‘Bienvenidos a Pandemonia’, ese infierno del que usted me habla y en el que ya vivimos

bienvenidos a pandemonia

¿Cómo imaginas que será el infierno, si es que existe? El que han imaginado Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti en Bienvenidos a Pandemonia (Grafito, 2025) se parece mucho —muchísimo— a nuestro mundo, salvo por los cuernos de los personajes y las calderas de castigo donde son sumergidos los penitentes.

El cómic nos presenta a Uriaki Posta, un coach de fama internacional que muere por un accidente tonto y despierta en un tren con destino al infierno, sin entender por qué está allí, con lo bueno que ha sido —así lo cree él— y los millones de personas a las que ha ayudado.

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Todo lo que reflejan los argentinos Ippóliti y Agrimbau es un reflejo sarcástico del mundo real, un universo poblado por embaucadores vendehumos, empresarios y políticos corruptos, luchas sindicales, obreros explotados e intrigas de poder. La vida misma retratada con mucho humor negro y una dosis extra de ironía, dos herramientas que, dice Agrimbau, «nos permiten abordar temas que serían molestos, incómodos o dolorosos».

«Yo tenía ya la inquietud de escribir algo con un personaje que perteneciera al mundo de los coaches de liderazgo y vida sana», explica Diego Agrimbau, el guionista de la historia. Él e Ippóliti, el dibujante, han formado equipo desde hace más de 20 años, con lo que se tienen muy bien cogida la medida y todo fluye entre ellos fácilmente.

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«Uno de los temas que más me interesaba explorar es cómo internet redefine la moral, las cosas que están bien y mal. La aparición de los nuevos pecados y tabúes. Y un punto en particular que me interesaba es la forma en que las fuerzas del bien abandonan sus responsabilidades dejando el espacio abierto para que aparezcan personajes como Uriaki».

«La idea inicial surgió a partir de una ilustración de Gabriel, donde se veían dos demonios en una especie de escenario», explica Agrimbau.

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«Algo había en esa imagen; la idea de un infiltrado en el infierno empezó a darme vueltas por la cabeza. Pero, aun así, no terminaba de cerrar como idea. Entonces recordé una de mis obsesiones de la época: los life coaches, motivational speakers, gurúes de la autoestima y toda esa fauna que poblaba y sigue poblando YouTube —aclara el guionista en la web de Grafito promocionando el cómic—. Tony Robbins era mi favorito, y no tanto porque yo creyera en todo eso; por el contrario, hasta el día de hoy me siguen pareciendo todos unos vendedores de humo glorificados. Y de la unión de esas dos inquietudes surgió la idea de Pandemonia: la historia de un gurú motivacional que no entiende por qué fue enviado al infierno».

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El siguiente paso fue trasladarle la idea a Gabriel Ippóliti y hablar de las cuestiones generales de los personajes y la atmósfera de la historia. «Una de las cosas que me interesaba era ver el Infierno dibujado por Gabriel —comenta Agrimbau—, así que solo me limité a tirar algunas ideas y darle espacio para que él haga su magia».

«En el guion, él describe los planos y las escenas en cada cuadro —añade Ippóliti—; después tengo libertad para desarrollarlo. Por ejemplo, si me dice “plano general de la ciudad, cuadro grande”, yo ahí puedo hacer mil cosas distintas dentro de esa indicación, eso es lo lindo. No reinterpretar, aportar es lo que hago».

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A poco observador que se sea, el paisaje de Pandemonia recuerda al de otras grandes urbes muy fijadas ya en el imaginario colectivo. Esa capital del infierno, como confirma el dibujante, tiene características de ciudades como Chicago, Nueva York y Los Ángeles, pero, en lugar de ríos que la atraviesan, hay abismos y fuego. «Diego me pidió que fuera una ciudad tipo Nueva York y, en base a eso, que lo convierta en la capital del infierno, que diseñe con libertad».

Ese tomar referencias de espacios existentes para luego modificarlos es un rasgo del estilo de Ippóliti. «Me resulta interesante reemplazar un río en medio de una ciudad por un abismo. Para otras escenas tomé referencia de lugares montañosos, rocosos, y ahí construyo una edificación integrada en ese lugar. La idea era diseñar un lugar que funcione, con actividades iguales a nuestro mundo».

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Faltaba solo dar forma a los personajes. «Los demonios que gobiernan Pandemonia tienen forma y tamaño humano, pero con diferentes estilos de cuernos. Esto facilitaba la actividad que iban a tener, actividades humanas, vestidos como humanos; tenían reuniones de directorio en salones de rascacielos, se reunían con otros demonios en un sindicato… Es decir, que el diseño de estos personajes dependía mucho de la actividad que iban a tener».

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«Después estaban los humanos que se iban al infierno, estos sin cuernos; también había gárgolas que iban volando por la ciudad, algunos demonios más primitivos con tamaños y formas diversas, estos eran los que completaban el paisaje».

Y ahí, en crear la identidad gráfica de los personajes principales, es donde Gabriel Ippóliti encontró mayor dificultad. «Doy muchas vueltas con eso, en todas las historias me pasa lo mismo: que el personaje sea real, que su imagen sea acorde a su personalidad…».

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Pero si algo tenían claro los dos autores de Bienvenidos a Pandemonia es que la atmósfera debía remitir a la imagen del infierno que todos tenemos en mente, pero sin caer en estereotipos. Y para ello se ayudaron del color. «Lo que planteamos es que ese infierno tuviera colores cálidos, pero no tantos rojos —aclara Ippóliti—. Es un lugar más parecido a nuestro mundo, pero el cielo no es celeste, es un amarillento raro. Y con algunos objetos de color especifico por cuestiones simbólicas».

Además del skyline de las ciudades ya mencionadas, el dibujante buscó otras referencias gráficas para crear el universo de Pandemonia: fotografías de paisajes, ilustraciones antiguas de demonios, grabados…

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«La estética general tiene que ver con el estilo que usé para este libro. Por un lado, tengo las referencias para documentarme; y por otro, qué estilo va a tener el dibujo y el color. De acuerdo a la historia que vamos a contar, el estilo que vamos a usar, en este caso el dibujo de los personajes es algo caricaturesco, también realista; tiene volumen, luz y sombra, muchos detalles, es verosímil», explica.

Al final, historia e ilustración encajan perfectamente, y consiguen que reconozcamos de inmediato el mundo real, por muchos cuernos que tengan sus protagonistas. Pocos temas escapan a la crítica de los dos creadores, que, entre los extras añadidos al final del cómic, han incluido un artículo de la psicóloga Beatriz Cuervo Prieto sobre la personalidad narcisista, un rasgo de Uriaki Posta, el gurú protagonista, muy reconocible en líderes y políticos actuales como Milei, Musk, Bezos o el propio Trump.

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«El infierno de hoy lo vemos en las noticias, en las redes, en YouTube —comenta Diego Agrimbau—. Incluso ahora es tal vez peor que cuando escribí Pandemonia, hace un par de años, en plena pandemia. Uno de los temas que no se toca es la inteligencia artificial, porque básicamente no era una cuestión de interés público en aquel momento. Pero en estos días ha contribuido bastante para que la realidad nos parezca cada vez más infernal. Los Uriaki del mundo vienen ganando».

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Patrick Thomas

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