Manual para estirar un verano

El verano tiene la curiosa capacidad de estirar el tiempo. Aunque, en realidad, no tiene más horas que el invierno. Lo que cambia es nuestra forma de vivirlas. El psicólogo alemán Marc Wittmann lleva años tratando de responder por qué hay épocas que, al recordarlas, parecen haber durado más que otras. Su conclusión hasta la fecha es sencilla: el tiempo se expande cuando rompemos la rutina y cuando vivimos experiencias que merecen ser recordadas.

Quizá por eso los veranos siempre parecen más largos de lo que realmente fueron. No porque el calendario haga una excepción durante estas semanas, sino porque, entre el calor, las vacaciones —para quien las tenga— y un ritmo menos acelerado, volvemos a hacer cosas que el resto del año parecen un lujo: alargar una sobremesa, dormir —más— siestas, quedarnos mirando el mar sin ningún objetivo concreto. O leer.

Y con todo lo que eso supone. Porque la capacidad de evasión de la lectura no es solo una sensación. Una investigación dirigida por el neuropsicólogo David Lewis, de Mindlab International, concluyó que bastan unos minutos de lectura para reducir significativamente los niveles de estrés. En sus pruebas, leer resultó más eficaz que escuchar música o pasear por la naturaleza.

No es casualidad, tampoco, que, precisamente, tantas novelas inolvidables transcurran durante un verano. Desde El talento de Mr. Ripley hasta Call Me by Your Name, esta estación siempre ha sido el escenario perfecto para las historias que transforman a sus personajes. El verano suspende las normas y altera los horarios, lo que propicia esa sensación de disponer de más tiempo.

 

Quizá por eso el verano sigue siendo la estación natural de la lectura. No porque aparezcan más libros —eso ocurre todo el año—, sino porque aparecen más lectores. Lectores con tiempo para detenerse en las historias, pero también para desviarse.

Esa ha sido siempre una de las virtudes de las revistas. Porque solemos abrirlas sin un objetivo claro, las hojeamos, saltamos de una historia a otra. Y muchas veces terminamos interesándonos por algo que jamás se nos hubiera ocurrido buscar.

Eso es lo que nos gustaría que ocurriera con este Yorokobu de verano. Que lo abras por cualquier página. Que descubras una idea inesperada. Que una historia te lleve a otra. Y que, durante un rato, consigas despreocuparte por lo que ocurre en una pantalla.

Lo mejor es que cuando llegue septiembre este número seguirá siendo igual de interesante. Porque las noticias caducan, pero las buenas historias, no.

Así que busca una sombra, una tumbona, una hamaca o cualquier rincón donde el calor dé una tregua. Nosotros ponemos las historias. El tiempo lo pones tú.

 

 

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Sobre nosotros

Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

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