La fórmula tica de la felicidad

Costa Rica

Durante años, la felicidad parecía monopolio escandinavo. Finlandia, Dinamarca, Islandia o Suecia ocupaban sistemáticamente los primeros puestos de todos los rankings que intentaban responder a una pregunta tan compleja como universal: ¿qué hace feliz a una sociedad?

Por eso resulta especialmente llamativo que un pequeño país centroamericano de apenas cinco millones de habitantes irrumpa hasta el cuarto puesto del World Happiness Report y se convierta en el país más feliz de América, por delante de naciones mucho más ricas.

¿Por qué Costa Rica se ha colado entre los gigantes del bienestar?

La explicación fácil sería recurrir a la imagen más tópica del país: selvas exuberantes, volcanes, monos aulladores, playas salvajes y una población que ha convertido la expresión «pura vida» en una forma de estar en el mundo.

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La real, sin embargo, tiene muchas más aristas. Porque los ticos —nombre que nació del sufijo con el que los constarricenses construyen sus recurrentes diminutivos— no son felices por accidente. Tampoco por una cuestión climática ni por una predisposición cultural imposible de replicar. Lo que está ocurriendo allí es el resultado de una suma de decisiones tomadas durante décadas.

De alguna manera, Costa Rica lleva casi ochenta años diseñando un experimento a escala nacional sobre cómo sería un país que colocara el bienestar colectivo en el centro de sus prioridades.

¿Ejército? No, gracias

El 1 de diciembre de 1948, tras el fin de una breve guerra civil, Costa Rica abolió el ejército. No lo redujo ni lo reformó. Lo eliminó.

Lo que podía parecer un gesto simbólico acabó convirtiéndose en una de las grandes palancas de transformación del país. Los recursos que en otros lugares se destinaban a las fuerzas armadas comenzaron a dirigirse hacia la educación, la salud y el fortalecimiento de las instituciones públicas.

Setenta y siete años después, la ausencia del ejército sigue siendo mucho más que una curiosidad histórica. Forma parte del ADN costarricense.

También ha contribuido a construir algo difícil de cuantificar, pero decisivo para el bienestar colectivo: una sensación de estabilidad. No es casualidad que acumule más de 120 años de tradición democrática y que sea considerado uno de los países más estables de América Latina.

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La naturaleza no es solo un recurso 

Costa Rica ocupa apenas el 0,03% de la superficie terrestre del planeta y, sin embargo, alberga alrededor del 6,5% de la biodiversidad mundial.

La cifra impresiona por sí sola, pero quizá resulte aún más revelador que más de una cuarta parte de su territorio terrestre esté protegido mediante parques nacionales, reservas biológicas y otras figuras de conservación.

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No se trata de una reacción reciente ante la emergencia climática. La apuesta comenzó hace décadas y acabó redefiniendo la identidad del país. Costa Rica entendió antes que muchos otros que proteger la naturaleza no era un obstáculo para el desarrollo económico, sino una forma distinta de concebirlo.

El medioambiente dejó de ser una reserva de recursos para convertirse en un patrimonio común. Las consecuencias trascienden lo ecológico. Sin ir más lejos, son numerosos los estudios que demuestran que vivir rodeado de espacios naturales accesibles influye en la salud física, reduce los niveles de estrés y mejora el bienestar emocional. Y en Costa Rica, esa relación con el entorno no es una actividad extraordinaria reservada a los fines de semana; forma parte de la vida cotidiana.

El bosque que volvió a crecer

La historia de sus bosques resume bastante bien la filosofía del país. Durante la segunda mitad del siglo XX, Costa Rica sufrió una intensa deforestación asociada, principalmente, a la expansión ganadera. Podría haber seguido el mismo camino que otros territorios. Sin embargo, decidió rectificar.

Actualmente, cerca del 59% del territorio nacional vuelve a estar cubierto por bosques, convirtiéndose en uno de los grandes ejemplos mundiales de recuperación ambiental. La receta seguida para lograrlo combina incentivos económicos para la conservación, una amplia red de reservas biológicas privadas y una transformación progresiva del modelo productivo. En lugar de seguir ampliando la frontera agrícola y ganadera a costa del bosque, el país apostó por actividades capaces de generar riqueza sin destruir el territorio, como el ecoturismo, la investigación científica o una agricultura cada vez más orientada a prácticas sostenibles. El bosque dejó de verse como un obstáculo para el desarrollo para convertirse en uno de sus principales activos.

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Un turismo no invasivo 

En muchas partes del mundo, el turismo se ha convertido en una fuente creciente de tensión entre visitantes y residentes. Pero en Costa Rica se lleva años intentando construir una relación diferente.

En lugar de utilizar la naturaleza para alimentar la industria turística, las autoridades han tratado de utilizar el turismo como una herramienta para proteger la naturaleza y fortalecer las comunidades.

Los ingresos que genera el sector contribuyen a financiar guardaparques, restaurar ecosistemas y consolidar áreas marinas protegidas. Además, el país impulsa desde hace años la Certificación para la Sostenibilidad Turística (CST), un sistema que evalúa el compromiso ambiental, social y cultural de hoteles, turoperadores y comunidades locales.

