«Madre de tres hijos. Divorciada. Treinta años de experiencia como actriz de cine. Todavía con movilidad y más amable de lo que dicen los rumores. Busca empleo estable en Hollywood».
Cuesta imaginar a una leyenda del cine como Bette Davis redactando un anuncio así. Pero ocurrió. Y no en una de sus películas, sino en la vida real. Y fue precisamente ahí, en esa mezcla entre grandeza y vulnerabilidad donde Juan Mairena encontró el punto de partida de Loba. Bette Davis (una historia real), la obra que puede verse en el Teatro Fernán Gómez de Madrid hasta el próximo 21 de junio.
«La anécdota real del anuncio me sirvió para contar su historia», explica el dramaturgo y director, que llevaba tiempo interesado en una figura cuya vida parece escrita para ser representada sobre un escenario.
El origen del proyecto, sin embargo, se remonta a otro momento muy concreto. A 1989. Bette Davis acudió al Festival Internacional de Cine de San Sebastián para recoger un premio honorífico a toda su trayectoria. Le quedaban apenas unos días de vida. Moriría poco después, en París.

«La imagen de Bette Davis pronunciando el discurso de agradecimiento, sin apenas sostenerse, me llegó al alma. Al día siguiente me puse a escribir la historia de uno de los más grandes mitos del siglo XX».
Pero Loba no es una despedida ni un ejercicio de nostalgia sobre el viejo Hollywood. Tampoco un retrato biográfico al uso, sino la historia de una mujer que decidió seguir adelante cuando muchos ya habían decidido por ella que había llegado su final.

Porque, además de un icono cinematográfico, Bette Davis fue una mujer incómoda. Durante años, la industria la describió como difícil, conflictiva o demasiado exigente. Etiquetas que hoy resultan familiares. «Es normal que una mujer tan independiente y moderna como ella incomode a una sociedad machista», reflexiona Mairena. «La propia Academia de Hollywood la rechazó por su política aperturista».
Sin embargo, el dramaturgo quiso ir más allá de la imagen pública que todos conocemos. «Quería destacar cosas que muchos no sabían de ella: su generosidad y su estupendo sentido del humor. Siempre estaba bromeando».

Ese interés por mostrar a la persona detrás del mito conecta también con un asunto muy contemporáneo: la manera en que la industria cultural sigue tratando a las mujeres a medida que envejecen. El detonante, en parte, llegó de otros testimonios recientes. «Ya había escuchado a Candela Peña y a otras actrices quejarse porque no las llamaban incluso después de haber ganado el Goya. Y de algún modo quería contar esto también».
Por eso, aunque la historia se desarrolla en el universo dorado de Hollywood, habla de problemas que siguen tan vigentes hoy como el edadismo, la precariedad emocional, la violencia machista o la necesidad de seguir demostrando constantemente el propio valor.
«Bette Davis fue una mujer que sufrió violencia de género. Se enamoraba con frecuencia del hombre equivocado. Su única ambición fue siempre hacer una carrera digna, interpretando personajes hasta el final de su vida. Y lo consiguió».
Quizá por eso el título resulte tan acertado. La palabra loba parece condensar todas sus contradicciones: una mujer feroz y vulnerable al mismo tiempo. «Fue una serie de coincidencias. En España la llamaban Loba, y hasta su médico llegó a decir que era una especie de loba, que busca al perfecto compañero y, al mismo tiempo, tiene una independencia feroz».
Construir esa voz sobre el escenario tampoco fue un proceso sencillo. Al fin y al cabo, Bette Davis es uno de esos personajes que todos creemos conocer. Pero Mairena lo consiguió: «Lo primero es encontrar esa voz. Cuando la has encontrado y se instala en tu cabeza, lo demás es fácil. Pero para ello tienes que ver muchas películas, entrevistas, documentales…».

Y después llega el momento de cederle el cuerpo a otra persona. En este caso, a la actriz Mélida Molina, sobre quien recae todo el peso de la función. «Recae todo. Tardé varios años en encontrar actriz para ese personaje, pero en cuanto la vi, supe que era ella».
La relación entre documentación y ficción también acaba desdibujándose. En el caso de Mairena, ambos procesos suceden a la vez. «No paso primero por un proceso de documentación y luego escribo. Desde el primer día estoy escribiendo y documentándome. Y así hasta el final». Quizá eso explique por qué, después de cuatro años de representaciones, el autor habla de Bette Davis como si fuera alguien que continúa acompañándole.
«Al final ha sido como tener a Bette Davis en casa. Hablamos con ella, le rezamos, celebramos con ella todas las cosas y siempre nos sonríe». Y aunque muchos espectadores acuden atraídos por el nombre de una leyenda del cine, otros, especialmente los más jóvenes, llegan sin conocerla. Da igual. La historia termina encontrando su camino.
Porque en el fondo Loba no habla de una estrella de Hollywood. Habla de algo mucho más reconocible: la determinación de una persona que se niega a desaparecer. Después de tanto tiempo conviviendo con ella, Mairena se queda con una única enseñanza. «Lo importante que es la perseverancia si quieres que tus sueños se hagan realidad».






