Si escuchas a tus criaturas afirmar de alguien que «es la cabra», antes de dejarte llevar por la tentación de corregirlas con un «será que está como una cabra, cariño, lo has dicho mal», párate a respirar y dedica unos minutos a leer esto.
En el argot juvenil de hoy, ser la cabra es ser el mejor, la puta ama, el rey de reyes en lo suyo. Y no se admite discusión. Tómatelo como palabra de dios adolescente y di amén. Al fin y al cabo, las opiniones, ya sabes, son como los culos y para gustos, los colores.






