Okuda: «Ahora es cuando estoy empezando a hacer cosas guapas»

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Inquieto, único en su pensar-hacer, reconocido mundialmente y con todo tipo obras de arte por un gran número de países y una gran variedad de proyectos tan potentes como fascinantes. Okuda es uno de los aristas urbanos más recocidos en nuestro país y también fuera de él. En esta nueva entrega de Rizomas*, hablamos con él sobre sus 30 años de trayectoria y lo que está por llegar. 

 

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©Jeosm

¿Cuándo, cómo, por qué y para qué se introduce Okuda en el arte urbano?

La verdad es que ha sido todo de una manera muy orgánica, sin pensar ni decir en su día: «venga, ahora voy a hacer murales». Yo crecí en un barrio de clase trabajadora, en el típico bar-restaurante que da comidas a todos los estudiantes de la universidad que tenía enfrente. Así, desde los cinco a los quince años, los clientes del bar –mayoritariamente, estudiantes universitarios, pero también las prostitutas de los clubes de al lado– eran mi familia, lo cual hizo que desde bien pequeño me acostumbrara a estar con todo tipo de gente y que nada me sorprendiese, eso y el hecho de estar todos los días en la calle hasta las dos de la mañana –porque mis padres cerraban tarde– patinando, jugando al fútbol y haciendo de todo, algo que me ha llevado a ser muy independiente –y por lo que la calle es mi self place–.

Entonces, partiendo de esa base –la de estar todo el día en la calle–, a partir de los quince fui dejando de lado los patines y el fútbol, y empecé a pintar. Pero, ya te digo, sin planearlo, sino por el simple hecho de estar en la calle. Y como siempre dibujaba en el colegio, pensé: «pues ahora vamos a dibujar en la calle». Y me junté con un grupo de amigos, con el que formé Jungle Jonky, y empecé a descubrir sitios y lugares por Santander que para la mayoría de la gente son una mierda, pero que, para nosotros, que éramos outsiders, lo tenían todo para desarrollar nuestra historia –pues todo cuanto hacíamos, lo hacíamos ahí–. 

Aquello fue muy guay, porque era como construir nuestro propio mundo, aprendiendo constantemente, en una ciudad como la de Santander, en la que no pasaba nada, ni había nada –salvo una pequeña escena de rap, muy underground y bastante chula, y poco más–. Por eso, como decía, nunca hubo un plan. Mis inicios fueron muy orgánicos. Porque todo empezó por el lugar en el que estaba y por la forma en que asumí que mi pasión era dibujar y pintar, que la llevé por donde la llevé sin darme cuenta. 

¿Qué papel juega en ello la ciudad de Santander?

Uno muy importante. Si hubiera nacido en una ciudad más grande, habría tenido más referentes, porque la mayoría de mis referentes vienen de mi etapa como estudiante en el Instituto de Artes, ya que en Santander apenas había background, salvo lo que hacían Afro, Reno, un francés que también pintaba y poco más –todo ello graffiti clásico, old school–. Y eso, teniendo en cuenta que en Madrid había ya unos estilos muy definidos, hubiera marcado el mío. 

En ese sentido, el hecho de tener una identidad personal y artística única viene de eso, de no haber tenido referentes antes, y de buscar estos fuera del propio street art. Por eso es importante Santander. Porque, al obligarme a buscar mis propios referentes más allá del arte urbano, me llevó también a construir mi propio estilo.

Llegaban algunos fanzines de fuera –la mayoría fotocopiados– y mi trabajo tenía cierta relación con lo que se hacía, por ejemplo, en Alemania. Pero, ya te digo, al no tener muchas cosas a las que asirme en mi ciudad, fue en ella –y gracias a ella– donde empecé a fraguar mi identidad y mi mensaje. 

Creces, dejas el norte y te vas a Madrid, determinante en tu devenir. ¿Qué significa esta ciudad para ti?

Al no haber Escuela de Bellas Artes en Santander, entré en la de Bilbao. Pero, pensé: «ya que me muevo de mi casa, tendré que ir a una ciudad más grande para nutrirme de más». Por aquel entonces, vine a Madrid de forma totalmente random a pintar junto a Dume –el Odio–, con quien estuve pintando en una fábrica abandonada de Alcobendas, y justo esa semana era el examen de acceso a la Facultad de Bellas Artes de Madrid, en el que, aparte de la nota, tenías que hacer otro examen –por el que, de mil personas que se inscribían, entraban cien–. Hice el examen –a ver qué pasaba–, que consistía en una prueba de anatomía –de dibujo– y otra de interpretación –en la que metí hasta spray–, y, bueno, me cogieron. 

Madrid me ha aportado muchísimo, sobre todo gente: artistas, djs, actores y un largo etc. Al final, todo el circuito artístico y cultural está en Madrid, por lo que me sentí parte de la ciudad desde muy pronto. Así que, cuando me preguntan fuera que de donde soy, digo, obviamente, que de Santander, pero también digo que soy de Madrid porque llevo ya más tiempo de mi vida en esta ciudad que en Cantabria, y me siento muy identificado con su escena, y cada vez que viajo y vuelvo, me siento como en casa. 

