Armamento estoico para vivir la mejor versión de tu vida

 

Si nada puede dañarte, ¿cómo iba a ser mala tu experiencia de la vida?
Marco Aurelio

Tiene mérito el estoicismo por ponerse de moda veinticuatro siglos después de su nacimiento. Jóvenes y no tan jóvenes se autoproclaman estoicos en las redes sociales. Pero el profesor de filosofía y escritor Miguel Sandín advierte: entender el estoicismo no es lo mismo que practicarlo o «ser estoico». De hecho, lo primero es relativamente sencillo. Lo segundo es difícil, además de exigente. Es algo que modifica todas las dimensiones de nuestra existencia.

Sandín arrancó el proyecto del libro La paz estoica. Herramientas para una vida excelente (Deusto, 2026) por motivos personales. Unos «hechos vitales que le hicieron buscar el rumbo». Su propósito para escribirlo puede coincidir con el de algunos lectores para leerlo: «hacer la vida más significativa, plena y alegre».

Además, al ser experto en Filosofía, podía arrojar algo de luz sobre algunos conceptos que aparecían distorsionados en el discurso colectivo. «Tiende a identificarse el estoicismo con una actitud resignada e inactiva ante las circunstancias y no hay nada más alejado de la realidad», explica.

Se trata de un libro muy práctico que concibe el estoicismo como «una brújula que nos orienta para comportarnos en el día a día de una determinada forma». Esto lo hace propicio a ser expuesto en forma de manual. Una de las características que hacen al libro más práctico y entendible es que Sandín adereza cada concepto explicado con consejos para ponerlo en práctica, comentarios sobre su utilidad en el día a día e incluso ejemplos reales de su propia vida.

Otros puntos diferenciales son que cita a pensadores no estoicos que sin embargo tienen puntos de coincidencia con lo tratado y que aporta una mirada crítica al explicar los puntos en los que el estoicismo parece contradecirse.

Brevísimo resumen de lo que es el estoicismo

El capítulo 2 de La paz estoica ayuda mucho a hacerse un mapa general de lo que es el estoicismo. El objetivo de esta escuela filosófica es conseguir la eudaimonía, nuestra mejor versión. La ruta para conseguirlo es la apatheia, que erróneamente se entiende como apatía o «carencia de emociones», pero que en realidad se refiere al dominio de las negativas, tales como la ira, el miedo, la ansiedad o la pena, a las que los estoicos consideran «enfermedades del alma». Se trata de la salud permanente del ánimo.

Probablemente el concepto más importante del estoicismo es la dicotomía del control: distinguir lo que depende de nosotros de lo que no. Lo que sí controlamos debemos tratarlo con areté (virtud). Consta de cuatro principios: coraje, serenidad, justicia y sabiduría. En torno a ellos se despliegan las herramientas del «armamento estoico», un compendio de recursos mentales para enfrentar los problemas que inevitablemente surgirán y que resumiremos a continuación.

 

Resumen del estoicismo basado en las explicaciones del libro La paz estoica, de Miguel
Sandín. Imagen generada con IA

 

La dicotomía del control

Esta dicotomía es la piedra angular del estoicismo. Se trata de distinguir lo que no depende de nosotros como las opiniones y acciones de los demás o las situaciones que ocurren a nuestro alrededor. Dedicar tiempo a estos temas equivale a perderlo. A estos asuntos los llaman «indiferentes» y puden ser de dos tipos: «preferidos» o «no preferidos». Un estoico tolera los indiferentes preferidos si llegan, pero no los
busca. Por ejemplo, la salud, la riqueza o el éxito. «Podemos influir en nuestra salud futura cuidando nuestros hábitos (eso lo puedo cambiar en parte), pero eso no nos exime de un accidente», explica Sandín.

Los indiferentes no preferidos no resultan agradables: son la pobreza, la enfermedad o la pérdida de un ser querido. Los estoicos animan a aceptar estas adversidades e interpretarlas como oportunidades de mejora. Es el famoso amor fati (el nombre lo pondría más tarde Nietzsche), la aceptación serena de lo que ocurre si no se tiene control sobre ello. Probablemente la parte más difícil de la práctica de esta doctrina.

Lo que sí depende de nosotros, y por tanto es enteramente nuestra responsabilidad, es:

● Nuestras creencias y valores
● Nuestras palabras, pensamientos y opiniones. Sobre las primeras propone
algunos consejos muy prácticos:

Consejos estoicos sobre cómo usar mejor las palabras según el libro La paz estoica de Miguel Sandín. Imagen generada con IA

● Nuestras decisiones, comportamiento y expectativas, que deben estar guiadas por la razón.

Para los estoicos, el proceso es más importante que el resultado, porque es lo que depende enteramente de nosotros.

