Las eléctricas como las conocemos hoy tienen los días contados

Es solo cuestión de tiempo. A las energéticas les va llegar su San Martín. Ya no podrán seguir observando fenómenos del pasado como Napster sabiendo que lo que pasó a la industria musical no les pasará a ellos. Estamos ante el principio del fin de sus modelo de negocio y no hay vuelta atrás. «Si no me creen, miren Alemania», afirma el economista Jeremy Rifkin.
«Han puesto en marcha el plan más ambicioso hasta la fecha para empezar la transición de la segunda revolución industrial, la del petróleo y los hidrocarburos, a la tercera revolución industrial, la del internet en las cosas y los prosumidores», defendió anoche en una ponencia ofrecida en la Fundación Rafael Del Pino en Madrid.
El pensador estadounidense se refería a Energiewende, el plan que el gobierno alemán presentó en 2010 con el objetivo de reducir las emisiones en un 90% y conseguir que el 60% de las fuentes energéticas del país sean renovables en 2050.
Para conseguirlo, el gobierno ha puesto el esfuerzo en facilitar que los ciudadanos tomen la iniciativa. Hay subvenciones para instalar paneles solares y exenciones fiscales para crear cooperativas que gestionan esta creación de energía. Pero sobre todo inversiones que prometen superar el billón de euros en la construcción de una red que permita gestionar esta transición. La nación germana ya genera el 20% de sus necesidades de estas fuentes y pronto esa cifra supondrá el 30% del total.
En algunas zonas concretas del país, los resultados están siendo impresionantes. «El pueblo bávaro Wildpoldsried, con una población de 2.600 personas, ha ido más allá del espíritu de Energiewnde: la localidad produce tanta electricidad del viento y la luz del sol que gana 5 millones de euros al año vendiendo su excedente a la red eléctrica», explicaba un artículo de la revista The National Interest.
«No estoy hablando de suposiciones. Es algo que está pasando aquí y ahora. El siguiente es China, que invertirá 82.000 millones de dólares en crear una red que permita a las personas generar su propia energía», dijo Rifkin.
Para reafirmarlo el académico se apoyó en un artículo publicado en The New York Times el pasado 13 de septiembre que no hace más que ratificar lo que piensa. El reportaje revela los problemas que están teniendo las eléctricas tradicionales para adaptarse a este nuevo paradigma en Alemania. Algunas ya están sufriendo grandes peédidas como es el caso de RWE.
En California la capacidad de adaptación de las startups supone una competencia feroz a las grandes eléctricas. Sus nuevos rivales están llegado de los lugares más inesperados. «En 100 subdivisiones que están siendo edificadas por la constructora Lennar en California, los compradores que se mudan a una casa nueva automáticamente reciben un panel solar en su tejado. (…) La compañía suele mantener la propiedad sobre los paneles y firma contratos de 20 años para vender a los dueños de la casa energía generada en sus techos con un descuento del 20% frente a los precios de las energéticas locales», dice el mismo artículo. Algunos estados, frustrados por la lentitud del gobierno federal, están optando por tomar sus propias medidas. California trabaja ya para conseguir que más del 30% de su energía sea de estas fuentes.
Si a esto le unimos que internet de las cosas permitirá conectar nuestros dispositivos a una red inteligente, el negocio de las eléctricas estará más amenazado todavía. «Tú podrás escoger cuándo quieres que el aparato se nutra de la red y cuándo no. En momentos de picos de precio, cuando las eléctricas obtienen la mayor parte de sus beneficios, puedes programarlos para que se desconecten y pasen a la red hiperlocal», explicaba Rifkin.
¿Qué pasará entonces con las eléctricas?
«No desaparecerán por completo. Tienen que posicionarse en este nuevo mercado ofreciendo analítica y soluciones para optimizar todo esto», dice el estadounidense. No lo tendrán fácil. Empresas como Cisco, Google y Apple llevan años invirtiendo en este sector.
Sus servicios seguirán siendo necesario en esos momentos en los que la demanda de las renovables flaquea debido a la dificultad que aún existe para almacenar la energía eólica y solar. «Se pueden buscar fórmulas para pagar a las energéticas para que tengan a las plantas convencionales en standby para esos momentos en los que el viento no sopla y el sol no brilla», afirma el mismo artículo de The New York Times.
No todos están tan convencidos del supuesto milagro alemán. En agosto, el Wall Street Journal sacó un duro artículo en el que revelaba las sombras del plan teutón. Según el diario, los precios han subido mucho y ya hay bastantes empresas que se están replanteando su futuro en el país. Tampoco se ha logrado templar por el momento las emisiones de carbono que siguen a niveles similares a años anteriores, afirman.
Rifkin cree que estás críticas solo ven el ahora y se olvidan de lo que vendrá. «En los años 70 generar un vatio de energía solar costaba 70 dólares. Hoy cuesta 60 céntimos. La ley de Moore acabará haciendo que el coste sea prácticamente cero». Junto a esto, la demanda alemana ha contribuido a bajar los precios y el interés de los fabricantes chinos para que estas tecnologías sean cada vez más baratas y competitivas.