Madrid lo tiene todo para nutrirte. Vivo cerca de los museos –que son maravillosos–, en el barrio hay galerías por doquier… Y tras la pandemia, Madrid es una de las ciudades más vivas del mundo –está increíblemente viva–, se nota y me encanta formar parte de ello. En todos los ámbitos hay una escena de locos, con unos artistas que son buenísimos, lo cual es maravilloso porque hay millones de planes.

Y la carrera de Bellas Artes, ¿cómo te ha influido? ¿Qué impacto ha tenido en ti?

La gente comete el error de centrarse mucho en los estudios, lo cual me parece muy bien, pero hay otras cosas que también son importantes. En este sentido, por ejemplo, cuando acabé Bellas Artes, recuerdo que, de mi año, del primero, solo quedamos uno o dos artistas nada más –el resto no sé–. Ahora, la cosa ha cambiado mucho. 

Yo ahora mismo estoy colaborando con la Complutense, con la que llevo ya dos años participando en sus cursos de verano. Y en ella, que se valora mucho hasta dónde he llegado, quieren que comparta cuál ha sido mi camino para llegar hasta aquí, que es muy distinto al de un artista al uso, ya que en mi estudio somos veinte personas con distintas profesiones y distintos trabajos, y la proyección de este es diferente. Por ello, ahora estamos desarrollando un curso de un año completo junto a la universidad para el curso que viene. 

¿Qué quiero decir? Que yo, hace veinte años, jamás visité el estudio de un artista profesional. Y ahora hay mucha más conexión entre los estudios y la profesionalidad del arte. Entonces, creo que la carrera sí que me ayudó –porque, sobre todo, conocí técnicas, escultura, psicología del arte, teoría del color, etc–, pero me hubiera gustado más esto, ¿sabes? Tener más contacto con la realidad de un artista contemporáneo. Vino algún artista que otro –como, por ejemplo, Antonio López– pero apenas interactuabas con ellos. En este sentido, la cosa ha cambiado mucho y para mejor, y también me siento muy contento de formar parte de este cambio en el ámbito de la educación.

¿Qué te dio la calle que no te dio la carrera, y viceversa?

Fue una combinación súper buena. Porque mientras hacía la carrera, pintaba también trenes a lo loco. Había aquí una escena de ese rollo muy divertida y, por lo que sea, mis amigos eran parte de ella.Andaba pintando constantemente, salía, intentaba hacerlo todo a la vez y también, cuando podía, iba a clase. En la carrera aprendí cosas, pero la ciudad me dio mucho, y la calle más.

¿Cuándo y de qué manera descubres el camino que vas a seguir? ¿Qué desata esa decisión? 

Como te decía antes, nunca decido nada. Siempre ha sido algo más natural y orgánico. Han ido pasando cosas, cada vez más importantes, pero en ningún momento digo «voy a ser artista y voy a hacer esto». Lo principal era crear para ser feliz, y siempre tenía la necesidad de crear cosas nuevas. 

Incluso cuando sé que algo ha funcionado, como, por ejemplo, las esculturas –que funcionan muy bien y es lo que más nos piden–, no me conformo. De hecho, me hallo constantemente en un proceso de deconstrucción de mi obra, siempre con el fin de abrir nuevos caminos. El artista tiene que ser inconformista, pues, como decía Max Ernst, «Cuando acaba la búsqueda, acaba el artista». De alguna manera, yo intento hacer eso constantemente, y por eso nunca he tenido un plan a seguir. 

Puedes hacer proyectos y tirarte años con ellos, como, por ejemplo, el proyecto de arquitectura en el que me hallo inmerso actualmente, con el que llevo ya un par de años trabajando en el diseño de una casa con mis formas geométricas –un museo que va a ser increíble– y que vamos a empezar a construir este año. Pero, insisto, no hay un plan estructurado. Todo ha ido viniendo poco a poco y ha ido creciendo en función de nuestras necesidades y las propuestas que se nos han venido poniendo sobre la mesa. 

© Factory of Dreams

¿Por qué te decantas por los colores vivos? ¿Por qué son tan importantes en tu obra? ¿Cuáles es tu relación con ellos?

Ahí creo que la Universidad me introdujo de lleno en el círculo cromático. Y, tras ella, mi manera de razonar y componer empezó a funcionar determinada por este. Durante mi etapa en la Facultad, pintaba mucho con grises, sobre todo para aprender volúmenes y anatomía, un aprendizaje chulo y agradable. Pero después de tanto tiempo pintando en gris, necesitaba una explosión de color. Y tras haber aprendido bien la teoría del color, este se instauró en mí y, desde entonces, se convirtió en mi forma de ver, contar y componer las cosas. Así, comencé a desarrollar una especie de fórmula matemática en la que no aparece el volumen hasta que no pones el último triángulo. Esto fue en torno al 2008, cuando empecé a tener esa identidad de triangular a través del color.

No obstante, los grises y el negro también están ahí, ¿qué papel juegan en tu trabajo? ¿Tienen la misma importancia que los colores vivos?

Sí, sí, sí, totalmente. Pero no solo antes, sino que, ahora mismo, que utilizo todo el círculo cromático, siempre tiene que haber un equilibrio entre el negro, el blanco y los grises. Para que exista la felicidad, tiene que existir la tristeza. Siempre tiene que darse esa posición de cosas para que haya un equilibrio. Tanto el negro como el blanco y los grises son fundamentales para que el resto de colores brillen. Sin ellos, no lo harían. 

