28 enero, 2014
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El color de la ayahuasca

Por Jaled Abdelrahim

Cuenta el antropólogo colombiano Luis Eduardo Luna, director de de Wasiwaska (Centro de Investigación para el Estudio de las Plantas Psicointegradoras, Artes Visionarias, y la Conciencia), que allá por el año 82 andaba visitando la Amazonia peruana para conocer a Don Emilio Andrade Gómez, un viejo chamán habitante de la ribera del gran río experto en la planta de la ayahuasca. Sus conocimientos sobre ese vegetal alucinógeno (una planta maestra -o doctor- para la cultura oriunda), le servirían para elaborar su tesis sobre esta sustancia natural (Vegetalismo: Shamanism Among the Mestizo Population of the Peruvian Amazon, 1986) y para rodar el documental Don Emilio y sus pequeños doctores.

También la valió para oír hablar de Pablo César Amaringo Shuña (Pablo Amaringo 1938-2009), un curioso personaje habitante de la zona más pobre del pobre poblado de Pucallpa (Ucayali, Amazonia peruana) que antes había sido curandero, pintor y falsificador de billetes. Decían los nativos que Amaringo lo sabía todo de las plantas. Que su padre le enseñó cuando era pequeño e incluso que se había salvado de una enfermedad cardiaca porque un vegetalista le trató con ayahuasca.

- «¿Tú recuerdas tus alucinaciones?», le preguntó Luna a Amaringo en su primer encuentro. Por aquel entonces el artista selvático ya llevaba casi siete años sin probar el té enteogénico «porque en la última ocasión le habían traicionado los espíritus».

- Sí, respondió.

- Pues pinta lo que recuerdas, le inquirió Luna, que hoy cede en exclusiva para Yorokobu el primer dibujo sobre experiencias mentales que realizó el padre del Arte Visionario Amazónico. «Este es el germen de todos sus sucesores artísticos», argumenta antes de mostrar el viejo papel.

Primer cuadro

«Me impresionó la capacidad con la que recordaba e ilustraba en sus obras cada detalle, cada figura, cada planta, cada pájaro… de manera exacta», cuenta Luna. El antropólogo se dio cuenta de que «había descubierto una mina de oro artística».

«En el exterior, sus cuadros eran muy apreciados por sus colores, sus formas, su manera de rellenar el espacio… y porque en aquel entonces la ayahuasca era una planta muy novedosa. Conseguí vender muchos. Y en su tierra, los demás indígenas se revolucionaron porque veían en sus dibujos lo mismo que habían visualizado los que habían probado la planta». Luna lo califica como un gran descubrimiento dentro del mundo etnográfico amazónico.

«Me parecía increíble percibir cuál era la iconografía que utilizaba un hombre pobre que nunca había salido de su pueblo humilde. La misma que describían el resto de los habitantes del lugar [que habían experimentado el trance] y Pablo reflejaba con sus pinturas. Me di cuenta de que la visión del mundo que brotaba de sus mundos interiores era mucho más rica de lo que nos habíamos imaginado. Estaba llena de elementos futuristas, de ropas y vestidos imaginativos, de tonos…»

Luna, que en muchas ocasiones ha consumido la sustancia, reconoce similitudes con sus experiencias en algunos aspectos como la existencia de elementos rellenando todos los huecos de sus visiones o la magnificación del entorno, pero percibió claramente que existía un patrón común entre las alucinaciones de los oriundos amazónicos que creaba por sí solo una corriente artística.

A partir de este encuentro, vinieron seis años de estrechísima colaboración en la que estos dos enamorados del arte y las experiencias mentales, cada uno desde su ángulo, fundaron la escuela de arte Usko Ayar en Pucallpa (1988) y publicaron el libro Ayahuasca Visions: The religious iconography of a peruvian shaman. (Visiones del Ayahuasca: La iconografía religiosa de un curandero peruano -1991-).

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En el libro, se reflejan las investigaciones doctorales de Luna, la biografía de Amaringo, explicaciones sobre las plantas que aparecen en las ilustraciones y 49 ejemplos de las obras del peruano que ofrecieron al público una colorida explicación de los efectos de este vegetal, que en quechua se compone de las palabras aya ‘muerto, espíritu’ y waska ‘soga, cuerda’, ya que los pueblos nativos lo consideraban «la liana que permite que el espíritu salga del cuerpo sin que éste muera».

Usko Ayar, la escuela que crearon, fue la otra obra maestra de elaboración conjunta. «Un día le dije a Pablo que dejase pintar a Denis Rengifo, un niño que vivía con él», cuenta su antiguo compañero. Las habilidades del chico llamaron la atención de algunos de sus amiguitos. Primero tres, luego cinco. Al final al centro que inauguraron para los niños pobres de Pucallpa asistían 300 muchachos para aprender a pintar al estilo del chamán. Ese que fundaba su filosofía en la preservación de la naturaleza.

«Muchos eran muy buenos. Verdaderos artistas del Amazonas. Expusimos sus cuadros en Colombia, México, Europa, Estados Unidos, Japón… En Finlandia se acabaron todos los que llevamos. La mitad del dinero se destinaba a la escuela, y la otra mitad, a las familias de los niños», explica el cofundador. En 1998 Usko Ayar recibía el premio Global 500 Roll of Honour concedido por el programa de preservación ambiental de la ONU.

Frente a la escuela

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Healing plants

*Obras de Anderson Debernardidel, pupilo de Amaringo

«De ahí salieron valiosos artistas del arte visionario. Anderson Debernardi, uno de los cinco primeros alumnos de Pablo, ahora es un artista reconocido y ha alcanzado un nivel que para mí incluso supera al del maestro. Siempre siguiendo su estilo, eso sí. El arte amazónico, desde entonces, tiene una extraordinaria capacidad para los detalles. Pienso que es una capacidad de observación que desarrollan porque en la selva, donde hay innumerables peligros, tienen que estar muy atentos». Sinfonia chamánica

Más tarde los caminos de Luna y Amaringo se separaron. El antropólogo siguió con sus ponencias, sus exposiciones, sus seminarios, sus estudios y sus investigaciones (planea una exposición sobre experiencias con diferentes plantas y un libro en dos años), y el chamán de los pinceles siguió reflejando aquellas vivencias internas en sus lienzos consagradores de la ‘planta maestra’.

«Desde mi perspectiva, la ayahuasca, más allá de ser calificado como un ser espiritual, es un elemento extraordinario para la imaginación, o para aumentar la imaginación, un concepto que yo he bautizado como imhances imagery», culmina Luna. «Se trata de algo que nos han prohibido usar, cortando así una herramienta increíble para relacionarnos con nuestro mundo interior. Quiero decir que más que la liana de los muertos, o de las almas, estamos ante la liana e la imaginación. Amaringo lo demostró sobradamente».

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*Las que siguen a continuación son ilustraciones de Pablo Amaringo para  el libro (The Ayahusca Visions), realizado junto Howard G. Charing y Peter Clodsley.

 

Templo Sacrosanto

 

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x4Caspi-Mamam

x7Amaznica-Romantica

 

x9Huasi-Yachana

Ondas de la Ayahuasca

x99Pagoda-Dorada

Unai Shipash by Pablo Amaringo

Auca Yachai