Por quรฉ los drones militares suelen fallar en su objetivo

VERAX
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Verax es un reportaje de investigaciรณn en formato cรณmic que explica el funcionamiento del programa de drones del ejรฉrcito de Estados Unidos y las razones de su alto porcentaje de errores. Unos fallos con trรกgicas consecuencias, provocados porque el sistema de anรกlisis de datos para determinar los objetivos es altamente defectuoso.

Hace unos dรญas, la ministra portavoz Isabel Celaรก declaraba en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que las bombas que el Gobierno de Espaรฑa habรญa vendido a Arabia Saudรญ eran ยซbombas de alta precisiรณn que no se van a equivocar matando yemenรญesยป.

El hecho es que las bombas sรญ se equivocan. O mejor dicho, por mucha informaciรณn, datos y metadatos que se tenga del conflicto, la zona y el objetivo a abatir, los responsables encargados de activar esas armas se equivocan. Aunque a la ministra le pueda resultar increรญble, es previsible que mรกs de uno y mรกs de dos civiles yemenรญes inocentes van a morir por las bombas espaรฑolas.

Verax, un cรณmic escrito por el periodista de investigaciรณn Pratap Chatterjee, dibujado por Khalil y editado por Salamandra Graphic, explica cรณmo, a pesar de su imagen de exactitud e infalibilidad, los drones y las armas activadas a distancia son muy inexactas y provocan la muerte de centenares de inocentes cada aรฑo.

Estas muertes son bien conocidas por los gobiernos que las provocan y, muy especialmente, por los soldados implicados en ellas. De hecho, muchos de esos soldados, jรณvenes de ambos sexos reciรฉn salidos del instituto, sufren trastorno de estrรฉs postraumรกtico aunque nunca hayan pisado un campo de batalla.

Una dolencia que muchos de ellos combaten ingiriendo grandes dosis de alcohol, cocaรญna, sales de baรฑo o cualquier otra sustancia que los evada de esa situaciรณn que dista mucho de ser esa guerra tecnolรณgica, superinformatizada y asรฉptica que transmiten los departamentos de prensa de ejรฉrcitos como el de Estados Unidos.

Entre los testimonios de los soldados recogidos por Chatterjee en Verax se encuentra el de Brandon Bryant, un militar destinado al programa de drones, responsable de 1.626 muertes y traumatizado por la experiencia desde que viera, a travรฉs de los monitores de televisiรณn que utilizaba para cumplir su misiรณn, cรณmo un hombre morรญa desangrado despuรฉs de que un misil disparado por รฉl le hubiera amputado las piernas.

Por su parte, Heather Linebaugh, antigua analista de imรกgenes en el programa de drones de las Fuerzas Aรฉreas de Estados Unidos, narra en el libro cรณmo a los soldados les resulta muy difรญcil determinar cuรกles son realmente los objetivos a abatir.

ยซEl vรญdeo que envรญa un dron no suele tener suficiente calidad para detectar si alguien lleva un arma, ยกni siquiera en un dรญa claro, con nubosidad limitada y una luz perfecta!ยป, afirma Linebaugh. ยซSiempre nos preguntรกbamos si matรกbamos a quien tocaba, si ponรญamos en peligro a quien no correspondรญa. Podemos decir que vemos niรฑos y que no se deberรญa disparar, pero no depende de nosotros. La cadena de mando estรก desequilibradaยป, concluye.

El equipo humano que opera los drones y ejecuta el disparo suele estar ubicado a miles de kilรณmetros del lugar en el que se produce el impacto. La decisiรณn de si se debe disparar o no depende de la decisiรณn del superior jerรกrquico, el cual la toma en base a diferentes informaciones, como esas imรกgenes defectuosas, datos analizados por algoritmos y las opiniones de distintos actores, ubicados en diferentes localizaciones y que se comunican entre sรญ a travรฉs de mensajes de chat para evitar el retardo de los satรฉlites en las transmisiones de audio. En definitiva, la decisiรณn de disparar se toma segรบn un conjunto de informaciones errรณneas, inconexas y contradictorias.

Una de las razones para que toda esa informaciรณn resulte poco eficaz es justamente el modo en que se determinan los objetivos. Como se explica Verax, el programa de drones estรก muy relacionado con las denuncias que Edward Snowden y Julian Assange realizaron sobre los mรฉtodos de espionaje de Estados Unidos y la NSA.

Segรบn las investigaciones de Wikileaks y Snowden, Estados Unidos intercepta diariamente millones de conversaciones telefรณnicas, charlas por Skype, mensajes de WhatsApp, correos electrรณnicos, fotografรญas y otros muchos materiales que suponen millones de gigabytes de informaciรณn.

El volumen de datos es de tal magnitud que es imposible realizar un anรกlisis pormenorizado, detallado y medianamente fiable de ellos. Por esa razรณn, el modo que las diferentes agencias de seguridad tienen de trabajar con esa informaciรณn es generando patrones basados en algoritmos.

Si se repiten determinadas palabras como ยซexplosivosยป en una conversaciรณn, si un grupo de automรณviles transita por una carretera en forma de caravana como si fueran un convoy militar o si un grupo de individuos disparan armas al aire, los implicados en esas acciones pasan a ser objetivos militares.

El problema surge cuando esas caravanas que parecen convoyes son sencillamente coches que se dirigen uno tras de otro a una boda o cuando esas personas que disparan al aire son dos marines, como los que fallecieron en 2011 por el ataque de un dron estadounidense.

 

Segรบn las estadรญsticas publicadas por la Administraciรณn Obama, durante su mandato se realizaron 542 ataques con drones que causaron la muerte por error a un nรบmero de personas comprendido entre los 64 y los 116 individuos. Aunque Estados Unidos nunca quiso hacerse responsable de esos fallecimientos, aprovechando ese semirreconocimiento oficial, algunos familiares de las vรญctimas exigieron que se investigase la muerte de sus parientes y se les indemnizase por ellas.

Aquellos que consiguieron su objetivo se dieron de bruces una vez mรกs con la arbitrariedad del Gobierno norteamericano: mientras que la muerte de un ciudadano italiano se compensaba con 1,2 millones de dรณlares, la de dos yemenรญes fue resuelta con la entrega de cien mil dรณlares en metรกlico en una bolsa por parte de un miembro del servicio secreto.

Los รบltimos hechos recogidos por Pratap Chatterjee en Verax son de noviembre de 2017, fecha en la que Donald Trump llegรณ a la Casa Blanca. El nuevo presidente, lejos de cuestionar el programa de drones, ha intensificado su uso respecto a su antecesor. No obstante, lo que se mantiene igual son los mรฉtodos utilizados para determinar los objetivos, lo que ha llevado a repetir errores y situaciones indeseables.

Durante la รฉpoca Obama, un dron asesinรณ por error a un joven estadounidense de 16 aรฑos que vivรญa en Yemen. Hace unos meses, ya con el gobierno Trump, otro dron matรณ a la hermana de ocho aรฑos de ese mismo muchacho. Aunque las informaciones empleadas en el primer caso eran errรณneas, no se eliminaron de las bases de datos ni fueron seรฑaladas como incorrectas. Al ser utilizadas nuevamente, volvieron a establecer a esa familia y ese lugar como objetivo.

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