Para que exista la felicidad, tiene que existir la tristeza. Tanto el negro como el blanco y los grises son fundamentales para que el resto de colores brillen. Sin ellos, no lo harían.

Y luego está la geometría ¿A qué se debe su protagonismo en tu obra?

Esto sucedió también de una manera curiosa. Yo empecé a darme cuenta de que se podía esquematizar caras y jugar con ellas fragmentándolas en triángulos. Al principio eran fragmentaciones con las que se podía hacer figuras tridimensionales, pero siempre a partir de colores planos, sin degradados. Después, descubrí que podía hacer eso no solo con caras, sino también con animales y otro tipo de formas, y ahí sí que había personajes más realistas. Luego, cuando empecé a geometrizar caras y animales, comprendí que podía geometrizarlo todo. Y así desarrollé mi propia identidad, no solo con el color sino también con la geometría. 

De esta forma, cuando ya rescaté personajes de mis obras para tridimensionarlos, me percaté de que los programas de 3D, los que hacían mis diseñadores 3D, funcionan como mi cabeza. Pues lo que hago son sucesiones de puntos y líneas que hacen triángulos y que, superpuestos, dan cabida a formaciones súper complejas, algo por lo que, creo, he conectado mucho con la educación y muchos colegios me estudian, porque los niños conectan mucho con esto, que es algo muy sencillo, pero, a la vez, muy complejo. 

Y te echas al mundo, y el mundo te quiere, y cada vez son más los países que quieren que plasmes tu pensar-hacer en ellos, siendo España uno de los últimos en subirse al carro. ¿Cómo te adentras en esta vorágine?

En 2002 empiezo a viajar con otros artistas, como Dems, Dibone y el Niño de las Pinturas, y lo que hacíamos era graffiti, algo en lo que, por aquel entonces, éramos la referencia. Luego, seguimos moviéndonos, yendo a eventos como el de Meeting of Styles (Amsterdam), pero adentrándonos también en el mundo del street art, pintando en edificios grandes y, además, haciendo murales para marcas comerciales. Nos movimos por Europa, pero, sobre todo, por Estados Unidos, el país en el que he hecho más cosas. 

Ahora, con las redes sociales, la cosa ha cambiado muchísimo. Porque estas son una de las principales herramientas en lo que a la difusión de tu obra respecta. Cuando comencé a pintar en Madrid, que no había redes sociales, todo era diferente, había un chat de graffitis, estaban también Fotolog y Messenger, y poco más –aunque, a pesar de ello, con aquello empecé a conocer a mucha gente, sobre todo de Latinoamérica–. Y tras el Facebook, vino Instagram, la red social más conectada con el trabajo, fundamental para mostrarte al mundo como tú quieras y recibir propuestas; es decir, una red social para profesionales, o así la he sentido y la he trabajado yo.

© Ayuntamiento de Lieja

En este sentido, tanto los viajes por el mundo como la expansión de las redes sociales es lo que ha hecho que me haya sentido tan valorado, sobre todo fuera, concretamente en Europa y en Estados Unidos, mucho antes –y más– que en España. Luego, ya en los últimos años, con la Iglesia Skate de Llanera en 2014 –un trabajo más reconocido a nivel mundial que a nivel nacional– y, sobre todo a partir del Faro de Ajo, en 2020, es cuando creo que se ha empezado a valorarme más en España. 

Hasta el 2020, he estado trabajando todo el rato fuera, en más de sesenta países. En los últimos cinco años, por lo que sea, sí que estamos teniendo muchas reuniones y muchos proyectos en nuestro país, pero, ya te digo, todo empieza fuera, y ha tenido que pasar todo este tiempo para que trabajemos más en España. Pero bueno, no pasa nada, pues por fin estamos desarrollando grandes cosas aquí. 

¿A qué crees que se ha debido? ¿No está preparado España para lo que haces?

Creo que, quizás, mi identidad artística, mi mensaje y mi estilo ha conectado más con Estados Unidos, Asia y Europa que con España, que ha tenido un proceso de aprendizaje, sobre todo de estas vertientes artísticas. Es decir, hasta que no han surgido ferias como Urvanity Art o Art Madrid y artistas más jóvenes que no llevan mucho tiempo, el arte contemporáneo no ha empezado a ramificarse. Estaban ARCO y los artistas contemporáneos, pero los artistas que trabajamos en la calle no estábamos del todo valorados. Y creo que, para que nos valoren aquí, nos han tenido que valorar antes fuera. 

Creces, avanzas, vas más allá de los murales y comienzas a hacer 3D, escultura, pintura, tapicería, fotografía, vídeo, etc. ¿Qué te lleva a ello y cómo te desenvuelves en este poderoso proceso de creatividad? 

Hasta el estallido de la pandemia, viajaba todo el rato, cogía doscientos aviones al año, estaba muy centrado en hacer propuestas de murales, etc., y me encantaba, porque me sentía muy libre y tal. Antes del 2020, ya hacía bordados con mi madre y fotografía –porque, evidentemente, viajando, de repente, se te ocurren otro tipo de ideas y técnicas que van más allá de la pintura y la escultura–. Siempre he aprovechado los viajes que he hecho, no solo para inspirarme, sino también para aprender nuevas técnicas. 

