Un filandón de cerámica cosida, esparto contra el olvido y bordados que gritan ¡guapa!

A media lumbre IVAM

No hace mucho tiempo, en las noches invernales, familias y vecinos se reunían en torno al calor del fuego de las chimeneas para contarse historias. Ellas hilaban y cosían y ellos hacían otros trabajos manuales. A esas reuniones en las que también corrían los chismes, se les llamaba —y se siguen llamando aún— filandones.

El vocablo propio de León (según indica el DLE) sirve para dar contexto a la exposición A media lumbre, que, en palabras de su comisaria, Blanca de la Torre, es un canto al buen vivir y a la soberanía del tiempo; una invitación a detenerse, a respirar y a escuchar el murmullo de la materia.

A media lumbre IVAM
Josefina Guilisasti. Tejiendo historias de supervivencias, 2023.

Porque la muestra que se exhibe primero en el IVAM hasta el 14 de junio y que después visitará Casal Solleric y Es Baluard en Palma de Mallorca, CDAN (Centro de Arte y Naturaleza) en Huesca y el Museu Terra en L’Espluga de Francolí (Tarragona) habla de vínculos, los que nos ligan a las tradiciones y a la tierra de la que procedemos. Y de sabiduría que no debe quedar en el olvido, la que enraíza con los viejos oficios artesanales que hoy están desapareciendo.

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Pilar Albarracín. Guapa. 2015

Todas las obras expuestas dialogan con materiales y saberes considerados históricamente como artes menores. La cerámica, el barro, la lana, los textiles, los bordados, las fibras naturales… son elevados ahora a categoría de arte con mayúsculas, que viene, como en los filandones de antaño, cargado de historias personales y de la conexión de los artistas que las han creado con sus propias raíces.

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Mónica Jover. Espacio hilado en verde. 2015

Las de la mallorquina Isabel Servera están en el taller que perteneció a su abuela, cosedora a máquina del palmito, que la artista recuperó, restauró y decidió habitar para activarlo como un punto de resistencia, una manera de no dejar caer en el olvido un oficio que está desapareciendo en la isla. Inspirada en la técnica de su abuela y en los muestrarios que se conservaban en su viejo taller, Servera ha creado Alanades (respiraciones, en mallorquín).

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Isabel Servera. Alenades. 2025

Marta Font quiso volver a su tierra, la Tramuntana, que era también la de su madre, cuando esta enfermó. En esa búsqueda encontró una arcilla de Valldemossa que iba mezclada con otras de la tierra de su abuela y creó su obra Yoki, que en japonés significa contenedores. Unas vasijas imperfectas, en las que no busca la belleza, sino un diálogo con ellas, centrándose completamente en el proceso de creación, porque esa atención, para ella, es un acto de amor. De esta manera, rinde homenaje a las mujeres de su familia, que tanta atención y cariño depositaron en sus hijos.

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Marta Font. Yoki Series. 2023

De tormentas, flores y barro habla la pieza Falleras-flor-tormenta de Sarah Viguer Cebriá. Esta artista que trabaja a caballo entre Marsella y Valencia se considera escultora textil. La tragedia de la dana truncó la colaboración artística que estaba haciendo con la Compañía Valenciana de la Seda porque aquella tormenta perfecta arrasó con los archivos, la maquinaria y los telares de la institución. Pero, ya que todo era barro, renunció a la tela y decidió textilizar la tierra. El resultado es esta obra que se expone en A media lumbre.

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Sarah Viguer Cebrià. Falleras-flor-tormenta. 2025

A la exhibición de esas obras se suma el sonido y también el silencio, porque, como indica Blanca de la Torre, «el sonido es esencial como herramienta de transmisión de las memorias que subyacen a este tipo de técnicas». Todas las obras expuestas, así como la producción de la muestra, siguen criterios de sostenibilidad, priorizando materiales naturales y no contaminantes, así como la reutilización de elementos y la eliminación de transportes internacionales, entre otras medidas.

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Lara Ordóñez. El Consultor de Bordados nº 567. 2025

Un somier reconvertido en telar de lana; pintura que acaba materializada en hilos; esparto que se convierte en el último canto a un oficio áspero que no encuentra relevo generacional; vasijas cerámicas bordadas que reinterpretan el tradicional ajuar; un gigantesco bordado que nos recuerda que debemos aprender a valorarnos… todo se convierte en un archivo vivo inseparable de los lugares de los que proceden, de los cuerpos que los han vestido y de las comunidades que los han trabajado.

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Jessica Stockholder. Cardinal Directions. 2025
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Javier Bravo de Rueda. Suelo. 2022

En este filandón tan peculiar los materiales también cuentan sus propias historias. La lana nos habla de la trashumancia y de especies ovinas que hoy están en peligro de extinción porque ya no sabemos qué hacer con ese material. El esparto, el palmito y otras fibras vegetales nos interpelan para recordarnos la fragilidad de los ecosistemas que habitamos y su papel fundamental para evitar la desertificación de los terrenos en los que crecen y se cultivan, en la sostenibilidad del planeta. La cerámica nos recuerda que sigue siendo un contenedor ya no solo de materia física, sino también de historias, de recuerdos, de nuestra esencia.

En el fondo, está la idea de preservar, de que no se rompa la cadena de transmisión, de conservar esos conocimientos para seguir preservando los territorios. Un espacio donde el paisaje doméstico y el natural se entrelazan como piezas cosidas.

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Laura Segura. Una trenza de hierba sagrada. 2022

Pilar Albarracín, Javier Bravo de Rueda, Jessica Stockholder, Adriana Meunié, Isabel Servera, Laurita Siles, Sonia Navarro, Ricardo Calero, Antonio Fernández, Mónica Jover, Laura Segura, Lara Ordóñez, Susana Cámara Leret, Sara Viguer Cebriá… hasta un total de 27 creadores y creadoras recuperan la memoria de sus abuelas, de sus madres, de su tierra natal para que, al menos en ese trozo de barro, de tela, de esparto… se mantenga viva, aunque reencarnada en otra esencia, la tradición y el pasado como una forma de mirar e imaginar el futuro.

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Sonia Navarro. Espartaria V. 2024
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Belén Rodríguez. Destilado de un paisaje. 2023. Foto de Miguel Lorenzo. IVAM

«Para mí, el arte es el pensamiento y la artesanía es el oficio y el buen hacer, y la excelencia —dice Sonia Navarro, que participa en esta exposición con su obra Espartaria, y cuyo trabajo artístico tiene al esparto, las jarapas y las lanas como materia prima—. Siempre se había considerado como menor, pero no creo que algo hecho por un sabio sea menor. Para mí, poner en valor esas artesanías es poner en valor también la identidad de nuestro territorio. Se pueden aunar las dos cosas».

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Laurita Siles. Txapela Big Size. 2022

Y todo a media lumbre, en la quietud del fuego del recuerdo, recogidos en el olor añejo de las historias que nos han conformado como sociedad y como seres humanos que forman parte de un relato común.

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