En 1919, Madrid aspiraba a convertirse en una metrópoli moderna y había concluido la remodelación del primer tramo de la que más tarde sería bautizada como Gran Vía. Para entonces, el Círculo de Bellas Artes, que había sido fundado en 1880 por iniciativa de un grupo de artistas, aficionados, escritores, políticos e intelectuales como una especie de Casa de las Artes, decidió que ya era el momento de construir su sede física y qué mejor lugar para edificarla que en esa nueva avenida que estaba cambiando la fisionomía de la ciudad.
Para elegir el proyecto ganador, convocó un concurso y designó como jurado a varios de sus miembros de la sección de Arquitectura. Antonio Palacios estaba entre ellos, pero perdió su condición al presentar su propio proyecto.

La idea era construir un edificio monumental y ambicioso, con vocación urbana, cosmopolita y metropolitana. «Los concursantes tendrán en cuenta, en la disposición general del inmueble, el carácter eminentemente artístico y moderno que ha de ostentar el edificio que se destina a casa social del Círculo de Bellas Artes», se disponía en las bases del concurso. Y empezaron a presentarse los proyectos.
Entre los aspirantes, además del propio Palacios, figuraban algunos de los más importantes arquitectos de la época. En total, fueron 15 propuestas, de las que se eligieron solo tres finalistas: Zuazo y Quintanilla, Hernández Briz y Sáiz Martínez, y los Fernández Balbuena. Y ahí empezó la polémica.
El proyecto de Palacios, pese a ser uno de los más sobresalientes, fue descalificado de antemano por rebasar la altura máxima del edificio prevista en la convocatoria. Lo que no dejaba de ser sorprendente, porque otros diseños incurrían en lo mismo y, sin embargo, no fueron rechazados. Aquello causó la indignación de no pocos.

Todos los anteproyectos preseleccionados fueron expuestos durante un mes y medio en el Palacio de Exposiciones del Retiro para que tanto el público en general como los socios del Círculo y los aficionados a la arquitectura pudieran contemplarlos. En ese ínterin, los tres equipos finalistas fueron haciendo modificaciones en sus proyectos iniciales y afinándolos, pero, a pesar de ello, ninguno convenció al jurado y el concurso quedó desierto al no alcanzar la mayoría necesaria.

Para solucionarlo, se decidió que fueran ahora los socios del Círculo quienes eligieran el proyecto ganador, y, además de los tres finalistas, se permitió incorporar a la votación los que habían sido descalificados con anterioridad y quisieran una segunda oportunidad. Palacios fue uno de ellos.
La votación no dejó lugar a dudas. Su propuesta fue, ahora sí, la más votada por los socios, y Antonio Palacios se hizo cargo del proyecto a partir de 1920, que no culminó hasta 1926.

El arquitecto
Al principio de su carrera, Antonio Palacios formaba tándem con un compañero de promoción, Joaquín Otamendi. Ambos jóvenes arquitectos habían viajado por Europa y se habían empapado de las publicaciones modernistas de la época, lo que acabó marcando también el estilo de los edificios que proyectaban.
Influenciados por arquitectos como Víctor Horta, Otto Wagner y Josef Hoffman, así como por artistas de la Secession, Palacios y otros compañeros de generación adoptaron rasgos de aquellas arquitectura centroeuropea como el uso de materiales mixtos, las formas geométricas y vegetales y el empleo de las artes figurativas adaptadas a un lenguaje más moderno.

A la vez, desde Estados Unidos llegaban publicaciones que reflejaban la arquitectura norteamericana que se desarrollaba al otro lado del océano, con aquellos enormes rascacielos en Chicago, Boston y Nueva York. Los avances tecnológicos permitían ahora la edificación en altura, y aquella monumentalidad funcional, así como el uso de nuevos materiales y estructuras, dejaron su impronta en la arquitectura de Antonio Palacios.

Para cuando se convocó el concurso del Círculo, Palacios ya había destacado con edificios como el Banco Español del Río de la Plata, en la esquina de la calle Alcalá con Barquillo, y estaba trabajando en proyectos como el Edificio Matesanz, la Casa Palazuelo y la Compañía Hispano-Argentina, junto a la Puerta del Sol.

Aquellos proyectos estaban guiados por el espíritu del Regeneracionismo y los nuevos principios del higienismo, con mucha luz, mucha ventilación y una clara intención de modernizar el clasicismo.
La Casa de las Artes
El edificio que Palacios imaginó como sede del Círculo de Bellas Artes suponía un lenguaje arquitectónico renovado y simbólico, cuya principal característica era la complejidad que trataba de combinar la tradición y la memoria con la modernidad.

En la memoria del proyecto, el arquitecto se detenía pormenorizadamente en plantas, distribución, usos, funciones, ornamentación, materiales de construcción y decoración tanto pictórica como escultórica. Todo con la idea principal en su cabeza de aunar la grandiosidad arquitectónica y ornamental con la función artística y lúdica que exigía la institución.

La inauguración
Seis años duró la construcción del nuevo edificio que sería la sede fija del Círculo de Bellas Artes. El 8 de noviembre de 1926, el rey Alfonso XIII, junto con otras autoridades y personalidades del momento, inauguró aquel singular edificio ideado por Palacios. Y el primer evento programado para la ocasión fue una exposición de Ignacio Zuloaga.

Desde el primer momento, aquella Casa de las Artes albergó exposiciones, clases de pintura y dibujo, actos literarios, fiestas y conciertos, convirtiendo al Círculo de Bellas Artes en un lugar cosmopolita, comprometido con la vida moderna y sus conflictos. Había nacido el nuevo eje cultural y artístico de Madrid.

El del Círculo fue el culmen de una serie de edificios con los que Antonio Palacios contribuyó decisivamente a modernizar la ciudad y convertirla en la metrópolis con la que muchos soñaban. Ese mismo año, el arquitecto fue recibido también como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pero, con una arquitectura ya metida en proceso de cambio, Palacios solo recibió un encargo más en Madrid: el Banco Mercantil e Industrial, en la calle Alcalá.

El Círculo de Bellas Artes cumple 100 años
La historia gráfica de cómo se gestó el proyecto del icónico edificio de la Gran Vía puede verse en la exposición La Casa de las Artes. Abierta desde 1926 con la que el Círculo de Bellas Artes da el pistoletazo de salida a la programación para conmemorar su primer centenario.
En las salas en las que se distribuye se presentan planos originales, dibujos preparatorios, fotografías de época y piezas inéditas. El recorrido expositivo se detiene en algunos de los aspectos más característicos del edificio: sus innovadoras soluciones espaciales y estructurales, la monumentalidad de sus volúmenes y la cuidada integración de elementos ornamentales.

La exposición, que ha sido organizada conjuntamente con Acción Cultural Española, podrá verse hasta el 10 de mayo en la Sala Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid.