Por ejemplo, en 2014, cuando visité Tennessee –para realizar mi primer trabajo más allá de la pared–, hice un road trip por Estados Unidos y lo aproveché para hacer fotografía. Además, me llevé telas y fui haciendo fotos con ellas. Así, para mi siguiente expo, que fue en SC Gallery, aparte de las obras pictóricas y escultóricas, aparecí con una serie de fotos que había hecho. Entonces, aprovechar los viajes, las fotografías que hago en ellos y las telas que compro en los lugares que visito –así como los bordados que hago con mi madre– para generar otro tipo de obras es algo habitual en mí, la verdad. 

Si antes de la pandemia ya andaba experimentando con diferentes técnicas, tras el parón que vino con ella y todo cuanto pensé durante la misma, empiezo a plantearme otras cosas. Y comienzo a dibujar casas y esculturas habitables, a plantear un videojuego –que será protagonizado por una niña en silla de ruedas y en el que ya estamos trabajando– y a idear muchas cosas locas relacionadas con el mundo virtual –como los NFT–, o sea, a diversificar como nunca. Para mí, parar fue lo mejor que me pudo pasar, sobre todo por eso, porque, de repente, dejas de ver las cosas de una forma para verlas de otra. Por supuesto, seguí dibujando y pintando, pero, oye, parar de repente y ver hacia donde vamos, creo que está muy bien. 

El tiempo de reflexión que tuve durante la pandemia fue maravilloso porque me abrió nuevos mundos que ahora mismo me están viniendo muy bien. Estoy más tranquilo, no viajo tanto, disfruto más de todo, puedo estar trabajando en varios proyectos al mismo tiempo. Creo que esto, también, se debe a que, actualmente, me hallo en un período de madurez, pues, seguramente, con veinte años, no hubiera pensado en dibujar casas, ¿sabes? 

En este sentido, el momento espacio-temporal que se abrió con la pandemia ha sido fundamental porque, de repente, sentí esa necesidad de hacer cosas nuevas. Pero también volví a retomar la línea, es decir, la línea de ir más allá de pintar todo directamente para marcar bocetos de pintura. Desde la pandemia a la actualidad, he hecho como trescientos dibujos, retomando la línea del inicio, la de los primeros años, y sintiéndome cómodo con ella. Además, con rotulador, el propio error o cualquier cosa que te salga mal, es una idea para el siguiente trabajo; es como una especie de terapia, y la pandemia, con estos dibujos, fue también una terapia.

¿Y cómo te vas introduciendo en todos estos mundos? 

Empiezo a dibujar simplemente las formas y la estructura de cada proyecto, y luego, obviamente, trabajo con artistas y profesionales especializados. Dependiendo del qué, trabajo con unas personas u otras en el cómo. Para la casa que te comentaba antes, he trabajado con un arquitecto –en su diseño, en el diseño de las habitaciones, etc–; para el videojuego, pues he tenido que trabajar con desarrolladores de videojuegos, y así con todo. 

¿De dónde y de quién bebes?

Hay que estar muy conectado con todo cuanto pasa a nivel artístico y en el mundo del arte. De hecho, después de la pandemia, inauguré varias exposiciones –en China, en Los Ángeles, etc–. Y, aunque la gente no podía asistir a ellas como antes del Covid, seguía montando cosas, todo seguía fluyendo, las redes sociales te seguían manteniendo vivo y conectado con el arte y la cultura. Entonces, intento mantenerme muy al día con todo cuanto pasa y todo aquello a lo que alcanzo. Y lo hago gracias a los amigos artistas, las revistas y las galerías que sigo, que me mantienen muy conectado con el mundo del arte y la cultura.

Además, eso es lo que me lleva a trabajar para estar al primer nivel, y a rendir al máximo, y lo que me motiva, una motivación derivada de lo que hacen amigos que están a estos niveles, como, por ejemplo, Felipe Pantone. Por ello, me alegro mucho por los éxitos de mis amigos, pero, a la vez, estos me exigen estar al mismo nivel.  

Es tal tu energía y la fuerza del pensar-hacer que despliegas que te unes con elrow, el maestro Paco Osuna y Desigual para crear Kaos Garden. ¿Qué supuso esta aventura para ti? 

Pues mira, sobre todo, otra vez, conectar con mis raíces, bueno, quizás no tanto mis raíces, porque yo vengo del rap, pero sí que, durante la adolescencia, me abrí más a la electrónica. Y, bueno, para mí fue la hostia, porque yo me he pasado veinte años bailando en el desierto de los Monegros. Entonces, dar con esta familia, que es maravillosa, y hacer mi propio show fue… Es que tenía que tenía que pasar y tenía que ser yo, ¿sabes? Si yo me he tirado tanto tiempo en la pista de baile, ¿quién va a ser si no?

Y luego está lo importante que es para mí el hecho de no reducirme únicamente al museo, la galería y la pintura. Porque me apetece mazo y necesito ver cómo explota mi trabajo, y cómo se percibe desde distintos ámbitos, distintas audiencias y distintas maneras de vivirlo. 