La conversación, sin embargo, ha dado un paso más allá. Costa Rica ya no habla únicamente de sostenibilidad, sino de regeneración. La diferencia es importante. Mientras que la sostenibilidad aspira a reducir el impacto negativo, la regeneración persigue dejar los lugares mejor de lo que estaban antes de nuestra llegada.

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Medir algo más que el dinero

Desde 2018 aplica el índice de progreso social (IPS) en sus destinos turísticos para comprobar si el crecimiento económico se traduce realmente en bienestar para la población. La pregunta ya no es cuánto dinero se genera, sino cómo mejora la vida de las personas.

El indicador analiza tres grandes dimensiones: las necesidades humanas básicas, los fundamentos del bienestar y las oportunidades de desarrollo. Dicho de otra manera: el producto interior bruto deja de ser el único termómetro del éxito.

El país quiere saber si las personas tienen acceso a la educación, si se sienten seguras, si pueden desarrollar sus proyectos vitales o si cuentan con las herramientas necesarias para construir un futuro mejor.

Los resultados parecen avalar el modelo. El 89,2% de los encuestados considera que el turismo es beneficioso porque genera empleo y promueve el desarrollo económico de las comunidades. La cifra resulta especialmente significativa en un momento en el que muchos destinos turísticos de todo el mundo viven tensiones crecientes con sus propios habitantes.

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Una potencia energética silenciosa

Si alguien preguntara qué país lidera algunas de las transformaciones energéticas más ambiciosas del planeta, probablemente muy pocas personas responderían Costa Rica. Y, sin embargo, lleva años haciéndolo.

En 2023, el 94% de su electricidad procedía de fuentes renovables, aunque en algunos ejercicios recientes esa cifra se ha situado cerca del 99%. El país ha logrado incluso operar durante cientos de días consecutivos utilizando exclusivamente energía limpia.

Todo ello se complementa con un ambicioso Plan Nacional de Descarbonización que proyecta la neutralidad climática para 2050.

No sorprende, pues, que Costa Rica haya recibido reconocimientos internacionales como el premio Campeón de la Tierra de Naciones Unidas o el Earthshot Prize. Lo verdaderamente llamativo es que esta transformación se ha integrado en la vida cotidiana sin grandes discursos grandilocuentes alrededor. La sostenibilidad no funciona como un departamento independiente, sino como una manera de organizar el país.

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La felicidad también es una cuestión de vínculos…

El World Happiness Report insiste cada año en una idea que desmonta algunos lugares comunes: la felicidad tiene menos que ver con la acumulación material de lo que solemos pensar y mucho más con la confianza y las relaciones humanas.

Los investigadores analizan, entre otros factores, la sensación de libertad, la percepción de corrupción o la posibilidad de contar con alguien cuando aparecen los problemas. Y es precisamente ahí donde muchos países latinoamericanos suelen obtener mejores resultados de los esperados.

Los expertos lo atribuyen a la fortaleza de los vínculos familiares y sociales. Costa Rica parece haber sabido preservar esa dimensión comunitaria, mientras desarrollaba instituciones relativamente sólidas y una importante estabilidad política.

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… y  de coherencia

Costa Rica no es un país perfecto. Como cualquier otro, afronta desafíos sociales, económicos y medioambientales. Pero sí ha conseguido algo poco habitual: mantener una misma hoja de ruta durante décadas.

La apuesta por la educación, la protección de la naturaleza, el fortalecimiento institucional o una manera distinta de entender el desarrollo no son decisiones aisladas, sino piezas de un mismo proyecto de país.

Y quizá en esa coherencia sea donde resida una de las claves de su presencia entre las sociedades más felices del mundo. Porque más allá de los rankings, Costa Rica demuestra que el bienestar colectivo no se improvisa, sino que se construye a partir de decisiones sostenidas en el tiempo.

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«Pura vida»: el origen 

Hoy es imposible pensar en Costa Rica sin escuchar la expresión «pura vida». Sirve para saludar, despedirse, agradecer, devolver el agradecimiento, responder a un «¿cómo estás?» o expresar que todo va bien. Más que una frase, es un comodín del buen rollo.

Lo curioso es que su origen no está en una tradición ancestral costarricense, sino en el cine. Todo comenzó en 1956, cuando se estrenó en el país ¡Pura vida!, una película mexicana dirigida por Gilberto Martínez Solares y protagonizada por Antonio Espino, conocido como Clavillazo. En ella, el personaje principal repetía constantemente esas dos palabras a pesar de los contratiempos que iban apareciendo en su vida. La frase caló en Costa Rica hasta convertirse en algo mucho más grande que una muletilla.

Con el tiempo, pasó a representar una forma de entender el mundo basada en la sencillez, la gratitud y la capacidad de relativizar los problemas cotidianos. Hoy, «pura vida» funciona casi como el claim nacional al resumir de manera perfecta la filosofía tica basada en disfrutar de lo esencial sin complicarse demasiado.

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Patrick Thomas

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