‘Mentalidad Odisea’: Lo que Homero nos enseña sobre resiliencia y otros superpoderes

mente odisea

Decir que la vida puede ser una odisea no es un símil que nos resulte extraño. Además, es fácil de entender, se haya leído o no la obra a la que hace alusión. Y aunque hoy ninguno de nosotros nos abrimos camino a espadazos, sí que seguimos sintiendo los mismos temores, los mismos deseos, las mismas alegrías y cualquier otra emoción humana que Homero hizo experimentar a sus personajes en la Odisea hace más de dos mil años.

Leída con los ojos de la psicología, en este poema griego pueden encontrarse lecciones de vida que aún nos sirven para manejarnos y explicarnos nuestra propia existencia y a nosotros mismos. Así lo cree, al menos, la psicóloga clínica británica especializada en estrés, trauma y resiliencia y graduada en Filóloga Clásica Sam Akbar, que acaba de publicar en España Mentalidad Odisea. Lecciones atemporales sobre resiliencia y fortaleza ante las adversidades (Kitaeru, 2026).

mente odisea

Homero, psicólogo y narrador de la experiencia humana

Para Akbar, los clásicos son una manera de explicar el mundo y al ser humano. Ahí es donde se ubica el nexo de unión con la psicología. El propio Homero, dice, es un gran narrador de la experiencia humana, un gran psicólogo, en cierta manera. Y aunque advierte de que la Odisea puede tener sus sombras y no debe ser interpretada como una guía de conducta, sí que puede funcionar como un espejo donde ver reflejada nuestra vida interior.

«Mucho antes de que dispusiéramos de las palabras trauma, resiliencia o identidad, Homero ya había explorado esos conceptos […]. Ahora hablamos de “crecimiento postraumático”, “locus de control interno” o “inteligencia emocional”, pero la Odisea ya se ocupó de todos estos temas», explica en el libro la doctora Akbar.

A través de Odiseo, Telémaco, Penélope, así como de otros personajes y circunstancias que los acompañan en ese larguísimo viaje del rey de Ítaca, se explican conceptos psicológicos y emocionales que aún hoy vivimos de maneras parecidas. Y de sus aventuras y experiencias, podemos extraer lecciones aplicables todavía a nuestra propia existencia. Estas son algunas de ellas.

No cierres los ojos, acepta que las cosas pueden salir mal

Como Odiseo, todos tenemos que enfrentarnos a problemas vitales que nunca llegan con preaviso y afrontar retos que ponen a prueba nuestra estabilidad emocional y psicológica. La clave no está en cerrar los ojos y tratar de ignorarlos, sino en aprender a aceptar que la vida no siempre es de color rosa, que el camino tiene cuestas y curvas peligrosas y que es lo que hay.

«La vida nos despoja de la ilusión de controlar totalmente nuestras circunstancias; nos obliga a desterrar la creencia de que el fruto de nuestros esfuerzos está garantizado. Sin embargo, ello también encierra una paradoja. Nuestra falta de control sobre los acontecimientos pone de relieve lo único que sí podemos controlar: la forma en que reaccionamos a ellos», aclara Akbar en uno de los primeros capítulos de Mente Odisea.

Igual que hizo Odiseo, tenemos que desarrollar eso que hoy llamamos flexibilidad psicológica, es decir, «la capacidad de soportar el dolor y tener presente un propósito mientras lidiamos con los desafíos internos y externos».

Para el rey de Ítaca, ese propósito fue siempre poder regresar a su casa y reencontrarse con su mujer y su hijo. Ese objetivo le ayudó a lidiar con tormentas, con cíclopes, con mares embravecidos y ninfas que le tentaron con la felicidad y juventud eternas para desviarle de su camino.

mente odisea

En nuestro mundo, esos desafíos pueden ser cambios laborales buscados o no, rupturas sentimentales, pérdidas dolorosas… Pero, como a Odiseo, la vida solo nos exige una cosa: que seamos capaces de afrontar esos retos que nos ofrece, no de evitarlos. O dicho de manera más castiza, se trata de coger el toro por los cuernos.