 

¿Cómo se gestó? ¿Cómo la desarrollasteis? ¿Qué retos supuso para todas las partes implicadas?

Pues mira, uno de los mayores retos fue el de poner a trabajar mi equipo con otro equipo nuevo que no tenía nada que ver con el mundo artístico –aunque sí desarrollaba y desarrolla piezas y estructuras grandes–. Era la primera vez que trabajamos, mano a mano, codo con codo, con otro equipo de gran tamaño. Y aquello fue bastante más agradable, agradecido y fácil de lo que pensábamos. 

Nos juntamos por primera vez en elrow house –una casa maravillosa de Barcelona en la que la familia Arnau tiene sus oficinas–, que es una locura inspiracional total –porque cada sala es una historia–, abrimos el cuadro, para mí por excelencia, El Jardín de las Delicias, del Bosco, y tanto mi equipo como el suyo empezamos a rescatar personajes de ahí para, bajo mi dirección y supervisión, reinterpretarlos y generar un nuevo jardín, el Kaos Garden. Tras esa fase de reinterpretación, nos pusimos a trabajar, sobre todo con mi diseñador 3D, en el stage, donde la calavera, que es el icono más conocido, reconocido y reconocible de mi trabajo, el que abarca más culturas y el que tiene mayor recorrido histórico en mi obra –que está en ella antes que los triángulos–, fue el personaje principal y del que salió todo. 

No contento con semejante liada, vuelves a la carga con Neo Kaos Garden, esta vez en UNVRS, el club de los clubs de Ibiza. Háblanos de ello, por favor. 

Ahora, para el 2.0., con nuevas herramientas, nueva tecnología y nuevas posibilidades, me vuelvo todavía más loco. Y la historia que hemos vivido este verano en Ibiza ha sido una especie de Cirque du Soleil. Porque esta nueva versión, hecha con tecnología punta y en la que todo está en movimiento, es una fantasía de verdad. Si antes era increíble, ahora es magia. Por eso, el Neo Kaos Garden es cien veces mejor que el original.

 

©elrow

Ya, con la experiencia de cinco años de trabajo con elrow, tras haber generado una experiencia maravillosa como Kaos Garden, pues, si te ponen encima de la mesa la mejor tecnología y te dan todas las posibilidades para que las cosas se muevan –no solo las personas–, imagínate, es perfecto. A mí me dicen “puedes hacer esto y esto otro” y me vuelvo loco, y es la primera vez que me han dicho que podía hacer lo que quisiera, lo cual me encanta. Y por eso nos ha salido increíble y estoy tan contento con el nuevo show. Si con el primero hicimos gira mundial, con este vamos a ir a países y a lugares en los que no hemos estado antes, porque el show está a la altura de cualquier show de nivel mundial. Es que en él están pasando cosas siempre, y eso es una pasada.

Me encanta, estoy muy contento, y Juan, Cruz y yo nos autofelicitamos siempre porque este show representa el crecimiento paralelo de nuestros equipos, tanto el suyo como el mío. Es que hemos pasado de hacer una cosa guay a hacer algo increíble, y haber vivido todo este proceso juntos ha sido fantástico porque nos queremos mucho. Y, aparte de que el trabajo es maravilloso, compartir con ellos también.

©elrow

Ya hemos mencionado dos de los más grandes estandartes de las músicas de baile a nivel internacional (maestro Paco Osuna y elrow), pero también tienes una grandísima amistad con Gabriel Cassina (Regal), Luka de Blas Peligros (Bassement, Laster) o Héctor Oaks, otros tres capi della mafia en lo que al techno se refiere. ¿Qué significa la electrónica para ti? ¿Cuál es tu relación con ella? 

Tanto la electrónica como la pista de baile son el lugar en el que descanso. Mi lugar de descanso es la pista de baile (se ríe), es verdad. Para trabajar cada día, yo duermo mis horas, como súper bien y me cuido. Y los fines de semana, lo que necesito es descansar la mente, dejarme llevar por los sonidos y la música, y bailar. Ese es, entre comillas, mi descanso, pero, a la vez, mi lugar de inspiración. 

Siempre he estado rodeado de deejays. Y en Madrid he vivido fases muy guapas: cuando estaban Zombie Club y Zombie Kids, muy amigos; los inicios de Stardust, con Sara Loeh, que también era la hostia; Charanga, Coppelia, One, cuando iba a la universidad, una época muy guay también, con Mulero, Pelacha… Y ahora, de nuevo, la electrónica está viviendo un momento maravilloso, con Héctor Oaks, Regal, Luka, todos los clubs que hay y gente brutal. Siempre, por lo que sea, he estado muy cerca de los DJs y de la pista de baile, y estoy muy contento de estarlo porque ahí me siento libre y vivo.

¿Por qué la electrónica y no otro género musical?