Algunos autores destacan un tercer tipo de asuntos: aquellos sobre los que tenemos un control relativo, y los atendemos sin tener la seguridad de que el resultado será el que esperamos. Se trata de la tricotomía del control o las cosas que podemos cambiar en parte.

Virtud 1: el coraje o fortaleza (Andreia)

El coraje no es la ausencia de miedo. Es afrontar de manera resuelta las diversas circunstancias de la vida a pesar del miedo. Séneca le dijo a Nerón: «Tu poder radica en mi miedo y yo ya no tengo miedo, así que tú ya no tienes poder». Los seres humanos tendemos a crear más peligro del que existe, padecer pavor a que
las cosas no salgan bien y temer lo que los demás piensen de nosotros, por poner ejemplos de amenazas que no son reales.

También nos da miedo empezar, tomar las decisiones; porque tememos perder lo que ya tenemos. El coraje y la autodisciplina nos ayudarán a superar esas situaciones y actuar con más lucidez y determinación. Uno de los consejos para hacer gala de coraje a pesar de la pereza es el de entrenar la disciplina con atención plena. «Es hora de vivir para habitar por completo la situación en la que te encuentras ahora», dijo Epicteto, que también aseguraba que «te conviertes en aquello a lo que prestas atención».

De la atención plena (prosoché) ya había hablado Siddharta Gautama (buda) hace dos mil quinientos
años. Los estoicos la adoptaron como uno de sus principios y en el mundo occidental se puso de moda en los años 60 bajo el nombre de mindfulness. Habitar el ahora con toda nuestra atención no es fácil, pero como indica el autor, «nada valioso es gratuito».

Mark Twain coincidía con ello: «preocuparse es como pagar una deuda que no se tiene».

Virtud 2: la serenidad o templanza (Sophrosyme)

Se trata de mantener autocontrol y equilibrio ante cualquier circunstancia. Incluye controlar los impulsos y refrenar la inclinación a los placeres (aunque sin eliminarlos como los cínicos ni acumularlos como los hedonistas). La serenidad no tiene nada que ver con indiferencia o lentitud: se trata más bien de tomarse el tiempo necesario para tomar mejores decisiones. Aporta lucidez, armonía y autoconocimiento.

Los estoicos, sin los conocimientos anatómicos actuales, ya detectaron el efecto de la amígdala, y lo asemejaron a un caballo desbocado que necesitamos domar. El jinete sería el córtex, que debe fortalecerse con meditación y atención plena para responder con serenidad en lugar de vernos arrastrados por una reacción impulsiva.

La fórmula para alcanzar la serenidad pasa por el autocontrol, es decir, actuar con mesura. Otra actitud clave es el desapego tanto de cosas como de personas: los estoicos son emocionalmente independientes. No se trata de egoísmo, sino de asumir que somos lo único que depende por completo de nosotros. Con respecto al desapego material, consideran que vivir en el lujo no nos permite disfrutar de las cosas pequeñas.

El antagonista de la serenidad es la ira, que según Séneca «posee la capacidad de anular la razón». Cuando seamos víctimas de la ira, debemos respirar profundamente y tomar distancia (tanto física como cognitiva) de la fuente que la ha provocado. También es útil revisar cada noche en qué momentos del día podrías
haber actuado de forma más serena.

algunas técnicas para fortalecer el hábito de la serenidad según el libro La paz estoica. Imagen generada con IA

Dentro de la serenidad los estoicos destacan la virtud de vivir con moderación. Se trata de tener como objetivo vital la felicidad (la eudaimonía o vida plena), pero no formas concretas de que esta se materialice (como una casa, dinero o una familia).

Epicuro decía que «quien tiene muchos vicios tiene muchos amos». A diferencia de otras escuelas, no se muestran en contra de la riqueza. «Marco Aurelio era emperador y Séneca multimillonario. Lo que esta escuela propone es no necesitarla, aprender a vivir sin esos placeres», recuerda Miguel Sandín.

Los estoicos proponen realizar periódicamente «prácticas de pobreza» o de privación voluntaria tales como dormir en el suelo, ducharse con agua fría, abstenerse de mirar el móvil o hacer algo que no nos apetezca. Su objetivo es fortalecer el carácter y entrenarse para las adversidades.

Practicar la moderación es muy útil para evitar adicciones, mantener la atención en metas importantes y evitar la ansiedad que producen las expectativas. Una de las técnicas para conseguirlo es practicar de vez en cuando a ponerse en lo peor (lo llaman praemeditatio malorum) o imaginar qué diría sobre esa actitud alguien a quien admires.

Virtud 3: la justicia (Dikaiosyne)

Se trata de la obligación moral de obrar respetando los derechos de los otros y tratándolos con equidad y compasión, además de intentar mejorar el bien común. No se trata solo de respetar leyes, sino de intentar mejorar la vida de nuestros semejantes.

