El abuso de tópicos y muletillas en las redes sociales

¿Quién sería el primero que escribió «un marco incomparable»? Seguro que le pareció una elección acertada, con buena sonoridad y un significado tajante. Cómo iba él a suponer que el abuso de esta expresión terminaría anulando su significado.

Utilizar un tópico, también llamado lugar común, al escribir o hablar equivale a no decir nada, o a decir muy poco en el mejor de los casos. Los ojos de los lectores y los oídos de los oyentes pasan de largo por estas construcciones demasiado trilladas. Frases como «solo se vive una vez» o «rectificar es de sabios» y asociaciones lingüísticas como «claro exponente», «oportunidad única» o «estrecha colaboración» demuestran la pobreza léxica de quien las utiliza.

En el lenguaje digital utilizado por las marcas y los particulares en las redes sociales y otros entornos web (blogs, foros…) podemos encontrar una gran cantidad de nuevos lugares comunes que se han sumado a los tradicionales.

TÓPICOS DE LAS MARCAS EN REDES SOCIALES

– Una marca comparte un evento en Facebook. ¿Qué frase no puede faltar al final de la descripción del mismo? ¡Bingo! El muy manido «¿te lo vas a perder?» o alguna de sus versiones («no te lo pierdas», «que no te lo cuenten»…)

– También es muy frecuente que las marcas apremien a sus seguidores con locuciones del tipo «¿a qué esperas para apuntarte?», «¡no esperes más!», «¿todavía no te has apuntado?», «¿ya te has registrado?» ¡Qué estrés! Profesionales del marketing: ¿de verdad pensáis que a las personas les gusta sentirse presionadas?

– Sabemos lo que es un enlace y sabemos cómo funciona. Por lo tanto, sobran frases como «descúbrelo aquí» o «toda la información a solo un clic». Una frase pertinente y llamativa seguida del enlace sería más directo y eficaz.

TÓPICOS DE LOS USUARIOS PARTICULARES EN REDES SOCIALES

– Alguien sube una foto a Instagram en la que aparece descansando, y tiene la brillante idea de titularla «el descanso del guerrero». ¡Qué original! Casi tanto como los que, ante una foto en la que salen abrigados, recurren al siempre socorrido «winter is coming».

«El gran día» deja de ser grande cuando empieza a darse cada dos por tres. «Ya queda poco para el gran día», «llegó el gran día», «mañana es el gran día»… ¿Os suena?

– Algunas de las frases exponentes del postureo son «viviendo bien», «no me puedo quejar» o «qué bien me lo monto». También está la opción de, en un alarde de ironía, poner justo lo contario: «vivo fatal», «qué mal me lo monto» o «qué vida más dura».

– Si subes una foto en la que salgas con cualquier otra persona (ya sea amigo, familiar o celebrity) y no se te ocurre pie de foto, no te preocupes. Siempre te quedará la opción de escribir, simplemente, «en buena compañía». No serás el primero.

– ¿Quieres alardear de un detalle que alguien ha tenido contigo? Opta por «regalos que te alegran el día», que así das imagen de persona agradecida. Y nunca nadie lo ha puesto antes.

– A una construcción se le puede reconocer una cierta originalidad hasta que la repiten millones de personas antes. Eso ha pasado con aquello de «tonto no, lo siguiente» (cámbiese «tonto» por cualquier otra palabra). Si alguna vez fue ingenioso utilizarlo, ya no lo es.

– Hay otros muchos lugares comunes que deberíamos sustituir por otras expresiones siempre que podamos si queremos demostrar un léxico rico: «me parto», «darlo todo»…

COMODINES, REPETICIONES Y MULETILLAS

Las palabras comodín son aquellas que, por tener varias acepciones, utilizamos demasiado, a pesar de que en muchos contextos podrían ser sustituidas por otras más exactas. Un ejemplo es la palabra «cosa»: abarca demasiado, y casi siempre que la utilizamos en una frase podríamos en realidad usar otra más concreta.

Te tengo que hablar de una cosa. –> Te tengo que hablar de un asunto.

Han traído una cosa para ti. –> Han traído un paquete para ti.

En el curso nos enseñaron muchas cosas para gestionar mejor las redes sociales. –> En el curso nos enseñaron muchas técnicas para gestionar mejor las redes sociales.

Un verbo comodín es, por ejemplo, el verbo «poner». A menudo puede sustituirse por otro más exacto:

¿Me pones una copa? –> ¿Me sirves una copa?

Pon las pelucas en sus bolsas. –> Coloca/guarda las pelucas en sus bolsas.

Las repeticiones son a veces necesarias para que un texto se entienda, pero en el caso de los textos digitales, que se caracterizan por su brevedad, conviene evitarlas. Para ello, hay que repasar los textos y sustituir las palabras repetidas por sinónimos.

Por último, las muletillas son expresiones que nos sirven para apoyarnos en ellas a la hora de elaborar nuestro discurso. A veces son útiles, sobre todo en el lenguaje oral, pero deberíamos evitarlas en la medida de lo posible en el lenguaje escrito. Dos muy frecuentes son «¿sabes?» y «¿no?» Las muletillas varían según la época. Algunas que están muy de moda en la actualidad son «en plan» o «¿Soy yo, o…?»

– Me miró muy seria. En plan «como no me hagas caso, te enteras».

– ¿Soy yo, o esa actriz se ha hecho algo en la cara?

Hay una gran cantidad de marcadores textuales que podemos elegir para enlazar las ideas de nuestra narración (además, bueno, por tanto, claro, luego, es decir, mira, por otro lado…). Tienen distintos usos (adición, aprobación, llamada…) y, si los variamos en lugar de caer siempre en los mismos, no se convertirán en muletillas.

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Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

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