Me encanta el techno, el electro también me flipa, si voy a África, pues estoy a tope con el afrobeats… La electrónica es muy amplia. Pero ahora mismo estoy en un momento en el que no me cierro a nada. Porque, aunque los sitios a los que más voy son de electrónica, de repente, por ejemplo, voy a ver a Lady Gaga. O sea, voy a los shows musicales más potentes del mundo porque eso, para mí, es nutrirme de muchos elementos. Además, como también trabajo en el mundo escénico, tengo que estar al día de lo que ocurre en él, aparte de que me apetece, porque es pura inspiración. Lady Gaga, Madonna, es que ir a un concierto de esta gente es… 

Estoy cerca de la electrónica, pero tengo momentos para todo. Y aquí, en el estudio, escuchamos de todo. De hecho, me encanta en qué punto está actualmente la electrónica, por ejemplo, con respecto a la música popular y tradicional, sobre todo en América Latina. Siempre que viajamos, mi pareja, Chelo –aka Bootychelly–, que también hace música, se pone en contacto con la escena electrónica y queer de cada país que visitamos, lo cual nos permite vivir mundos diferentes y, así, aparte de trabajar, conectamos también con artistas de otros lugares, en los que se palpa esa actualización de la mochila tradicional y su mixtura con las nuevas tendencias que te comentaba. Fíjate hasta qué punto es vanguardia América Latina en este sentido que yo he llegado a escuchar reggaetón en el Berghain, con Rosa Pistola, que aquella noche hizo magia en Panorama. Es el momento de Latinoamérica.

Decía Nietzsche que un poco de veneno, de vez en cuando, produce sueños agradables… ¿Cómo se inspira Okuda San Miguel? ¿Adónde y a qué acude para ello? 

Por ejemplo, recuerdo la última vez que fui con Felipe Pantone, Vicky y más amigos al Burning Man, uno de los lugares más inspiradores que he visto, al que fuimos no tanto por la música como por lo visual y las locuras de arte visual que había en él. En verdad, cada día, todo lo que vivo es una inspiración. 

No voy buscando inspiración por ahí, pero, por ejemplo, el último viaje que he hecho a África ha sido, hostias, de los viajes más potentes –a nivel humano, porque te das cuenta de que lo bien que se vive en Occidente, donde vivimos más que bien, y sientes la incertidumbre a la que está sometida la gente allí, que está prácticamente vendida– y más poderosos –porque las cosas más mágicas suceden en estos entornos tan hostiles, destacando entre ellas, por ejemplo, los rituales que siguen haciendo los Dogón, los Fulani o todas las mascaradas que hay en Burkina Faso, Mali, Níger, etc.–

En este sentido, por mucho que vaya a fiestas y festivales actuales y demás, me encanta buscar en lo tradicional, y cuando voy a otros países, intento visitar siempre sus mercados y todos los rincones populares de los mismos. Por lo cual, bebo de lo actual tanto como de lo tradicional, porque están muy unidos.

2022 fue un año muy importante en el devenir de Okuda San Miguel, pues en él nacen Factory of Dreams –tu estudio y el espacio que pones al servicio de otros artistas– y Coloring the World –la maravillosa fundación con la que apoyas y visibilizas numerosas causas sociales–. Cuéntanos sobre tan bellas realidades. 

Factory of Dreams es un espacio de creación, gestión y divulgación artística que, a su vez, viene a ser la evolución de Ink and Movement, la agencia de representación con la que he ido aprendiendo, junto a mi mánager, Óscar Sanz, cómo funciona el mundo del arte. Es la empresa que gestiona el lugar desde el que te hablo, la fundación Coloring the World, la galería propia que vamos a empezar a trabajar y, bueno, todas las cosas que van surgiendo: la colección privada de arte que tengo, el proyecto de arquitectura y todo cuanto vaya saliendo de Okuda. 

En cuanto a Coloring the World, aunque llevo vinculado al mundo de lo social ya mucho tiempo, hace unos seis o siete años, sentí la necesidad de canalizar todo el esfuerzo con respecto a la cooperación social a través del mismo canal. Además, el nombre salió a la perfección. Porque… ¿Qué hago yo? ¿Luchar contra el mundo? Pues Coloring the World era el nombre perfecto para la fundación, que está muy centrada en aportar y sumar en ciertas líneas, como la diversidad, la inclusión, el movimiento LGTBI, la multiculturalidad y la educación, entre otras. 

© Factory of Dreams

Así, con estas líneas tan claras, lo que más hacemos con la fundación es recibir colegios, que los recibimos casi todas las semanas –o vamos a ellos–. O sea, tenemos mucho contacto con niños y niñas. Y es que es tan guay tener este espacio para que lo visiten niños, niñas y adolescentes… Joder, a mí me hubiera encantado, de niño, poder visitar espacios así. Además, de cien niños que vengan cada día, seguramente haya dos que vean esto y digan: “yo quiero esto”, niños que conecten con esto y que les cambie algo. 

Por no hablar de lo importante y potente que es también ir a un país un poco duro, como cuando fui por primera vez a Kiev (Ucrania), donde todos los edificios, gigantes, tienen una cara sin ventanas, y desarrollamos un proyecto muy bonito, con el que pintamos ochenta edificios, lo cual me hizo entender por qué monté la fundación, pues cambia mucho el crecer en un entorno hostil y gris a hacerlo rodeado de arte en la calle, y esto es algo que fue posible gracias a la fundación. 

