Un equipo de astrónomos de la Universidad de Cleveland (según cuenta la prestigiosa Astronomy Magazine en su número de agosto), ha descubierto el rastro luminoso de un cataclismo estelar de proporciones magníficas que aconteció hace más de 12.700 años en algún punto remoto de la galaxia COSMOS-AzTEC-1, y cuyo fogonazo acaba de ser nítidamente percibido por el telescopio del Observatorio Burrell Schmidt (en Kitt Peak, Arizona) justo el pasado jueves.
12.700 años antes, en el planeta ܛܥܝܐ ܪܚܝܩܐ (Kōkbā ṭayā), un joven becario llamado ܝܘܣܒܪ ܚܐܪܐ (Bar Hara) entra en su primer día de pruebas en la central de energía protónica que abastece a toda la región de ܡܨܥܳܝܬܳܐ (Mets-ó-yo). El joven ܚܐܪܐ , como le llaman sus amigos, es, como todos los chicos de su edad, de naturaleza inquieta y curiosa. Como ingeniero recién licenciado le gusta experimentar libremente con todo lo nuevo, porque está convencido de que la ciencia, como se aprende de verdad, es empíricamente.
Gran parte de los descubrimientos científicos, y muchos de los más sorprendentes, no se producen tras una preparación sesuda y minuciosa, sino después de un proceso aleatorio de prueba y error, tal como repetía su viejo profesor de Física en la facultad de Ingeniería Nucleotéica. O, al menos, eso es lo que él recuerda.

El caso es que el ingeniero jefe de la planta, ܡܕܒܪܢܐ (Mdabrānā), que es el encargado de recibir al muchacho y enseñarle las instalaciones en su primer día, ya viene dándose cuenta de la curiosidad inagotable del joven becario. La curiosidad en sí es una excelente cualidad en un científico, pero es que, en el caso del chico, viene acompañada de una irrefrenable tendencia a tocarlo todo que le está empezando a poner un poco nervioso. El joven ya ha puesto sus dedazos en las bobinas de campo poloidal, en los cristales de zirconio de los interferómetros láser y en el criostato (elevando con su calor corporal 0,0000001 grados la temperatura de la cámara de vacío, que siempre debe estar estable en el cero absoluto).
ܡܕܒܪܢܐ ya carraspea inquieto cada vez que el joven se acerca a cualquier instalación, y le advierte severamente de que antes de poner sus manos en cualquier lado, por favor, primero le pregunte. Y eso es exactamente lo que hace ܚܐܪܐ, así que estas son las últimas palabras que el ingeniero jefe llega a escuchar en su vida:
ܘܗܢܐ ܩܛܪܘܢܐ ܠܡܢܐ ܚܫܚ? ("Wa-hánā ḥá-šaḥ?) *
(*) Y este botoncito rojo ¿para qué sirve?
Carlos Sanz de Andino es presidente creativo de Darwin & Verne.