Y aquí es donde está el quid de la cuestión del nuevo libro de Rifkin La sociedad de Coste Marginal Cero. En el momento en el que producir algo cuesta prácticamente nada, las reglas del juego capitalista cambian por completo. «Algo que los economistas no han logrado prever».
Es lo que pasa cuando miles de estudiantes se apuntan a cursos gratuitos online con los mejores profesores del mundo «y la persona que ha pagado 60.000 dólares para su matrícula se pregunta que está haciendo» o cuando «miles de jóvenes empiezan a fabricar un sin fin de cosas con impresoras 3D». Todos están conectados. Muchos comparten lo que hacen y aprenden. El coste de adquirir este conocimiento es prácticamente nulo. Cuando añadimos internet de las cosas a la ecuación las posibilidades se multiplican.
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«En Ann Arbor hace poco salió un estudio que decía que sería posible deshacerse del 80% de los coches de la ciudad sin que eso afectase la movilidad si se optase por compartir vehículos sin conductor. Los jóvenes cada vez están menos interesados en tener un coche pero sí están interesados en compartir. No les importa Adam Smith y muchos ni conocen su existencia. Quieren vivir de otra manera».
Pero si estamos hablando de que habrá menos coches y menos productos debido a estas nuevas eficiencias, ¿qué pasará con la economía? ¿cómo se podrán sostener países enteros que tienen millones de personas empleadas en estos trabajo?
Para Rifkin, que ya ha tratado los efectos de la automatización del trabajo en su libro The End of Work, la creación de la tercera revolución industrial será una gran fuente de empleo. «Durante los próximos 30 años tendremos una cantidad impresionante de trabajos para crear esta red. Una vez que esto esté acabado será más complicado. Muchos seremos más libres para seguir otro tipo de trabajos. Para intentar mejorarnos como seres humanos. Para seguir otros propósitos en lugar de estar atrapados en trabajos rutinarios y repetitivos».
En todo esto, se erigirá un sector clave para el futuro y que será el que más crezca. «El emprendimiento social. Los trabajos y empresas que solucionan problemas sociales. Algunas estarán creadas para ganar dinero, otras no, y muchas seguirán un modelo mixto de financiación».
Los datos son inequívocos, según dice. «La respuesta está en la sociedad civil, en las organizaciones sin ánimo de lucro que atienden aquellas cosas que generamos y compartimos en comunidad. En términos financieros, el mundo de las ONG es un fuerza poderosa. Sus ingresos han crecido en un 41% de 2000 a 2010, duplicando el crecimiento del PIB. En 2012 este sector acapara el 5,5% del PIB en EE UU», afirmaba en la presentación de su libro que escribió en The New York Times. Esto sin contar el auge de la economía colaborativa que frecuentemente entra en este terreno.
«Tampoco me vale la crítica que son parásitos del dinero público. Un estudio reciente muestra que más del 50% de los ingresos llegan de otras fuentes que no son gubernamentales en EE UU. Muchas empresas consiguen una gran parte de sus ingresos del estado, así que no están en posición de criticar», ironizaba Rifkin. «Es el único sector que ha crecido y ha generado empleo de manera continuada mientras los sectores tradicionales se mantienen estancados».
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«El fracking es una quimera»
Mientras que en Alemania suben los precios energéticos, EE UU pasa por un momento dulce en cuanto a precios de la electricidad. El fracking ha contribuido a una nueva fiebre de oro que ha llenado el país de gas natural barato ayudando a reducir su dependencia del petróleo de Medio Oriente. Esto, sin embargo, es un espejismo que pronto se acabará, en opinión del tecnólogo. «Ya hay señales de que es una burbuja a punto de estallar. Cada pozo solo tiene 18 meses de vida. Estamos ordeñando esta fuente de energía pero en 2020 comenzará a estancarse y entonces ¿qué?».
En referencia a España, Rifkin se mostró decepcionado de que el gobierno haya abandonado la carrera para reconvertir sus fuentes energéticas. «Aplaudo que vuestro presidente apueste por mayor conectividad pero con ADSL y mejor Wifi no es suficiente».
«El futuro será mixto. Convivirán las dos partes. El papel de la economía de mercado capitalista se reducirá radicalmente y lo demás estará al servicio de la tercera revolución industrial. El planeta nos lo agradecerá. Es la única manera que tenemos de evitar que el problema del cambio climático acabe siendo una catástrofe. Y en el peor de los casos nos lleve a la extinción».
¿Y si las empresas y los gobiernos sabotean este cambio como ha pasado con el autoconsumo en España? «No podrán hacerlo. Se intentó frenar la revolución empezada por Napster por todos los medios y no lo consiguieron. Es imparable».

Todas las imágenes son de Shutterstock.
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