Y nada, así hemos venido haciendo durante todos estos años. Otro ejemplo es lo que hicimos para apoyar a la gente de Valencia tras la catástrofe de la DANA junto a Felipe Pantone, que organizó una subasta, Auction for Action, en la que todos los artistas amigos pusimos varios obras y recaudamos más de 160.000 pavos, consiguiendo rehabilitar varias escuelas infantiles y varios estudios de arte –en concreto cinco espacios–, y lanzando un mensaje al mundo: “si quieres, puedes”; y no me vale que no llegan las ayudas, porque si nosotros, los artistas, que nos dedicamos a otras cosas, nos organizamos y podemos conseguir lo que conseguimos, ¿por qué no lo consiguen los políticos? Qué pena que el mundo funcione así, ¿no? 

La fundación me aporta algo muy guay. Y pronto seguiremos dando más noticias, porque estamos trabajando en cosas increíbles. 

Qué cosas tan bonitas, qué mensaje tan poderoso, qué buen camino a seguir.

La fundación siempre se ha ido juntando con personas que para mí han sido y son referentes. Por ejemplo, está la atleta paralímpica Desirée Vila, la cual, hace años, me trajo la pierna ortopédica con la que iba a competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio para que se la pintara –aunque, al final, debido al retraso que provocó la pandemia, no se la pudo llevar, pero se convirtió en una pieza de nuestro museo– y, desde entonces, tenemos una gran relación, porque me parece una referencia de verdad.

Y también está SuperLu, una niña que con siete años se queda en silla de ruedas por una lesión medular, la voy a voy visitar al hospital de Toledo, le regalo una silla de ruedas con un diseño mío que creo para la fundación Izzy Wheels –creada por dos hermanas irlandesas, Alibhe e Izzy, que nació con espina bífida y tiene paralizada la parte inferior de su cintura–, que hace unas ruedas súperbaratas, le cedo el diseño –y todas las ganancias del mismo van para la fundación de estas niñas, que son la hostia también– y, cuando vuelve a su colegio, en vez de ser la rara –yo también me considero de los raros–, pues, todo lo contrario, se hace viral. Y el hecho de llevar esas ruedas ha reforzado su identidad, le ha dado más power, y ahora, con once años, lo que ha avanzado es… Hace piragüismo, hace todo. No porque sí ha sido la madrina de nuestro estudio.

En este sentido, me gusta tener este tipo de referentes cerca. Porque hay que fijarse en estas personas y ver cómo han sido capaces de anteponerse a los problemas. Es que llevar todo el peso de la familia –una familia que es maravillosa y que ya está muy cerca de la mía– con siete años… Es increíble porque me dicen que la niña ha sido la que más fuerza ha tenido. Una historia increíble, la verdad. Entonces, conocer a esta gente te da una fuerza increíble para que nada te suponga un problema y para enfrentarte al mundo en todos los sentidos, dando lo mejor de ti y la mejor versión de ti mismo. 

Y luego hay otra persona que tenemos muy cerca del estudio, Cayetana Guillén-Cuervo, que también es… Porque, referente del activismo cultural y con una gran capacidad de juntar a unos y otros, siempre que hacemos un evento, ella es la encargada de presentarlo. 

Esta gente soy yo, yo soy ella, es parte de mi identidad y de mi trabajo, y me encanta que estas personas sean embajadoras de mi trabajo y mi mundo. 

En estos tiempos de polarización absoluta, en los que andamos siempre enfrentados, compitiendo y buscando a ver quién es más, vas tú y nos propones Better Together, la exposición en la que celebras la amistad y la complicidad, y homenajeas a los artistas y amigos que han sido vitales en tu trayectoria artística, como 3TTMAN, Daniel Muñoz, Demsky, Felipe Pantone, Nano4814, Nuria Mora, Remed, Sixe Paredes y Spok Brillor. ¿Cómo se te ocurrió, cómo respondieron ante ello las personas invitadas y cómo fue? ¿Por qué es mejor colaborar entre “iguales” que andar batallando?

La galería ha sido siempre una parte del estudio, que se usaba para artistas que estaban becados en el estudio o que tenían el estudio aquí. Porque en él tenemos también espacio para otros artistas, como el músico Ed is Dead y la grafitera Didi Leona, que tienen aquí su estudio, o Chelo, que también va a montar el suyo en este espacio. Por ello, la galería es un apoyo al estudio. 

Entonces, como parte final de esta etapa, decidí reunir a todos los artistas con los que empecé y junto a los que comencé a hacer cosas chulas –que cada uno ha tenido una identidad marcadísima y súper distinta– para hacer una expo, ver cómo funcionan todas las piezas y mostrar, a la vez, qué distintos somos. Y lo cierto es que fue muy guay. De hecho, me quedé, para mí colección, la pieza más grande, que la trajo Sixe, una pintora maravillosa. 

Ya te digo, aquello fue el final de una época. Porque ahora, la idea con la galería, que va a ser el doble de grande, es que tenga un director y que sea una galería al uso, independiente del estudio, también con artistas que me gustan, pero con obras comisariadas por el director. O sea, más galería con mayúsculas, que un espacio de apoyo para el estudio. Ha funcionado muy bien así, pero ahora queremos una nueva etapa en la que el espacio funcione por sí mismo, con una línea de artistas relacionados con mi colección. 

