Si te gustan las paradojas, ahí te dejamos una: ¿es posible pintar sin pintura? A juzgar por el trabajo de la artista Cynthia Nudel, sí. ¿Cómo lo hace? Con una técnica que ha creado ella misma, en la que utiliza residuos orgánicos recuperados de la basura: la biopintura.
El camino artístico de Nudel dio un giro cuando se fue a vivir a la naturaleza, cuenta. Fue entonces cuando despertó en ella una profunda conciencia medioambiental y la necesidad de encontrar una forma de crear más ecológica y sostenible. Y empezó a recurrir a lo que tenía más a mano, la basura, cuyos desechos orgánicos trataba para obtener tintes con los que crear sus obras.


Uno de aquellos primeros proyectos fue La mirada de un galgo. Después desarrolló otra técnica con la que encontró un sustituto para la arcilla y el barro utilizando cáscaras de huevo: la biocerámica. Ahora, sin dejar de poner el foco en la basura, ha creado esta nueva técnica pictórica sin pintura industrial con la que ha desarrollado su serie Todos somos naturaleza.
«Frente a la producción masiva y contaminante de la industria textil, propongo una alternativa real en la que los residuos sustituyen por completo a los pigmentos industrializados, cobrando una nueva vida, donde el arte y la naturaleza se integran definitivamente».

En lugar de óleos y acrílicos, Nudel emplea residuos textiles triturados que tiñe naturalmente con los colores que obtiene de residuos como pieles de cebolla, cáscaras de granada o cortezas de ecualipto… Esos residuos textiles teñidos son la pintura que utilizará para crear sus obras. Y ahí, afirma, está la originalidad de su enfoque: en que no utiliza esos tintes naturales para pintar directamente sobre el lienzo, como se hace tradicionalmente.


«Tras teñir el textil, pego pequeños trozos al soporte con un adhesivo natural. El resultado es una pintura figurativa creada a fuego lento, una pieza que invita a detener la mirada y conectar con el ritmo de lo natural». Pero no sirve cualquier tela. Es imprescindible que sean fibras cien por cien naturales, explica, porque la naturaleza, que es muy sabia, rechaza lo sintético.
«Actualmente, trabajo principalmente con algodón recuperado, ya que es uno de los residuos más abundantes de la industria textil, y mi objetivo es mostrar que este desecho puede volver a ser valioso a través del arte. De todas formas, estoy en proceso de incorporar otros tejidos como lana, seda, lino…, porque cada fibra reacciona de forma distinta al teñido y eso me permite explorar matices y texturas únicas».

Con minuciosidad de alquimista, la artista calcula las cantidades que necesitará para crear su obra y lo registra todo en su libreta. Sin embargo, el proceso nunca es totalmente predecible y el resultado final, comenta, depende de muchos factores: «la temperatura del agua, su pH, la estación en la que se recolectan los residuos orgánicos o incluso el suelo donde creció la planta…».
Pero ella no considera esa aleatoriedad como un inconveniente, más bien al contrario: «forma parte de un juego que me obliga a estar presente y atenta. Si el color no es el que imaginaba, debo improvisar y conectar con mi lado más intuitivo. Es un proceso a fuego lento con el que aprendo a respetar los tiempos y los cambios de la naturaleza. Al final, es un diálogo constante con el entorno, así que se trata de crear siguiendo el ritmo de lo natural».

Y, como todo juego, eso tiene ventajas e inconvenientes. La principal limitación es la gama cromática, detalla Cynthia Nudel. «No cuento con la variedad infinita de tonalidades del óleo tradicional o del bordado». Sin embargo, también asegura que es su mayor ventaja ya que le obliga a ser más creativa y convierte cada obra en un reto constante.
«Otra cosa a favor es que me permite aplicar los principios de la economía circular: rescato un residuo (el algodón), lo tiño con otro residuo orgánico, pinto con ello y le doy una nueva vida. Para mí, el hecho de que sea una técnica propia diseñada a mi medida es un motor fundamental. La innovación es un pilar de mi trabajo. Crear algo desde cero, donde no hay caminos trazados, es lo que verdaderamente me motiva».


«Todos somos naturaleza es una reflexión sobre la profunda desconexión que sufrimos con nuestra propia esencia y con el entorno», explica sobre la serie en la que ha aplicado la biopintura. Tres obras en la que la presencia humana dialoga con un animal que actúa como un espejo que representa nuestras emociones, el instinto y la vulnerabilidad».

Así, cada pieza invita al espectador a recordar que no somos algo separado del mundo natural, sino parte de un mismo todo. «La serie invita a reflexionar sobre la relación con uno mismo, con los demás y con el medio ambiente, recordando que todos somos naturaleza, aunque lo hayamos olvidado».






