Seguro que has recalado en alguno de esos vídeos en los que alguien se coloca frente a la cámara, bajo luz natural, mientras otra persona le acerca distintas telas al rostro. Azul eléctrico. Verde oliva. Mostaza. Fucsia… Y entonces llega el diagnóstico: «No eres invierno profundo. Eres otoño suave». Ocurre en el momento en el que parece que algo cambia. La piel parece más luminosa.