Lamentarnos por que las cosas no nos salgan como queríamos no ayuda a solucionar los problemas. La no aceptación solo conduce a la parálisis. Por eso es fundamental tomar las riendas, dejar de gastar energía en pensar en lo que pudo haber sido o en hundirse en realidades inmutables (como la muerte), y dirigir nuestra atención hacia aquello que sí podemos hacer, en lo que sí podemos influir.

Aprende a hacer cosas pequeñas para salir de la parálisis

Criado sin su padre (cuando Odiseo partió de Ítaca su hijo era apenas un bebé), Telémaco ha crecido sin una figura de referencia. Ahora, siendo un joven adulto de 20 años, se encuentra estancado y atrapado en un estado de parálisis: su padre no está, su madre está presionada por los múltiples pretendientes que la obligan a elegir nuevo marido y él no sabe qué hacer para encontrar una salida.

Para Sam Akbar, Telémaco es un claro ejemplo de lo que la psicología llama indefensión aprendida, «que es lo que sucede cuando solo nos ocurren cosas malas». Su cerebro se ha rendido y piensa que no hay nada que hacer, no hay solución. Algo parecido, explica la autora de Mente Odisea, es lo que les ocurre a las personas refugiadas que han salido de sus países de origen por guerras o persecuciones políticas.

Lo único que salva a Telémaco es encontrar a una figura mentora (en este caso, la diosa Atenea) que le empuja a llevar a cabo un pequeño gesto para salir de la inacción: convocar una asamblea con los pretendientes de su madre en la que les pide que se vayan, y tomar la decisión de salir a buscar información sobre su padre entre sus antiguos compañeros de armas.

Para la psicóloga clínica, es importante aprender a hacer cosas pequeñas, porque son esos pequeños gestos a los que no solemos dar importancia los que consiguen sacarnos de la parálisis que sufrimos y nos ayudan a recuperar la confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad para influir en los resultados. A eso nos ayuda frecuentemente —como le ocurrió a Telémaco— la figura de un mentor, alguien que nos ayuda a creer en nosotros mismos. Como definió Ophra Winfrey, «una figura mentora es alguien que te permite ver la esperanza que albergas en tu interior».

Hallar esa figura mentora es fundamental para conseguir un cambio de actitud hacia la positividad, hacia el éxito. Pero también, advierte Sam Akbar, es fundamental conectar con nuestra voz interior y responderle como haríamos con otra persona.

«Si te criticas con severidad, tu psique percibirá el mismo nivel de amenaza que si otra persona te hubiera insultado. Si las palabras que te diriges y el tono con que lo haces son alentadoras y optimistas, tu cerebro responderá como si te respaldara Atenea. La diosa identificó en Telémaco un potencial que él aún no sabía ver».

mente odisea

No te rindas a la impotencia, siempre hay algo que puedes hacer

Tejer durante el día y destejer lo hecho al caer la noche, esa es la estratagema de Penélope para tratar de ganar tiempo antes de elegir un nuevo marido. Ella sabe que la batalla está perdida y que en algún momento descubrirán su treta, pero se resiste a rendirse a la primera.

En realidad, explica Sam Akbar, lo que está haciendo Penélope es ejercer la resistencia, lo que en psicología se llama locus de control interno: lo que hacemos cuando creemos que podemos influir en lo que pasa, aunque tengamos poco margen de actuación.

«Su estrategia demuestra los sofisticados razonamientos que surgen cuando nos negamos a rendirnos a la impotencia. […] A pesar del limitado poder de Penélope en el palacio por su condición de mujer [… ], ella sigue dando pasos para tomar las riendas de la situación».

Para la autora de Mente Odisea, este personaje femenino «es el gran ejemplo de la resiliencia: poder resistir siempre que se puede. Es algo que está dentro de nosotros. Ella, a pesar de tener un margen de acción muy limitado, decide no rendirse». Y ahí estaría el completo entendimiento del locus de control interno: «No se trata de disponer de un poder ilimitado, sino de sacar todo el partido posible al que se posee».

