Detrás de cada portada de la edición impresa de Yorokobu suele haber horas de café, bocetos descartados y algún que otro dolor de cabeza. Pero la de este mes tiene una energía distinta. Nace de un concurso que montamos junto al Creative Campus de la Universidad Europea para contagiarnos de esa mirada de quien tiene todo el futuro por inventar. Hubo mucha participación, el nivel