Los enemigos de la justicia son los impulsos egoístas y la inacción. Marco Aurelio decía: «muchas veces comete una injusticia el que nada hace». Los estoicos hablan incluso de rebelarse cuando las leyes son injustas, como hicieron desde Gandhi hasta Rosa Parks. La visión estoica prioriza la virtud y la excelencia moral. Por otro lado, la mala conducta o conducta injusta de otros no debe afectarnos, es solo un
indiferente no preferido.

Actuar con excelencia es la herramienta más eficaz para incorporar la virtud estoica de la justicia. El resumen es: «trata de ser con los demás la persona que te gustaría tener enfrente». Y, además, sin esperar nada a cambio. Aunque te perjudique.

Con respecto a la relación con los demás, los estoicos recomiendan huir de los que se quejan y buscar e su lugar personas íntegras, no culpar a los que proceden de una forma alejada del estoicismo y, de nuevo, practicar el desapego. Algunos enemigos de una conducta impecable son obsesionarse con placeres o
dolores, llevar a cabo acciones que perjudiquen la vida social, actuar según un criterio ajeno o de manera reactiva y depender de los apetitos del cuerpo.

Virtud 4: la sabiduría (Sophia / Phrónesis)

Ubicación simbólica de las diferentes virtudes estoicas en el cuerpo humano según el libro La paz estoica. Imagen generada con IA.

Las demás virtudes no funcionan sin la sabiduría, que ejerce de eje. Según Zenón de Sitio, hay varios tipos de sabiduría.

La física consiste en aceptar (amor fati) las leyes que regulan el mundo y confiar en que las desgracias traen consigo una oportunidad. La lógica tiene el propósito de comprender el pensamiento para vivir conforme a la razón y la naturaleza. En tercer lugar está la sabiduría ética, que es la que da sentido a la existencia. Se trata de buscar nuestra salud anímica para vivir una vida plena mediante la práctica de la virtud. La excelencia estoica no busca los laureles del triunfo sino una mejora continua. De nuevo no importa el resultado, sino el proceso.

Dos herramientas de sabiduría estoica son la previsión de lo peor (o cláusula de reserva) y el memento mori o la consciencia de que somos mortales. Ponerse en lo peor, aunque puede parecer una práctica pesimista, es como una vacuna que nos prepara para la vida: nos ayudará a sobrellevar lo malo y valorar más lo bueno. Ser conscientes de la muerte (o practicar la «vista de pájaro» para ver la foto completa) ayuda a tomar las mejores decisiones y enfocarse en las cosas que tendrán importancia a largo plazo.

Cuadro In Ictu Oculi, de Juan de Valdés Leal, que representa la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte.

Algunas técnicas para aplicar mejor estas herramientas son calcular la importancia que tendrá ese problema en unos días o semanas, recordar tu carácter mortal o practicar la gratitud hacia las pequeñas circunstancias que celebras tener en tu vida y, por supuesto, hacia las personas que te rodean.

¿Te animas a practicarlo?

El estoicismo moderno nació a finales del siglo XX con la idea de revisar las ideas y prácticas del estoicismo y adaptarlas a la actualidad. Según Sandín, surgió por tres motivos: el clima sociopolítico de inestabilidad actual, el hecho de que la naturaleza humana no haya variado de forma sustancial y la brillantez y
posibilidades de difusión de algunos estoicos modernos.

Entre los efectos indeseados de esta renovada fama está la trivialización de varios de sus postulados. A menudo se entiende como simple indiferencia. El autor advierte de que, en la actualidad, «un estoicismo muy mal entendido parece haberse convertido en el recurso para recuperar una virilidad maltrecha o adquirir la apariencia de una personalidad firme». En su lugar, recuerda que «el coraje como motor de la acción y la justicia como búsqueda del bienestar colectivo son preceptos fundamentales de esta escuela».

El autor acepta cualquier filosofía de vida que uno elija conscientemente, y en las páginas finales del libro explica por qué motivos el estoicismo es la que le parece preferible. «Muchos de sus planteamientos se acercan tanto al sentido común que estoy seguro de que muchas personas los aplican en sus vidas sin ser
conscientes», asegura. Por supuesto, como tantos estoicos, afirma no haber conseguido aún del todo aplicarlo.

«Hay aspectos que me resultan muy sencillos de aplicar, como la dicotomía del control o la vista de pájaro, pero otros, como la atención plena o la previsión de los peor, me resultan más complicados». Si el lector quiere animarse con esta doctrina, Sandín recomienda que practique lo que se llama el «estoicismo silencioso» para no ser blanco de burlas o sarcasmo por parte de los que le rodean.

Pero avisa: no se puede ser «un poco estoico», ya que esta doctrina no acepta medias tintas. «No se puede coquetear con algún aspecto del estoicismo que convenga ignorando los demás, porque se trata de un
proceso integral que queda cojo si solo se asumen algunos principios ignorando otros».

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Patrick Thomas

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