Y esto es importante, porque, según diversos estudios, las personas con un locus de control interno más fuerte experimentan menos depresión cuando se enfrentan a dificultades, son capaces de tomar medidas más proactivas para mejorar su situación, se recuperan más rápidamente de los reveses y sienten más satisfacción con la vida, en general.

«Cuando los individuos se ven capaces de cambiar las cosas para bien y ejercen el control dentro del ámbito donde les es posible actuar, provocan cambios a nivel de todo el sistema. La clave está en comprender la diferencia entre reconocer las limitaciones estructurales y rendirse ante ellas», aclara Akbar.

Rompe el pacto de Calipso para recuperar tu propósito

En la Odisea, la ninfa Calipso retiene a Odiseo durante siete años en su isla. Pero no lo hace encerrándole en una prisión o encadenándolo a ninguna columna. Al contrario, las redes de Calipso son muchísimo más sutiles pero infinitamente más poderosas y fuertes: da a su prisionero una vida llena de placeres y comodidades, rodeado de belleza y sin dolor, a la que resulta difícil renunciar. Y para retenerlo cuando los dioses le ordenan dejarlo partir, le tienta con un don aún mejor: la vida eterna en la que siempre será joven. Aun así, Odiseo renuncia y retoma el viaje hacia Ítaca.

Regalos y dones parecidos son los que nuestra cultura del bienestar y de consumo actual nos ofrece para mantenernos cautivos, una versión moderna del pacto que Calipso propuso a Odiseo: «comodidad y placer a cambio de nuestro yo auténtico».

Si tomas esto, tu organismo se mantendrá joven; si trabajas más, alcanzarás el éxito; para ser una persona influyente, has de vestir así y actuar de este modo… Una vida feliz en la que, sin embargo, son muchos quienes no terminan de encontrarse, que sienten un vacío que todas esas promesas no consiguen llenar.

«En nuestra existencia, el efecto Calipso se produce cuando nos adaptamos a las limitaciones hasta tal extremo que perdemos la motivación de buscar algo mejor», aclara Sam Akbar.

La sociedad nos ofrece tener mejor estatus, pero eso no nos basta. ¿Por qué nos sentimos así? Básicamente, responde la psicóloga, porque perdemos nuestro propósito vital. «Ulises dice no a Calipso porque siente que le roba su propósito. A la gente que no se siente feliz con todo lo que esta cultura nuestra actual nos ofrece le pasa lo mismo que a Odiseo: se siente fuera de su propósito y, por tanto, lejos de sí misma».

«Para liberarse del efecto Calipso es necesario reconectar con valores profundos que van más allá de la comodidad inmediata», concluye.

mente odisea

Dos lecciones básicas para el camino

Si entendemos la vida como un viaje, aceptaremos más fácilmente que el trayecto estará trufado de aventuras placenteras y felices, pero también de problemas y situaciones inesperadas e incómodas que debemos aprender a manejar y solventar.

Después de analizar desde el punto de vista de la psicología el gran poema de Homero, Sam Akbar resume todo lo que se puede aprender en dos lecciones básicas.

La primera, aceptar que en este viaje vital encontraremos cosas que no nos gustarán y que nos harán daño, pero que en eso se esconde el mayor de los regalos: el aprendizaje. «Todos tenemos que aceptar el viaje tal cual es, porque lo malo nos hace más fuertes y nos define. Tenemos que abrazar esto y la calidad humana que nos otorga», aconseja Akbar.

Y la otra gran lección que podemos extraer es que lo más importante de todo es la gente que nos acompaña en nuestro viaje. «Encontrar a tu tripulación es un aspecto fundamental para desarrollar la resiliencia. La Odisea habla del poder duradero de esa conexión humana. Odiseo no encuentra el camino a casa porque se embarque solo en su periplo, sino porque es capaz de forjar lazos con quienes pueden ayudarlo. Lo mismo te ocurrirá a ti. Elige a tu tripulación con sabiduría y tu odisea será exitosa».

¿Qué opinas?

Último número ya disponible

#146 Primavera 2026

Sobre nosotros

Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

Suscríbete a nuestra Newsletter >>