Y ya, para ir terminando, tu obra fluye por gran parte del planeta, te hallas entre los artistas contemporáneos más top de la actualidad y, aunque el futuro, como dijo Eskorbuto, no se ve, tu devenir se promete tan interesante como hermoso. Desde que empezaste hasta ahora, ¿cómo ha sido el viaje?

Aunque he sido muy disciplinado para que esto suceda, lo he disfrutado al máximo. A pesar de que tengo ya cuarenta y cuatro años, me siento bastante joven, y dedicarte a lo que te gusta, dedicarte a crear y, de alguna manera, cambiar la vida de la gente o aportar algo para que esta cambie, para que los demás sientan algo, es maravilloso. Y, luego, viajar, que es mi segunda pasión, pues me mantiene feliz y conectado. 

Este año es mi treinta aniversario como artista y estoy pensando muchas cosas alrededor de ello, pero, sobre todo, un show más o menos retrospectivo sobre cómo se ha ido nutriendo mi carrera

Es que cuando paramos con la pandemia, yo estaba tranquilo, porque sabía que estaba haciendo lo que tenía que hacer, que estaba en el camino que tenía que hacer porque este es mi papel en el mundo y en la vida, y esto es algo que no puede decir todo el mundo, algo para estar orgulloso y tranquilo. 

Por eso, he vivido toda esta evolución y toda esta locura con bastante tranquilidad. Además, teniendo el equipo que tengo, es que puedo hacer todo lo que hago. La gente me pregunta que cómo hago tantas cosas, pero es que yo me siento muy tranquilo, no estoy estresado, lo estoy disfrutando al máximo, sobre todo ahora, que no viajamos tanto. Sí que ha habido momentos más intensos, pero cuando era más joven y tenía más energía, aunque también lo vivía con total normalidad, porque amo dejar parte de mí en otros lugares y en otros países. 

Ahora, insisto, todo está en su sitio, estamos abriendo caminos maravillosos y cada vez más importantes y, no sé, la evolución está siendo muy buena. Y, ya te digo, el equipo me permite estar tranquilo y enfocado en la creación, que es lo más importante. 

¿Qué queda del Okuda que arrancó con todo esto en Santander? ¿Qué le queda por hacer? 

¿Qué queda? La verdad es que estoy volviendo a mis raíces cada dos por tres. Por ejemplo, cuando tienes veintipico y andas en millones de cosas, y viajando constantemente, no estás tan conectado con tu familia, y ahora estoy que no paro con ella. Tenemos dos sobrinas pequeñas y agosto me lo paso entero con la familia, porque mis vacaciones son no viajar. Además, como tengo planes tan chulos durante todo el año, no me importa no hacer nada en agosto, porque me apetece estar con mi familia, aunque, bueno, al Aquasella sí que voy. 

¿Qué quiero decir? Que he vuelto a disfrutar de las cosas más básicas, que luego son las que más te dan. De hecho, con mi sobrina de un año, hacemos videollamadas todos los días desde que tiene dos meses, entonces ella no me extraña, y cada vez que ve algún mural, sabe que es de “Tito”. No te imaginas lo importante que es para los niños enseñarle imágenes y cosas; la he llevado al Guggenheim y flipaba, está conociendo de todo y está living, yo tengo algo que ver con ello y vivir eso me parece brutal. 

Lo que queda de aquel Okuda que empezó es justo todo eso, dar importancia a mi familia, a cosas tan básicas como estar con mis sobrinas, compartir espacio y tiempo con ellas –porque el tiempo es lo que más vale y, ahora mismo, que es una de mis mayores prioridades, economizo muy bien con quién lo comparto, por lo cual intento no perder el tiempo con gente que no lo merece, para que todo sea saludable y estar bien en todo momento–. Esa es la conexión con mis inicios. 

Y por hacer, me queda muchísimo. Aunque ya no lo digo tanto, yo siempre suelo decir que es ahora cuando estoy empezando a hacer cosas guapas (se ríe). Es cierto que he hecho cosas muy chulas, pero, realmente, las importantes, importantes, importantes están a punto de pasar, de verdad. No lo hemos comentado, pero este año es mi treinta aniversario como artista y estoy pensando muchas cosas alrededor de ello: varias exposiciones, un museo, una gira mundial, un libro, etc., muchas cosas que ya iréis viendo, pero, sobre todo, un show más o menos retrospectivo sobre cómo se ha ido nutriendo mi carrera y cómo algo que viene de la calle ha ido, poco a poco, digitalizándose y llevando este camino hacia el mundo virtual y hacia nuevos campos, en definitiva, un show que, ante todo, muestre toda esa evolución. 

 

* RIZOMAS es un proyecto de Pedro José Mariblanca Corrales, historiador, filósofo, periodista y unas cuantas cosas más… Con un claro guiño a la filosofía de Gilles Deleuze y Felix Guattari –en la que la heterogeneidad, la diferencia, las multiplicidades, el encuentro, la ruptura y las líneas de fuga son las principales armas para escapar del mundo que vivimos y construir posibles en él–, este ha sido concebido para conversar y aprender con las personalidades más importantes de la cultura, el saber, la ciencia y la técnica.

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© Factory of Dreams

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Patrick Thomas

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