Del gris al naranja flúor: la artista que inunda de color los teatros más rígidos de España

Marta Pazos

Marta Pazos no es solo una escenógrafa o una directora de escena, es una artista visual que utiliza el escenario como un lienzo de tres dimensiones. En su reciente ponencia en el Día C, del Club de Creatividad, abrió su pantonera personal, un viaje emocional y cromático que explica por qué hoy es la mujer que está rompiendo los techos de cristal (y los muros de carga) de las instituciones culturales más rígidas de España.

Nacida en 1976, Pazos creció en una España de transición, uniformes escolares grises y televisores en blanco y negro. Su historia es la de una niña que miraba por la ventana de un barrio obrero en Pontevedra y veía cómo el gris del hormigón devoraba el verde de las fincas. Solo alguien que ha sentido esa herida visual podía proponerse un reto tan arriesgado como el que define su carrera: expulsar la oscuridad del teatro para inundarlo de un color que se siente en el estómago.

Marta Pazos
Carlos Dossena. ‘El público’

Pero retrocedamos en el tiempo. Su vocación no nació en un museo, sino observando las hormigoneras. «Desarrollé una querencia por la arquitectura y los procesos. Me fascinaba ver cómo de la nada se levantaba un edificio», explica.

Marta Pazos
Bárbara Sánchez Palomero. ‘Orlando’

Esa fascinación por la construcción la llevó a Bellas Artes, empujada por una madre visionaria. Allí, el descubrimiento de mujeres artistas como Ana Mendieta, Marina Abramović o Yoko Ono le confirmó que había elegido el buen camino. Entendió que el arte no era solo técnica, sino un «conocimiento situado», que consistía en hablar desde el cuerpo, desde la experiencia propia y, sobre todo, desde lo femenino.

Marta Pazos
Hans Gerritsen. ‘Promises’

Marta Pazos era pintora. Tenía su estudio, sus óleos y un futuro trazado. Pero su cuerpo dijo no. En un acto de fe absoluta en su intuición, cerró el estudio, rechazó las oposiciones que le proponía su madre y fundó una compañía de teatro con 23 años y 10.000 pesetas.

Marta Pazos
Carlos Dossena. ‘El público’

Del caballete al cabaret

Durante una década trabajó en la sombra (y en negro, literalmente), haciendo cabaret en bares y reinvirtiendo lo que ganaba en televisión para producir sus propias obras. Hasta que en 2016, en el Teatro Colón de A Coruña, sucedió el milagro: le dejaron un teatro durante un mes para ensayar. Allí, aplicando su mirada de pintora, empezó a limpiar la escena, a quitar lo accesorio hasta quedarse con el color puro.

Marta Pazos
Carlos Dossena. ‘El público’

Una periodista escribió: «Marta Pazos destierra el negro de la caja escénica». Ella, lejos de amedrentarse, lo tomó como un desafío personal. «Dije: “¿Ah, sí? Pues ahora verás”». Desde entonces, sus montajes son experiencias inmersivas donde el espectador, esté en la fila 7 o en el paraíso (el gallinero), se ve envuelto en una atmósfera cromática total. Empezó con el naranja flúor. Para Comedia sin título, de Lorca, agotó toda la pintura naranja de la Comunidad de Madrid para crear una caja imposible.

Marta Pazos
Carlos Dossena. ‘El público’

Luego vino el azul Klein. Para El público, también de Lorca, reprodujo los pasillos del teatro a escala 1:1, convirtiendo lo íntimo en un espacio magnético. Y siguió con el verde liquen. Para Alexina B., en el Liceu, rescató la historia de la primera persona intersex con un verde que evocaba el campo y los diarios escritos en los márgenes de la historia.

Marta Pazos
Carlos Dossena. ‘El público’

Empoderada

El trabajo de Pazos tiene una carga política profunda. Su puesta en escena de Safo en el Festival de Mérida no solo fue un despliegue de belleza (envolviendo el teatro romano al estilo de Christo y Jeanne-Claude), sino un acto de justicia poética. Marta se niega a aceptar la versión de la historia que vincula a las mujeres genios con el suicidio o la tormenta. Su Safo fue plena, rica y poderosa.

Marta Pazos
David Ruano. ‘Safo’

Hoy, Marta sigue operando desde la periferia, en su estudio amarillo de Santiago de Compostela. Un espacio que ella describe como una «linterna mágica» donde dirige óperas sin saber leer partituras, pintando cuadros abstractos para conectar con la energía de la música antes de que los actores pisen las tablas.

Marta Pazos
Hans Gerritsen. ‘Promises’

Para ella el color no es decoración, sino un lenguaje de fe. Es la herramienta con la que ha conseguido que el público se olvide de sus problemas, conecte el cerebro con el corazón y se atreva a mirar el mundo, por fin, a todo color.

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