que llegaron a la isla; otros lo achacan a creencias menos terrenales: la casa del primer ancestro toraja tenía esta misma forma en el cielo. Y unos pocos lo atribuyen a los primeros toraja que llegaron a Sulawesi en barcas, y que, debido a un fuerte temporal que destrozó las embarcaciones, se vieron obligados a asentarse en la región y utilizar los botes como cubierta para sus casas.

Otro elemento que llamó mi atención fue la gran cantidad de cuernos de búfalo que decoran las fachadas, tantos como animales sacrificados durante los funerales. El estatus de la familia tiene relación con el número de cornamentas.

tongkonan

En Tana Toraja cerca del 70% de la población es protestante. En 1965, el gobierno indonesio obligó a sus ciudadanos a pertenecer a una de las seis religiones reconocidas: islam, catolicismo, protestantismo, hinduismo, budismo y el confucionismo, pero siguen manteniendo muchas creencias provenientes del animismo. Una de ellas, y la más importante, tiene que ver con la muerte.

Cuando un familiar fallece, en realidad no muere, tan solo está enfermo —to makula— o dormido —to mama—. El enfermo permanece en una habitación de la casa hasta la celebración de su funeral. Es alimentado y cuidado, haciéndole incluso participe de tertulias y decisiones familiares. Pueden pasar años conviviendo junto a él. Una vez que se celebra el funeral, su alma viaja a la otra vida —Puya—. La fecha de la ceremonia dependerá de la capacidad de ahorro de la familia. Cuantos más búfalos se sacrifiquen más placentero será el descanso eterno de su familiar.

tana-toraja3
Foto: Muslianshah Masrie – Shutterstock

La ceremonia del Tomate es uno de los momentos más duros que he podido presenciar en mis viajes. Los búfalos son llevados hasta el centro de la marabunta y son degollados de un solo cuchillazo. Un instante difícil de soportar. La angustia del búfalo se entremezcla con los ensordecedores gritos de los cerdos que son amarrados por las patas y colgados de un palo hasta ser asesinados.

Un horrible rito que me arrepentí de presenciar. Es curioso, respetan su muerte por encima de cualquier cosa, pero, sin embargo, honran muy poco la del animal. Para ellos, todo lo que allí se vive es una auténtica fiesta: bailes, banquetes, discursos, sonrisas, juegos…

Comportamiento que inevitablemente te hace reflexionar acerca de nuestra forma de ver la vida… y la muerte. Para los toraja la muerte es la fase más importante de su vida, hasta tal punto que, cuando alguien cae enfermo, no emplean grandes esfuerzos en intentar alargar el inevitable final.

tana-toraja1
Foto: John Crux – Shutterstock

Fui invitado a un funeral donde el cuerpo había convivido más de un año en la casa familiar. La viuda me recibió con una sonrisa y me ofreció comida que ella misma había cocinado: carne de búfalo con arroz. Allí había cientos de personas presentes. No hubo ni un solo lamento ni una cara triste. Me invitaron a rodear el féretro y a bailar mientras girábamos alrededor del mismo. Cada uno de los grupos que se organizaba en círculo me ofrecía acercarme para probar bocado.

Por un segundo pensé que quizá la presencia de un extranjero en un momento tan íntimo no era lo más correcto. Pero no, mi manera occidental de interpretar el duelo estaba muy alejada de la realidad. Para ellos era todo un orgullo que estuviera compartiendo aquel día con familiares y amigos del difunto. «Ojalá viviera la muerte como ellos», pensé. Siempre le he tenido un miedo atroz.

Desde bien jovencito es algo que me ha agobiado e inquietado, llegando a pensar, en alguna ocasión, que no tenía sentido esforzarse en la vida si existía una inevitable fecha de caducidad. Antonio Machado dijo una vez que «la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos». Y esto es algo que me consuela.

Una vez finaliza la ceremonia del Tomate —así es como se conoce al sacrificio de los animales—, el ataúd es portado durante varios kilómetros hasta la roca sagrada, como si de una procesión de Semana Santa se tratase. Porque allí los cadáveres no se entierran, se introducen en la roca, excepto aquellos pequeños que hayan fallecido antes de la aparición de los primeros dientes, que son alojados en el interior del tronco de un árbol para que continúen creciendo juntos.

Foto: Greta Gabaglio
Foto: Greta Gabaglio – Shutterstock

El momento en el que el féretro con forma de Tongkonan —casa tradicional— es llevado hacia la roca sagrada, se suceden cánticos, juegos, bailes y algarabía general por el traslado. Sellar la puerta contra la roca es el único momento en el que la tristeza hace acto de aparición en el rostro de algunos familiares. La fiesta ha terminado.

Pasados entre tres y cinco años, la puerta se volverá a abrir para cambiar y asear al familiar. Es el segundo funeral, conocido como Ma’nene. La corbata, vestido, traje, gafas, joyas… son elegidos con mimo para su segundo descanso. Cada uno de los fallecidos tiene su tau-tau —muñeco de madera— a semejanza en la roca sagrada.

Las ceremonias pueden alargarse varios días. Son excesivamente costosas y las familias con menos recursos pueden llegar a arruinarse. Esto sucede tan a menudo que el gobierno se vio obligado a establecer un límite máximo de gastos por funeral, ley que las familias se saltan a la torera.

tongkonan3

Me marché de Tana Toraja con la emoción de haber presenciado una tradición que perdura desde hace siglos; con el asombro y admiración en la manera que afrontan la muerte; y con las mismas ganas de no querer morir.

Último número ya disponible

#141 Invierno / frío

Sobre nosotros

Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

Suscríbete a nuestra Newsletter >>

No te pierdas...